Hay artistas que buscan escapar del lugar donde nacieron. Jorge Abundis decidió regresar a él una y otra vez, aunque fuera desde la pintura.

Abundis pinta la ciudad que vive
Su obra explota en color antes de contar una historia. Los cuadros parecen desbordarse del marco: personajes urbanos, templos, motocicletas, manifestaciones, tiendas comerciales, castillos de pirotecnia, charros suspendidos sobre la ciudad y hasta una torta ahogada convertida en símbolo cotidiano. Todo aparece al mismo tiempo, como si Guadalajara pudiera verse de un solo golpe.
Abundis nació en Guadalajara, creció entre la ciudad y Estados Unidos y lleva más de una década dedicado profesionalmente a la pintura. Estudió arte y posteriormente cursó una maestría en pintura, pero lejos de encerrarse en una sola línea estética, decidió moverse entre distintos lenguajes.
“No me gusta mantener la idea del artista con un solo estilo. Me interesa jugar con varios caminos”.
Esa búsqueda se refleja en dos grandes líneas de trabajo. Una más abstracta, vinculada al folclor visual de Guadalajara, Tonalá, Santa Rosa y los pueblos que rodean la ciudad; otra, profundamente narrativa, reunida en una serie llamada Postales de Guadalajara, donde escenas personales se transforman en imágenes cargadas de símbolos.
Un robo en la calle se vuelve pintura. El cierre de carreteras hacia Ixtlahuacán del Río aparece convertido en composición visual. Un altar religioso muta y deja aparecer un Santiago vestido de charro observando la ciudad.
En todas las piezas hay una constante: el color.
“Vivimos en una época donde parece que todo le tiene miedo al color. Pero sales a Santa Tere o recorres Guadalajara y estamos rodeados de color. Para mí era importante reflejar eso”.
Su pintura invade el cuadro como invade la ciudad, tal cual, y sin pedir permiso… porque no lo necesita. Lo que aparece en sus piezas no son postales ni estampas idealizadas: son fragmentos que normalmente (de tan cotidianos) pasan desapercibidos y que, reunidos bajo su mirada, adquieren otra dimensión.
Un templo puede dialogar con una tienda de esquina, una menudería o puesto de tacos, una motocicleta con un gesto religioso, un nopal, un árbol o un garrafón al fondo. Todo convive en una misma superficie hasta construir una escena que no busca ordenarse, sino revelarse. Ahí donde parecería haber saturación, Abundis encuentra ritmo; donde hay rutina, encuentra imágenes que permanecen.

Ixtla: un bastión del arte independiente
Entrar a Ixtla tiene algo de descubrimiento.
No funciona como una galería convencional ni pretende hacerlo. Tampoco es solamente un estudio. El lugar opera como una zona intermedia donde se trabaja, se exhibe y se piensa el arte desde otro ritmo.
El nombre viene de Ixtlahuacán del Río, el pueblo del que proviene la familia de Abundis y que aparece constantemente como referencia emocional y visual en su trabajo.
“Pensé que era un buen nombre para conectar con el pueblo”.
Con apenas dos años de existencia, el espacio ha realizado estudios abiertos y algunas exposiciones puntuales, pero la intención es crecer sin perder el carácter íntimo que lo define.
Abundis habla de una necesidad que detecta en Guadalajara: generar espacios más cercanos, menos condicionados por la lógica del posicionamiento y más abiertos al encuentro con artistas que todavía trabajan desde la exploración.
“No me interesa tanto que todo sea branding. Me gusta que sea un lugar donde todavía puedas sorprenderte y venir a ver arte”.
La propuesta de Ixtla también cuestiona ciertas tendencias del circuito contemporáneo.
Aquí hay una defensa abierta de la pintura, el dibujo y los procesos manuales, sin cerrar la puerta a otras disciplinas.
La idea incluso contempla abrir futuras residencias para artistas.
Del otro lado del estudio existe un espacio vacío que hoy sirve para documentar obra, pero que Abundis imagina ocupado por alguien más creando.
En una ciudad que vive un crecimiento acelerado de espacios culturales, lugares como Ixtla aparecen como pequeños bastiones del arte independiente: sitios que permiten equivocarse, experimentar y mostrar trabajo sin las exigencias inmediatas del mercado.

“Pericos” entre memoria y afectos
La conversación ocurrió durante la inauguración de “Pericos: Fragmentos de un Diario Visual”, exposición del artista Adrián Abundis, primo de Jorge.
La muestra convierte la palabra “perico” en un territorio de asociaciones personales, memoria y observación social.

Según el texto curatorial, la serie parte del recuerdo de un viaje y de un personaje cuya relación con la sustancia terminó convirtiéndose en una narrativa propia. A partir de ahí, Adrián construye escenas donde el retrato evoluciona hacia una recolección de imágenes cotidianas.
La técnica mezcla acrílico con barro para generar superficies densas donde aparecen olores, rastros y recuerdos convertidos en materia.
Entre pericos que escapan de jaulas, interiores domésticos y personajes suspendidos entre lo familiar y lo incómodo, la exposición propone recorrer un diario visual fragmentado.

Y quizá ahí está también el vínculo con Ixtla.
Porque tanto el espacio como la obra parten de la misma idea: mirar lo cercano con suficiente atención hasta descubrir que ahí, entre lo cotidiano, todavía existe algo que vale la pena ver.
DATO
IXTLA (Galería de arte y estudio) se ubica en Av. Enrique Díaz de León Norte 91, Col. Americana, Guadalajara.