El clown no se trata únicamente de hacer reír. También puede ser una manera de mirar la vida cotidiana, exagerarla y devolverla al público como un espejo de sus propias experiencias, según Diego García, maestro en Artes Escénicas y director de la compañía colombiana Átomos Teatro, para quien el payaso es un lenguaje escénico que permite explorar lo humano desde la honestidad, el juego y la comedia.

“Creo que el payaso es buscar ese espejo de lo humano, como retratar las vivencias y la cotidianidad desde un lugar un poco excéntrico, desde un sitio exacerbado”, explica García.
Formado también como contador público, García se acercó al clown durante sus estudios universitarios, cuando descubrió que las materias relacionadas con la comedia y el clown eran aquellas con las que tenía mayor afinidad. A partir de entonces comenzó a estudiar el lenguaje del payaso mediante talleres, cursos, diplomados y encuentros, hasta que, alrededor de 2017, fundó Átomos Teatro junto con otros artistas.
Desde entonces, la compañía ha construido una propuesta que se aleja de la idea tradicional del payaso asociada exclusivamente al circo, los malabares o los espectáculos infantiles. Para García, el clown escénico puede incorporar distintas disciplinas y convertirse en una herramienta para contar historias.
“En el payaso escénico hay una cosa de jugar desde contar historias, desde crear dramaturgias, que es muy bienvenido cualquier técnica. Para mí el payaso es bastante físico y entra dentro de este universo del teatro físico”, señala.
Átomos Teatro combina el clown con elementos del teatro musical, la acrobacia, lo coreográfico y, en el caso de Colombia, con una tradición de humor basado en el chiste y la palabra. El resultado son espectáculos en los que la comedia convive con temas sociales y con una constante interacción con el público.
Uno de los retos de llevar este tipo de propuestas a otros países es precisamente el humor. La compañía ya se ha presentado anteriormente en México y descubrió que algunos de sus chistes, profundamente ligados a la cultura colombiana, no necesariamente funcionan de la misma manera frente a un público mexicano.
García recuerda una función de Usted no me despide, yo renuncio, en la que uno de los gags que normalmente provocaba risas en Colombia fue recibido en México con un silencio absoluto.
“Me quedé como: ‘ay, qué pena, es que esto sí es chistoso en mi país’”, recuerda entre risas.
La experiencia les ha llevado a adaptar sus espectáculos según el territorio que visitan, sin perder la esencia de las obras. Aunque existen diferencias en las expresiones y referencias culturales, García considera que también hay un humor latinoamericano capaz de generar puentes entre públicos.
Del call center al escenario
En México, Átomos Teatro presentará Usted no me despide, yo renuncio, una obra que aborda, desde el humor, la precariedad laboral y la dificultad de conseguir empleo.
La historia sigue a unos artistas que, ante la necesidad económica, terminan tomando una decisión que ningún artista quisiera tomar, pero que muchas veces se vuelve necesaria: trabajar en un call center.
La compañía utiliza la situación para cuestionar las estructuras laborales, la figura del jefe y las condiciones de trabajo, además de abordar desde la comedia la llegada de empresas extranjeras y determinadas dinámicas de explotación en Latinoamérica.
“Lo tomamos mucho desde el humor, desde ahí mismo criticar esas estructuras del jefe malvado, un poquito todo el tema de los gringos llegando como a colonizar Latinoamérica y esas condiciones no tan chéveres de trabajo”, explica García.
La segunda propuesta que llevarán al festival es Todos Somos Pobres, una adaptación al lenguaje del clown de tres cuentos de Edgar Allan Poe: El gato negro, El cuervo y El corazón delator.
En este montaje, los integrantes de Átomos Teatro imaginan a los personajes como integrantes de un peculiar club de lectura que se aproxima a los relatos de Poe desde el juego y la mirada particular de cada payaso. Así construyen una propuesta de “terror cómico”, en la que el miedo y la risa conviven en escena.
La obra surgió a partir de una pregunta: ¿cómo leería un payaso a Edgar Allan Poe?
“¿Cómo lo interpreta? ¿Qué tan específico se vuelve? ¿Dónde se encuentra el juego? ¿El payaso dónde puede jugar? Y a partir de eso es que surgió la creación”, cuenta.
García comenzó la escritura de la obra junto con Felipe López, pero el montaje se ha transformado conforme los demás integrantes de la compañía se incorporaron al proceso. Aunque existe un guion y una dramaturgia previamente establecida, cada intérprete aporta su propia personalidad y encuentra dentro de la estructura su particular manera de hacer humor.
La improvisación también forma parte del espectáculo. García, quien dirige la compañía, explica que una vez que los actores están frente al público, el payaso tiene la libertad de jugar con aquello que ocurre en el momento.
“Cualquier cosa puede ser digna para que el payaso coja y juegue un buen rato y luego vuelva a la estructura o a la dramaturgia que quiera”, explica.
Reivindicar al payaso
Para Átomos Teatro, acercar el clown a nuevos públicos es también una forma de construir comunidad y reivindicar un lenguaje escénico que durante mucho tiempo ha sido considerado menor o asociado exclusivamente al entretenimiento infantil.
García cuenta que una de las respuestas que más reciben después de sus funciones es la sorpresa de espectadores que llegaron pensando que el clown era algo completamente distinto.
Incluso algunas personas llegan con miedo a los payasos debido a la imagen que se ha construido alrededor de ellos, pero terminan encontrándose con una experiencia teatral diferente.
“Cuando la persona viene a ver payasos, se enamora un poquito más del teatro”, afirma.
Para el director de Átomos Teatro, esa posibilidad de convertirse en una puerta de entrada a las artes escénicas es parte fundamental de su trabajo. La compañía ha observado también un crecimiento de los espacios de formación en clown en Colombia, donde cada vez más escuelas de teatro y artes escénicas incorporan esta disciplina como herramienta actoral.
El crecimiento de encuentros especializados, como el Festival Internacional de Clown del Helénico, representa para García una oportunidad para que este lenguaje circule, encuentre nuevos públicos y genere intercambios entre artistas de distintos países.
En su próxima visita a México, Átomos Teatro no solamente presentará sus obras. García también impartirá un taller de clown los días 19 y 20 de octubre en el Centro Cultural Helénico, dirigido a personas interesadas en acercarse a esta disciplina y descubrir su propio lenguaje escénico.
La compañía llega, además, con la intención de encontrarse con otros artistas y conocer las distintas formas en que el clown se desarrolla en México. Para García, estos intercambios son parte de una visión más amplia de la compañía: llevar sus espectáculos cada vez a más territorios.
Átomos Teatro ya ha recorrido distintas ciudades de Colombia y ha llevado sus montajes a México y Ecuador. Ahora contempla continuar su expansión internacional y buscar presentaciones en Argentina.
“Recorrer el mundo payaseando es como nuestra visión de compañía”, resume García.