Hay bandas que hacen música y otras que, con el paso de los años, terminan convirtiéndose en parte de la memoria musical de una ciudad. La Celestina pertenece a ese segundo grupo. Más de dos décadas después de comenzar su recorrido, la agrupación tapatía continúa defendiendo el reggae desde Guadalajara, pero también explorando sus posibilidades a través del world beat, el rap, el hip hop, la cumbia y otros sonidos que le permiten mantenerse en movimiento.
La Celestina presenta “Estamos Vivos”, un álbum que, más allá de su título, funciona como una declaración de principios: la banda sigue aquí, creando, tocando y buscando nuevas formas de encontrarse con su público.
El concierto también reunirá a Huarache y Color Hermano, en una noche que apuesta por el encuentro entre distintas generaciones de la escena musical tapatía. La historia de La Celestina está ligada precisamente a ese tránsito entre generaciones. Desde aquellos años en los que el reggae encontraba refugio en bares y espacios culturales de Guadalajara, hasta una época dominada por las plataformas digitales, los videos cortos y un consumo musical cada vez más acelerado, la banda ha tenido que aprender a adaptarse sin perder su identidad.
Alfie, vocalista de La Celestina, habla de ese recorrido, de la dificultad de hacer música independiente en México, de la necesidad de evolucionar un género que lleva décadas sonando y de los retos que implica mantenerse vigente cuando una canción puede vivir apenas unas semanas antes de ser desplazada por la siguiente.

— ¿Qué recuerdas de cuando iniciaste con La Celestina?
— Ha sido un proceso muy bonito. Cuando yo me integré, La Celestina ya estaba constituida y nos tocó pavimentar este nuevo camino. Hicimos una gira por preparatorias que fue muy padre y creo que eso también nos mantiene mucho hasta ahora. Aquellos preparatorianos de hace diez años hoy son padres de familia, son gente que nos sigue junto con la vieja guardia.
No hemos dejado de trabajar y hemos disfrutado muchísimo este camino. La verdad ha sido increíble. Es un viaje muy difícil; nadie dice que sea fácil, pero al final del día nosotros escogimos este camino.
— Ser músico en México tampoco parece una tarea sencilla, sobre todo cuando se trata de proyectos independientes.
— Exactamente. No es un camino fácil. La música aquí en México, y más la música autogestiva y de un género de nicho como el reggae, el underground o el world beat, se vuelve cada vez más complicada. Pero también es padrísimo. Si no fuéramos felices, si no nos satisficiera lo que hacemos, aquí no estaríamos.
Disfrutamos mucho. Somos adictos a crear música y también a estar en contacto con la gente en los toquines. Creo que eso hace que todo valga la pena.
— Guadalajara tuvo en algún momento una escena de reggae muy fuerte. Estaban espacios como el Bar Djembe, el Centro Cultural Rastafari y otros lugares donde tocaban varias agrupaciones. La Celestina y La Yaga eran de las bandas más visibles de aquella época.
— Ahí estábamos, echándole ganas. Éramos el ajonjolí de todos los moles: estábamos en los bares, en los festivales y en nuestros propios conciertos. Esa era la forma de ir construyendo un camino y de hacerte de gente que te escuchara.
Nuestros carnales de La Yaga y nosotros seguimos siendo muy amigos. De hecho, ellos van a tener un evento una semana antes que nosotros, en el mismo lugar. Ha sido un viaje en el que nos hemos encontrado con bandas hermanas. También hay que recordar a Monte Bong y a Golden Ganga, que después de un tiempo también crecieron muchísimo. Hay mucha historia alrededor del reggae en Guadalajara y es un gusto defenderla.
— Ahora presentan “Estamos Vivos”.
— Vamos a presentar “Estamos Vivos”, un disco que engloba mucha de la esencia de La Celestina: reggae con mucho world beat. Casi todas las letras y líneas están basadas o inspiradas en el rap y el hip hop, así que quedó una fusión muy padre.
