¿Por qué tener un hijo? Se preguntan las nuevas generaciones. Salen caros, son una mala inversión y resultan un obstáculo para la realización de mis metas profesionales o laborales. Mejor tener un perro o, mejor aún, un gato.
Habría que aclarar que las mascotas distan de ser económicas: también generan considerables gastos. Hay que llevarlas con regularidad al veterinario, comprarles juguetes (para que no destruyan la casa), vacunarlas… Algunos dueños, de bolsillos más alegres y generosos, incluso pagan paseadores de perros y estéticas caninas. Todo sea por consentir a su querido cuadrúpedo. Atender bien a una mascota puede resultar oneroso.

Llevamos décadas alarmados por la profecía tecnocientífica de que las máquinas nos van a reemplazar. Un profeta optimista de la automatización absoluta es Elon Musk. El dueño de Tesla y hombre más rico del mundo vaticina que los androides —robots humanoides— invadirán nuestra cotidianidad en un plazo de cinco años. Él y los fabricantes chinos lucrarán con el mercado global de los autómatas. Las mascotas tampoco están a salvo de este tránsito hacia la robotización extrema de nuestras vidas.
En la película Inteligencia Artificial, de Steven Spielberg, el protagonista es un androide con apariencia de niño, ideado para satisfacer las necesidades afectivas de parejas sin hijos. Contradiciendo a Musk, quizá todavía falten algunos años para que ese niño autómata llegue a nuestros hogares. Lo que ya está a la venta, procedente de China, Corea y Japón, son mascotas tanto virtuales como electrónicas. Tu hijo te pide un perrito… Quizá te resulte más económico y requiera menos cuidados un robot, como el noventero Furby, aunque con tecnología del siglo XXI. También los hay totalmente digitales, como los extintos Tamagotchi.

Hay para escoger, y los grandes emporios tecnológicos asiáticos ya compiten por un mercado global de mascotas artificiales. Así como existen distintas gamas de teléfonos celulares, también las hay de estos compañeros electrónicos. Los modelos más sofisticados ofrecen la experiencia completa de brindarles ciertos cuidados y dedicarles tiempo —todo programable a conveniencia del usuario, sin largas horas de entrenamiento animal—. Aprenden tus horarios, perciben tus estados de ánimo a partir de cambios en el tono de voz, registran recuerdos en un diario digital e incluso simulan emociones como el cariño, sin dejarte empapado en baba.
Para quienes necesitan el contacto físico como expresión afectiva, nada mejor que un peluche inteligente. A finales de 2025, Huawei lanzó el Smart Hanhan —más conocido como Smart Silly en algunas tiendas en línea—. Este pequeño juguete, de apenas 80 × 68 × 82 milímetros y un peso de 140 gramos, se agotó apenas fue puesto a la venta en Huawei Mall.
El peludito y esférico Smart Hanhan podría catalogarse como un gadget de alta gama. Opera con la inteligencia artificial Xiaoyi, gracias a la cual puede sostener conversaciones naturales y fluidas con sus usuarios, interpretar sus emociones y registrar los recuerdos de las conversaciones diarias. Puede conectarse a un smartphone con sistema HarmonyOS 5.0 o superior.
Toda esta tecnología cuesta apenas 399 yuanes, aproximadamente entre 50 y 55 dólares. Más barato que muchos Labubu. Su batería de 1,800 mAh le proporciona entre seis y ocho horas de uso continuo. Además, responde al tacto cambiando su expresión cuando es acariciado.

¿Quieres una experiencia afectiva todavía más intensa? El mercado de las mascotas electrónicas está dispuesto a complacerte. En el Mobile World Congress (MWC) de Barcelona, la marca ZTE destacó con su modelo iMoochi por ofrecer una interacción mucho más cercana a la que puede brindar una mascota viva. Equipado con sensores táctiles, responde a las caricias reproduciendo sonidos de felicidad, moviendo la cola, bostezando cuando tiene sueño y, lo más tierno, reaccionando cuando se le lanza al aire y queda suspendido por unos instantes. Además, es altamente coleccionable: existen doce modelos, uno por cada signo zodiacal, cuya personalidad está determinada precisamente por su signo.
Compitiendo directamente con los Labubu, ya salió al mercado, durante este 2026, Mirumi, otra mullida mascota electrónica diseñada por Yukai Engineering, una startup de robótica con sede en Tokio. También de pequeñas dimensiones, este robot-amuleto está pensado para llevarse colgado del bolso como accesorio. Su precio también resulta competitivo: alrededor de 114 dólares. Al igual que iMoochi, incorpora sensores que le permiten reaccionar cuando se le acaricia la cabeza y escuchar lo que ocurre a su alrededor mediante sensores de sonido integrados en su cuerpo.
Toda esta información sensorial es procesada por un pequeño chip interno que activa diversos motores para que el muñeco se mueva de forma natural. Diseñado para cautivar, la compañía japonesa lo describe en su sitio oficial como “un robot amuleto que gira la cabeza con una mirada tímida y curiosa en respuesta al sonido o al tacto, o incluso por sí solo, brindando una sacudida de alegría para ti y para cualquiera que esté cerca”. Incluso puede adquirirse en plataformas como Mercado Libre por alrededor de mil pesos mexicanos.
Todavía estas mascotas robotizadas están lejos de reemplazar a las de carne y hueso; sin embargo, la tecnología avanza con paso inexorable y quizá lo logren en algunos años.

Quienes sí enfrentarán una dura competencia serán los tradicionales peluches. ¿Qué hace tu peluche? Pues solo se me queda viendo. Qué limitado. En cambio, mi Smart Hanhan conversa conmigo. Compré un iMoochi o un Mirumi y, ¿qué crees?, hacen gestos y les gusta que los acaricien. El mundo de los juguetes está por revolucionarse. El de las mascotas también, aunque tardará un poco más.
Pronto diremos que el mejor amigo del hombre ya no será el perro, sino el robot. Vaya paradoja: un ser artificial, no vivo, programado para ser servilmente complaciente. Cuidar e interactuar con un ser vivo como nosotros nos conecta con la vida y con su grandeza. ¿Con qué nos conecta un peluche robotizado, un autómata que finge sentir, que finge quererme?