Cronomicón

Tercera Parte

Creando conciencia ambiental: el problema de la basura y la sustitución de materiales, la opción de los bioplásticos

Universidad de Guadalajara / CUCSH / Letras ReBuscadas

En el debate ético ambiental, en torno a la generación de residuos contaminantes, se vuelve casi obligatoria una toma de conciencia personal que nos invite a reflexionar sobre cómo podemos contribuir a aminorar nuestra huella de carbono.

Reprogramarnos moral y bióticamente como individuos y sociedades para ser más amigables con la calidad ambiental de nuestros entornos urbanos hace necesario romper arraigados paradigmas culturales fundados en los principios de nuestra modernidad más temprana: el individualismo, el egocentrismo, la competitividad y la cultura de la inmediatez.

Bioplásticos

Dados nuestros estilos de vida ligados al consumo rápido y al privilegio de la comodidad y la practicidad, resulta complicado —siguiendo estas inercias culturales generalizadas— que la educación y las campañas ambientales surtan el efecto deseado en el cambio o superación de malos hábitos personales y colectivos.

Pongámoslo en frías cifras: en promedio, el mexicano genera 392.74 kg de residuos sólidos urbanos al año (equivalente a 1.076 kg al día) (Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales [SEMARNAT], 2026). ¿Hemos mejorado? No; en 2020 la generación reportada era de 0.944 kg, que daban un total de 344.56 kg al año. A la vuelta de cinco años, los mexicanos aumentamos en casi 50 kg nuestra generación de basura. Este es un problema estructural que no se puede remediar solo con propaganda y campañas que apelen al sentido común y a la conciencia.

En cifras globales, los mexicanos generamos 52.78 millones de toneladas de basura al año y, como está demostrado, de seguir la tendencia, esta cifra con toda seguridad aumentará. A nivel mundial, al año, los seres humanos generamos 2,560 millones de toneladas de basura, según cifras del Banco Mundial (2026). De este total, menos de la cuarta parte se recicla o se somete a procesos de valorización; estamos hablando de 537.6 millones de toneladas, equivalentes al 21% de nuestros desechos globales.

Mucha de esta basura, sobre todo la orgánica, entra con facilidad en un proceso de descomposición natural que permite su reincorporación a la biomasa del entorno. No sucede así, por ejemplo, con el plástico: dependiendo del polímero con el que fue fabricado y de las condiciones ambientales, los residuos plásticos tardan entre 20 y más de 500 años, no digamos en biodegradarse, sino en fotodegradarse y fragmentarse, trayéndonos el consabido problema de los microplásticos que tanto perjudican a nuestros ríos, lagos y, sobre todo, océanos.

Este problema es grave: del total de basura que generamos (los 2,560 millones de toneladas anuales), los plásticos representan el 12%, es decir, unos 307.2 millones de toneladas y contando. Como todo el fenómeno de la gestión de la basura, el problema de los residuos plásticos es estructural y tiene implicaciones culturales y socioeconómicas. Los países de ingresos medios y altos son los que más desechos plásticos generan debido al alto consumo de empaques, botellas PET y al uso generalizado de productos desechables de un solo uso. En cambio, en los países de ingresos bajos, cuyos habitantes tienen otros hábitos de consumo más amigables con el medio ambiente, entre el 50% y el 60% de los residuos corresponde a materia orgánica que contamina poco y se biodegrada fácilmente.

Basura

Mejoran los ingresos de un país y tal parece que su población cambia su dinámica de consumo incrementando, por persona, su huella de carbono. Queremos que los pueblos del mundo prosperen, pero que contaminen menos, por un mandato bioético de supervivencia ambiental y de rescate de la humanidad. La humanidad no sobrevivirá ni prosperará en un mundo soterrado en basura, con sopas traslúcidas de microplásticos flotando en nuestros océanos.

Tanto las universidades como los centros de investigación, en alianza con las empresas, tienen el deber de desarrollar nuevos materiales biodegradables que aminoren el problema de generación de basura y de desechos plásticos. En México contamos con exitosas investigaciones y desarrollos, como el de la Dra. Sandra Pascoe (UNIVA) y su bioplástico a base de mucílago de nopal, elaborado a partir del jugo de la penca, el cual es no tóxico, apto para consumo animal y biodisoluble en agua dulce o salada en pocos días. Otros desarrollos de bioplásticos emplean desde el hueso de aguacate hasta el bagazo de agave y el sargazo del Caribe.

Ahora, como consumidores, pero también como ciudadanos responsables, nos corresponde impulsar estas tecnologías limpias, como los bioplásticos, habituándonos a usarlos aun cuando en un inicio su costo pueda ser mayor al de los plásticos ordinarios fabricados a base de hidrocarburos.

Referencias

Banco Mundial. (2026). What a Waste 3.0: Global Snapshot of Solid Waste Management toward Circularity until 2050. Grupo Banco Mundial. https://doi.org/10.1596/978-1-4648-2309-1

Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. (2026). Diagnóstico Básico para la Gestión Integral de los Residuos 2026. Gobierno de México. https://www.gob.mx/semarnat/documentos/diagnostico-basico-para-la-gestion-integral-de-los-residuos-dbgir-2026

Lo más relevante en México