Es el disco en el que más colaboraciones hemos tenido, alrededor de cinco o seis, con raperos, gente del pop y músicos que son hermanos nuestros. Nos tiene muy contentos.
Le pusimos “Estamos Vivos” porque, además de ser el nombre del disco, es una declaración. Para toda la gente que nos encuentra en la calle o en algún lugar y pregunta: “¿Y qué onda?, ¿todavía siguen?”, la respuesta es: claro que seguimos. Nunca nos hemos ido. A pesar de todos los cambios y las vicisitudes, La Celestina nunca ha dejado de trabajar. Este es nuestro quinto disco y seguimos haciendo canciones, no paramos.

— En el álbum participan artistas como Fidel Nadal, Henry Ranault, Kibraí, Tornillo, Sofish y G-Assassin. ¿Cómo surgieron esas colaboraciones?
— G-Assassin es un rapero de Rich Vagos. Escribe precioso, tiene una pluma buenísima y fue un placer contar con él en una canción que se llama “¿Cómo le vas a hacer?”, que escribimos para los políticos. El video quedó muy padre: aparece el presidente dando un informe y nosotros llegamos y tomamos el podio. Está muy buena la canción y, sobre todo, la colaboración con G-Assassin.
Sofish participa en una canción que hicimos medio soul, medio pop. Henry está en “Conexión”. Tornillo Vázquez, que en ese entonces todavía estaba con Santa Fe Klan, nos grabó una cumbia que se llama “Yo Soy Así”. También está Fidel Nadal y Kibraí.
Con Kibraí ganamos hace un par de años el Premio Minerva de Radio y Comunicación de Jalisco a la Mejor Canción Reggae del Año. Todo eso se conjuga en este disco. Estamos Vivos representa mucho del trabajo que hemos venido haciendo.
— ¿Qué tienen preparado para esta presentación?
— Tenemos una banda buenísima. Somos ocho personas actualmente. Hay gente increíble. Joel está en la guitarra; él estuvo acompañando un tiempo a Gera MX. Félix también está con nosotros y es saxofonista de Gera MX. Emiliano está en el bajo y Felipe en el piano; es un chavo que descubrimos hace dos o tres años y ha sido una maravilla trabajar con él.
También está Grecia Morán en los coros, quien estuvo un tiempo con Golden Ganga. Y, obviamente, estamos los de la vieja escuela: Quique, Félix y yo.
Estamos preparando un recital. Queremos tocar nuestras canciones nuevas, pero también las anteriores. Ojalá se sume la vieja y la nueva escuela, porque tenemos música para todos. Eso es lo mejor y lo principal.
— La manera de consumir música cambió radicalmente. ¿Cómo ves ese fenómeno?
— Es un ritmo de consumo muy rápido. Incluso para los artistas más grandes es difícil colocar un éxito que permanezca todo el verano. Sacas una canción y durante dos o tres semanas la gente la escucha; después viene otra y otra.
Creo que esa dinámica la impulsaron mucho los géneros urbanos y la nueva música regional mexicana, que están sacando dos o tres canciones al mes. Nosotros no estábamos acostumbrados a trabajar así, pero es la forma en la que funciona actualmente.
Si quieres hacerlo a la vieja usanza, sacar un disco y regresar tres años después, cuando vuelves quizá nadie te está esperando. Todos están consumiendo otras cosas. Hay una sobreoferta de material. Por un lado, eso está padrísimo porque puedes conocer música de todo el mundo al mismo tiempo, pero también significa que, si no estás produciendo y manteniéndote vigente, puedes perder relevancia en muy poco tiempo.
— Antes se decía: escribe un libro, ten un hijo y planta un árbol. Ahora pareciera que la nueva versión es: haz videos para TikTok, haz un podcast y adopta un perro.
— A mí me ha costado adaptarme. Por ejemplo, a Kike y a Félix los veo muy contentos con esta nueva dinámica de hacer TikToks y estar moviéndose en esas plataformas. A mí me ha costado mucho trabajo.
