Un jardín de suaves tonalidades que evoca a la familia, la creadora Hanna Ramos cultivó su obra en cerámica y vidrio como parte de sus recuerdos y todo aquello que permanece cuando la memoria empieza a desvanecerse.

En el “Estudio Botánico No. 1. Anatomía de un recuerdo”, la artista originaria de Chihuahua reconstruye el jardín de su abuela María Isabel, un espacio que desde la infancia ha sido parte de su historia familiar y que ahora aparece transformado en una colección de piezas que hablan de plantas, afectos y memoria.
“Esta exposición está inspirada en mi abuela. Ella es básicamente mi madre”, cuenta Hanna. Su abuela tiene 89 años y, al comenzar el proyecto, la intención era concentrarse en su historia de vida. Pero durante la investigación apareció un elemento imposible de ignorar: el olvido.
“La memoria se va desvaneciendo. Entonces, básicamente, el proyecto trata del jardín como la anatomía del recuerdo, como una manera para no olvidar”, explica.

La exposición funciona así como una especie de cartografía afectiva. Sobre una de las paredes aparece el registro del jardín de su abuela, donde cada elemento corresponde a una planta y su ubicación conserva la disposición del espacio original. El proyecto contemplaba 66 elementos, aunque para esta presentación fueron realizados 24.
Hay también semillas abstractas, flores, un florero modular y una pieza suspendida inspirada en el ramo de bodas de su abuela. Una pequeña mano recuerda que, antes que cualquier herramienta, están las manos de quien cuida un jardín. El vidrio aparece en algunas piezas como una exploración nueva para Hanna, mientras que la cerámica se convierte en el hilo conductor de este paisaje reconstruido.
Entre las memorias que aparecen está también la de los pájaros. Cuando era niña, Hanna recuerda que su abuela tenía una gran cantidad de ellos y que sus mañanas comenzaban con su sonido. Son recuerdos sencillos, cotidianos, pero justamente ahí está el centro de la exposición: en aquello que parece pequeño y que, con el tiempo, puede convertirse en una de las formas más profundas de conservar a alguien.
“Hay muchas cosas que intenté por primera vez en esta residencia y lo que estaba segura de que quería hacer era experimentar”, dice.

Una residencia contra el reloj
El proyecto nació durante la residencia artística que Hanna realizó en Guadalajara, invitada a trabajar durante un mes en el espacio ubicado sobre el estudio Suelo, de la artista Karian Amaya.
Llegó el 30 de agosto y permaneció hasta el 30 de septiembre. Su portafolio fue seleccionado para participar en esta residencia, que terminó convirtiéndose también en un ejercicio de adaptación: no solamente a un nuevo espacio de trabajo, sino a un clima muy distinto al de Chihuahua.

Todas las piezas que integran la exposición fueron construidas en apenas una semana. Fueron 75 piezas realizadas durante siete días, aunque algunas fueron descartadas posteriormente.
Y es que, recuerda Hanna, la cerámica tiene esa capacidad de hacer que pierda la noción del tiempo.
“Todos los días, desde que me despertaba hasta que me dormía. Me encanta la cerámica, de verdad es mi propósito de vida y el tiempo se me va. No me doy cuenta cuando se me pasan las horas; he llegado a trabajar 16 horas seguidas”, cuenta.

El proceso también le exigió modificar sus propias costumbres. Acostumbrada al clima seco del desierto de Chihuahua, donde una pieza puede tardar unos tres días en secarse, en Guadalajara el proceso se extendió casi hasta los ocho días debido a la humedad.
“Fue un poquito salirme de mi zona de confort y saber cómo improvisar para que todo saliera bien”, señala.
Todo el proceso ocurrió ahí mismo: construcción, secado y experimentación. El resultado es una exposición que conserva algo de ese ritmo vertiginoso de producción, pero que, al mismo tiempo, habla de un tema que requiere justamente lo contrario: tiempo para recordar.

Un estudio que abrió por un día
El espacio que recibió este proyecto fue Suelo (en la parte alta del estudio de la artista Karian Amaya), un lugar de trabajo que en el contexto de la Segunda Semana del Arte abrió sus puertas una sola vez (el sábado 27 de septiembre) de manera especial para mostrar el resultado de la residencia.
Así, el estudio se convirtió por un día en un punto de encuentro entre la producción artística y el público. La exposición de Hanna pudo recorrerse únicamente durante esa jornada, como parte de los recorridos de la semana dedicada al arte.

Para la artista, la experiencia también significó encontrarse por primera vez con Guadalajara desde una residencia y producir lejos de su contexto habitual.
“Estoy muy satisfecha con el resultado de las piezas. Me encanta cada una de ellas. No puedo creer que yo hice tanto trabajo”, comenta la artista.
Y aunque el trabajo de Hanna ya no puede apreciarse en el espacio, la destacada intención de Suelo permanece: apoyar a artistas de Chihuahua, ofrecerles herramientas y un lugar para experimentar y producir, y acompañar así el crecimiento de sus procesos y lenguajes artísticos.

Hanna Ramos
Originaria de Chihuahua, Hanna Ramos estudió la Licenciatura en Artes Plásticas en la Universidad Autónoma de Chihuahua. Su práctica artística explora la memoria, el lenguaje y los vínculos afectivos a través de la cerámica.
Desde una aproximación autobiográfica, su trabajo parte de la manera en que la memoria cotidiana puede convertirse en un archivo de experiencias íntimas. La ausencia, el duelo y la construcción de la identidad aparecen como temas recurrentes, mientras que la cerámica y el texto funcionan como medios para preservar las huellas del tiempo y de las relaciones humanas.
Además de su práctica artística, dirige un taller de cerámica donde imparte clases y acompaña procesos de aprendizaje.
Entre sus exposiciones se encuentran “Simbiosis” (2022), “Primera quema” (2022), “Alterar los artefactos”(2023) y “Joyas prestadas” (2026). Su trabajo forma parte de colecciones privadas en México, Estados Unidos y Colombia.

La exposición “Estudio Botánico No. 1. Anatomía de un recuerdo” fue, en ese sentido, algo más que el resultado de una residencia: fue una forma de volver a casa sin estar en casa. Un jardín reconstruido desde la memoria de Hanna, donde las flores, las semillas y las manos de cerámica intentan conservar aquello que el tiempo, poco a poco, amenaza con borrar.
Datos
“Estudio Botánico No. 1. Anatomía de un recuerdo”, de Hanna Ramos, se presentó durante un solo día en la parte alta del estudio Suelo, de Karian Amaya, como parte de su residencia en Guadalajara, y en el marco de la Segunda Semana del Arte en la ciudad. La residencia tuvo una duración de un mes, del 30 de agosto al 30 de septiembre de 2026. La producción de las piezas se realizó durante una semana dentro del espacio de residencia.