Por aquellos tiempos del Xiuhpohualli en los antiguos territorios de él después nombrado Valle de Atemajac, existió un gobernante llamado Techistemoc Chichiltic “El Colorado” apodado así por los peninsulares, que vivía maravillado por las artes del siglo XVI europeo, pues siempre se sintió diferente a los suyos, tenía un espíritu valiente, luchaba por destacar pues en aquellos tiempos no se le decía meritocracia a la necesidad de agradar. Y Techistemoc se ganaba la vida de ese modo.

Aunque no se conocen los detalles de la economía de Techistemoc, era natural para él ser un administrador, racionaba los alimentos semanales de manera precisa… casi siempre, pues como todo héroe y villano, tenía un punto débil.
“…—A los muchachos que van conmigo en la prepa también nos pasa siempre que nos acabamos el dinero de la semana en la peda... De hecho tenemos un pequeño fondo de ahorro para esas ocasiones. Le abonamos un peso diario. El Zope es el que guarda la feria”.

Total que estaban en pulquiza total cuando Techistemoc tuvo una epifanía. Una imagen surrealista, hedonista, progresista, clasista, elitista… y demagoga al mismo tiempo. Una competencia con la pelota de caucho. La fiebre es contagiosa.
Techistemoc llamó a unos marineros disidentes que tenían instrumentos para tocar música y les pagó 3 monedas de oro. —Techistemoc, no lo hagas! Los españoles le dijeron, pero así fue como el sentimiento le ganó a la sensatez. Su actuar fue muy apresurado decían los viajantes, con un dejo de desconfianza.

Al día siguiente de la gran fiesta “El Colorado” despertaba con el velocímetro averiado, y como él era el guía, los viajantes lo despertaron para seguir con la travesía. Cinco de la mañana y teniendo que partir a cumplir con su misión que era recibir al Rey de España en el crucero del antiguo camino de Tuxtepec, donde habían preparado una recepción para él, y donde tocaría el trío de franceses disidentes con su tuba y acordeón, que ya eran parte del convoy.
Techistemoc nunca había visto al rey, pues no había fotos ni internet, pero cuando lo vio por primera vez, le pareció un gigante! —Tan gallardo caballero, el sí tiene clase. —Pensaba Techis.

El caballerango del grupo se llamaba Efrén Quintero, y no era la primera vez que le advertía a Temoc que ya no había agua para los caballos y que no debían andar al sol, y Temoc lo sabía.
A una hora del alba Temoc recién se había acostado, y así nació el primer meme, uno que trascendió el tiempo y aún está vigente en nuestros días: “No debí haber hecho eso”.
El secretarío personal, Zibacná González Caquix y su esposa Analinka (esposa de Techistemoc), estaban pendientes de lo que estaba ocurriendo, y como dijo León, “entre pestañas” pensaron en una solución al problema.

Después de la inyección de adrenalina el caballo “Valeroso” estaba listo para ganar la carrera.
- Son intereses muy fuertes los que aquí se manejan. Advirtió Oslo Van Müller.
- ¡¡Pero papá…!! Pobrecito Vale se va a morir con esas inyecciones! Sollozaba Ángela, su pequeña hija.
- ¡¡Retírate!! Le gritó Oslo amorosamente…
RRKKYYG, 2026