Obviamente, no estamos en un nivel tan grande como para trascender sin hacer esto. Incluso ves a artistas internacionales muy grandes: sacan una canción y después publican 20 o 30 historias a la semana con la misma canción, se etiquetan y la vuelven a subir. Es la nueva forma de comunicación.
Es raro y difícil de aceptar porque, de pronto, tienes que recurrir a cosas que no necesariamente son tu arte. Yo no soy alguien que cuenta chistes o hace bailes, pero tienes que encontrar una manera de comunicarte con las nuevas audiencias y con las nuevas plataformas.
No puedes darte el lujo de decir “yo no hago eso”, porque simplemente te borras del mapa. No creo que La Celestina se ponga a farmear aura, pero sí podemos hacer videos de las canciones, mostrar cuando invitamos a un artista, una nueva composición o una primera toma. Hay que buscarle.
A nosotros nos ha costado trabajo porque antes nuestra forma de comunicarnos era muy sencilla: sacábamos una canción y salíamos a defenderla a los bares, eventos, festivales y diferentes estados. Ahora las cosas son diferentes. No podemos darnos el lujo de rechazarlas, pero sí tenemos que encontrar nuestras propias formas de comunicación.
— El reggae surgió de sectores populares y, pese a los años, sigue vigente. ¿Cómo ves el futuro del género?
— Es un género que existe desde los años setenta. Ya está cerca de cumplir seis décadas, así que es muy padre defenderlo, pero también hago un llamado a quienes escuchamos reggae para que estemos abiertos a nuevas propuestas.
Muchas veces el reggae se convierte en un género de nicho donde la gente quiere que suene de determinada manera, que hable de determinada manera o que se vea de determinada manera. Pero si ya tiene alrededor de sesenta años, también debe abrirse a nuevas formas.
Hay gente haciendo fusiones muy padres. Aunque no suenen al roots que le gusta a la gente más clavada, el género tiene que evolucionar. Bob Marley siempre va a estar ahí, su música siempre va a existir, pero las historias también tienen que cambiar.
La vida social es muy diferente a cuando nació el reggae. Hay nuevas tecnologías y nuevas formas de relacionarnos. Todo eso representa una oportunidad para mantener vivo al reggae, pero también para permitir que evolucione y se exprese de maneras diferentes.
— ¿Qué has escuchado últimamente que te haya sorprendido o gustado dentro de las nuevas propuestas?
— Somos muy fans de lo que está haciendo Rawayana. No es una banda específicamente de reggae: manejan world beat, algunos ritmos más cercanos al merengue y también reggae. Crecieron muchísimo con la canción que hicieron con Cultura Profética, que era un cover de King Changó.
También está Lunay, que trae una propuesta de reggaecito que ya suena hacia 2026, un poco más urbano. Nosotros siempre hemos sido fans de lo que hace Dub Incorporation y de otras agrupaciones que hacen reggae muy moderno, casi electrónico en algunos momentos, con mucho rock.
Ellos llevan años haciendo eso, pero sigue siendo un tipo de reggae que no ha llegado a Latinoamérica como una tendencia. Ahí hay mucha oportunidad.

— ¿Qué le quieres decir a la gente que se va a encontrar con ustedes?
— Que los esperamos. Estamos muy agradecidos. Es increíble contar con el cariño y el apoyo de la gente; es algo invaluable.
Nosotros podemos estar escribiendo y haciendo música, pero sin apoyo no hay nada. Es un castillo de naipes. Así que agradecemos a todos los que van a estar ahí y los invitamos a que se animen a ir.
Será un show que vamos a hacer con mucho cariño. Habrá reggae, música del corazón, ska, cumbias, canciones anteriores y nuevas. Sobre todo, tenemos muchas ganas de que escuchen nuestra música, nuestro arte y que puedan identificarse con algo.
Con eso nos damos por bien servidos.
La Celestina está en la casa.
DATOS
La Celestina presenta en vivo “Estamos Vivos”
- Fecha: Viernes 4 de septiembre
- Hora: 20:00 horas
- Lugar: Foro 907