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Existe la teoría de que el agua llegó a nuestro planeta en sus tempranas eras geológicas gracias a cometas que lo impactaron. Con el agua comenzó la vida y sin ella es muy probable que concluya.
El agua ocupa alrededor del 71 % de la superficie de la Tierra, aproximadamente 261 millones de km², mientras que las masas de tierra emergidas ocupan el 29 % restante.
Una túnica azul recubre nuestro planeta adjetivándolo para todo el Sistema Solar como el «planeta azul».

Bajo su superficie también corren afluentes de agua, mantos freáticos que, junto con los glaciares que coronan las crestas de las altas montañas, surten, respectivamente, en veneros y ríos del vital líquido nuestros cultivos, poblados y ciudades.
Así como está presente en el planeta dispensando vida sobre todo en los ecosistemas más herbales, en nuestro cuerpo es el constitutivo más abundante e importante. El agua corporal total en un hombre adulto equivale a cerca del 60 % de su peso total, dividida principalmente en los compartimentos intracelular (~40 %) y extracelular (~20 %) (Hall & Hall, 2021).
Sin ingerir agua podríamos sobrevivir entre 3 y 5 días, dependiendo de las condiciones ambientales; sin comer podemos resistir un tiempo más considerable. Como lo señala Popkin, la privación de agua suele causar estragos con prontitud en nuestros sistemas renal y cardiovascular (Popkin et al., 2010).

El ser humano y la naturaleza no existirían sin el agua. Y nuestra dependencia de ella seguirá siendo absoluta por muchas décadas, quizás centurias. A no ser que, librando el colapso ambiental o una conflagración de dimensiones planetarias, siga avanzando la civilización humana. Y lo haga de tal manera que se concreten las profecías literarias de ficción más aventuradas que avizoran que un día, habiendo superado la primera escala de Kardashev, transformemos nuestro entorno a uno totalmente maquinizado. Y a la par hayamos logrado la singularidad hombre-máquina definitiva con la migración de nuestra conciencia a un espacio virtual o aun a un cibercuerpo. Entonces la Tierra nos quedará chica.
«Una vez que la tecnología nos permita fusionar nuestra biología con la inteligencia artificial, la inteligencia transhumana no se quedará en la Tierra; se expandirá por el cosmos organizando la materia y la energía a su paso, alcanzando de manera natural los niveles de una civilización de Tipo II y Tipo III de Kardashev». (Kurzweil, 2005, p. 351, traducción libre).
El anterior es un futuro plausible en que la electricidad se vuelva más indispensable que el agua; pero muchos factores lo pueden frustrar. Mientras tanto —y esa es la realidad inmediata y sentencial—, seguimos siendo seres orgánicos dependientes de la naturaleza y, por tanto, del recurso hídrico.
Esa razón es más que suficiente para responsabilizarnos del agua. Sería una irresponsabilidad asumir como individuos y como humanidad una actitud pasiva, optimista o casi ingenua al esperar que los milagros y las maravillas de las que somos capaces con nuestra tecnociencia vengan a solucionar con el tiempo nuestra crisis planetaria del agua.

Por su importancia, tenemos una responsabilidad ética para con el agua. Igual que ocurre con la comida, es imperioso que aprendamos a refrenar y mesurar su empleo bajo una normatividad más racional encaminada a privilegiar su ahorro. Nuestra cultura hedonista del confort nos ha vuelto despilfarradores e irresponsables con nuestro consumo de agua.
Como hemos venido sosteniendo respecto a la mercantilización de los recursos, estamos ante la imperiosa necesidad bioética de impedir que el agua entre en la dinámica comercial de la oferta y la demanda por la cual, siendo un recurso demandado y cada vez más escaso, su acceso sea cada vez más restrictivo y caro.
En el mismo tenor, y en términos biopolíticos, se antoja también necesario que los Estados-nación aprendan a pactar diplomáticamente la gestión del agua: los ríos y los afluentes subterráneos no reconocen fronteras; el agua es un bien de las naciones, pero también lo es de la humanidad. Sin agua no hay vida.
Bibliografía
- Hall, J. E., & Hall, M. E. (2021). Guyton y Hall. Tratado de fisiología médica (14.ª ed.). Elsevier.
- Kurzweil, R. (2005). The singularity is near: When humans transcend biology. Viking Press.
- Popkin, B. M., D’Anci, K. E., & Rosenberg, I. H. (2010). Water, hydration, and health. Nutrition Reviews, 68(8), 439–458. https://doi.org/10.1111/j.1753-4887.2010.00304.x