Cronomicón

Zvyagintsev utiliza el pretexto del pecado bíblico de la infidelidad para trazar un paralelismo brillante y devastador con la guerra contra Ucrania y el contexto sociopolítico actual de su país

El laberinto de la traición: Zvyagintsev equipara la ruina matrimonial con la guerra en ‘Minotaur

Minotaur

¿Qué tan malas pueden ser las mujeres? Es una interrogante cruda, una bendición que en muchas ocasiones resuena como maldición. Pero para ser brutalmente honestos, el abismo de la traición no tiene género; cualquiera, hombre o mujer, puede sucumbir al espejismo de la infidelidad cuando la insatisfacción devora el alma. Sin embargo, en manos de un gigante del cine contemporáneo, esta premisa no se queda en un simple melodrama de alcoba. Transmitiendo directamente desde la Riviera Francesa, con la brisa de Mandelieu-La Napoule y la efervescencia de la Croisette de fondo en esta edición 79 del Festival de Cannes, hoy nos adentramos en la Selección Oficial en Competencia para hablar de Minotaur. El aclamado director ruso Andrey Zvyagintsev —autor de obras maestras como Leviatán y Sin amor (Loveless)— regresa para entregarnos un relato asfixiante sobre faltas de confianza, donde el amor y la verdad, por más que se entreguen, a veces simplemente no bastan.

El guion, afilado y coescrito por el propio Zvyagintsev en su habitual mancuerna con Oleg Negin, nos presenta a Galina, una mujer que aparentemente lo tiene todo. Atrapada en lo que desde afuera parece un matrimonio de cuento de hadas, Galina comparte su vida con un exitoso empresario transportista en la Rusia contemporánea de Vladimir Putin. Tienen un hijo que está creciendo, estabilidad económica y un estatus privilegiado. Pero el ser humano es complejo, y Galina siente que merece más; anhela ser la verdadera protagonista de su propia historia. Esa insatisfacción la empuja a buscar una salida, a tomarse unas “fotos muy especiales” y, eventualmente, a encontrar un nuevo amor en la clandestinidad. Alguien que la satisface en los rincones donde su marido ha dejado vacíos. A través de estas decisiones, Galina pierde irremediablemente el control de su vida, arrastrando a su familia hacia la destrucción.

Lo verdaderamente magistral de Minotaur, y lo que provocó un silencio sepulcral seguido de una ovación de pie en el Gran Teatro Lumière, es el subtexto político. Zvyagintsev utiliza el pretexto del pecado bíblico de la infidelidad para trazar un paralelismo brillante y devastador con la guerra contra Ucrania y el contexto sociopolítico actual de su país. El deterioro del matrimonio de Galina no es otra cosa que el reflejo de la descomposición social de una nación. Así como un hogar se desmorona por la falta de comunicación, la deslealtad y el egoísmo, Zvyagintsev nos sugiere que las guerras estallan por los mismos principios de ceguera y arrogancia. Es una radiografía de cómo las trincheras se cavan primero en el lecho conyugal antes de trasladarse a las fronteras de un país.

Esta proeza narrativa se sostiene gracias a una dirección de actores de un nivel superlativo. Zvyagintsev es un maestro para desnudar a sus personajes, mostrándonos que en la vida real no hay héroes inmaculados ni villanos unidimensionales. El texto es mordaz y profundamente honesto: Galina es una mujer con tantas virtudes como defectos, y lo mismo ocurre con su esposo, el “buen empresario ruso”. Todos cargan con culpas, todos son responsables del naufragio y, al mismo tiempo, todos poseen rasgos de redención. La cámara del director nos obliga a mirar esos claroscuros con incomodidad, recordándonos por qué se ha consolidado como uno de los autores más importantes de nuestro tiempo, creando un cine que escudriña con bisturí antropológico la moral de la Rusia de hoy.

Minotaur es, indiscutiblemente, una de las grandes Joyas de esta edición. Una candidata feroz, robusta y necesaria para llevarse la Palma de Oro, o al menos uno de los grandes premios del palmarés de este año. El cine de Zvyagintsev es un recordatorio de que a veces es mejor no enamorarse ciegamente, de que la confianza es un cristal muy frágil y de que las verdaderas guerras siempre comienzan en casa.

Lo más relevante en México