Mientras afuera el Mundial sigue marcando el ritmo de la ciudad y miles de aficionados convierten cada jornada en una celebración colectiva, dentro del Conjunto Santander de Artes Escénicas ocurrió otro encuentro entre España y Guadalajara: uno construido desde la zarzuela, la memoria y el aplauso.

Plácido Domingo regresó a la ciudad y lo hizo desde un territorio que conoce bien. No fue una visita cualquiera ni un concierto convencional: fue una noche levantada sobre un género que forma parte de su historia artística y familiar.
El contexto también tenía memoria reciente. El año pasado, Guadalajara fue escenario del regreso de "El Orgullo de Jalisco", zarzuela de Federico Moreno Torroba presentada en el Teatro Degollado y recuperada para una nueva generación de espectadores. Aquella función marcó el reencuentro del cantante con una obra especialmente significativa, creada originalmente para su madre, la soprano Pepita Embil.
Ahora, la historia continuó en otro escenario.
La gala en el Conjunto Santander abrió con repertorio español y encontró uno de sus momentos más luminosos con la participación de la soprano jalisciense Anabel de la Mora, quien interpretó la “Canción de Paloma”, de El barberillo de Lavapiés, con soltura, gracia escénica y una conexión inmediata con el público.
Después llegó el bloque dedicado a Luisa Fernanda, también de Federico Moreno Torroba, considerado uno de los momentos centrales de la primera parte. Domingo interpretó “Luche la fe por el triunfo” con una lectura serena y reflexiva, mientras Velázquez asumió “De este apacible rincón de Madrid” con elegancia melódica.
La escena creció con “La mazurca de las sombrillas”, donde el coro amplió el espacio sonoro y convirtió el teatro en una celebración colectiva.
Más adelante, Domingo y De la Mora compartieron “En mi tierra extremeña”, uno de los momentos más cálidos de la noche.
La segunda parte cambió el tono y acercó el repertorio a la identidad local.
“El Orgullo de Jalisco” tomó el escenario y recordó por qué esta obra encontró una resonancia especial en Guadalajara. La obertura dio paso a “El amor de las casadas”, en voz de De la Mora, mientras el barítono Carlos López interpretó “Soy el charro de Jalisco”, aportando presencia teatral y carácter.
Junto con De la Mora volvió después en el “Dúo de Cristina y Paco” y en “Uy ta ra la la”, piezas que encontraron uno de los puntos más equilibrados de toda la gala.
Y entonces regresó Plácido Domingo para uno de los momentos más celebrados.
Con “Ojos Tapatíos”, el concierto dejó por un instante la solemnidad lírica y entró en una dimensión emocional distinta: la de un artista internacional abrazando el imaginario musical de una ciudad que estos días también vive un momento de encuentro global gracias al Mundial.
La parte final terminó de borrar cualquier frontera entre zarzuela y fiesta popular.
Vestido de charro y acompañado por el Mariachi Nuevo Tecalitlán Femenil, Domingo llevó el cierre hacia “Paloma querida”, “Ella”, “Serenata tapatía” y finalmente “El Rey”, cantado prácticamente con toda la sala.
Participaron además la Orquesta Sinfónica para la Escena, la Orquesta Típica de Jalisco, la Banda de Música del Estado, el Estudio de Ópera de Jalisco, el Coro BOCA, el Coro TEC, niñas y niños de ECOS y el Mariachi Nuevo Tecalitlán Femenil.
La respuesta fue una ovación larga y sostenida, como si Guadalajara reconociera no sólo a una figura internacional, sino a un artista que vuelve una y otra vez a una ciudad donde la zarzuela sigue encontrando casa.
Numeralia
• 1,600 asistentes
• 99 músicos
• 50 voces de coros y ensambles
• 4 voces solistas
En una ciudad tomada por camisetas, banderas y visitantes del mundo, el Conjunto Santander recordó que también hay encuentros memorables fuera de la cancha.