Jalisco

Los acelerados no celebramos cumpleaños ni aniversarios, lo importante es romper récords, recorrer en menos tiempo la pista de la vida

A quien corresponda: Caminante no hay camino

FOTO: https://definicion.de/camino/

Desde ayer he estado pensando en la palabra “pausa”. Pausa es hacer un alto en el camino con la intención de continuar, no de parar definitivamente.

Guadalajara parece estar en pausa estos días.

Gracias al mundial de fútbol, se van a cerrar las calles, se van a suspender actividades, para que la gente vea la transmisión de los partidos, en las pantallas gigantes que se instalarán en puntos estratégicos de la ciudad: la Minerva.

Es una pausa forzada, como cuando se está filmando una escena de acción y el director grita !corte! Y todo se para.

En mi infancia jugábamos a “los encantados”. Todos corríamos, pero había un líder que cuando alcanzaba a alguno de los jugadores gritaba ¡encantado! Y el señalado se quedaba tieso, paralizado, sin poder moverse hasta que “lo desencantaban”.

Yo estoy encantada pero al revés, algo me impulsa a escribir y escribir sin parar, es una necesidad, una obsesión. Si no lo hago no tiene sentido levantarme y bañarme, ¿para qué?

En cambio, cuando escribo un texto siento que ya cumplí, que pagué la tarifa por vivir un día más, no de más. No puedo desperdiciar ni un minuto.

Pero quizá me ponga en silencio, como a los celulares, para no interrumpir el ritmo de los que van lento, pasito a pasito como si tuvieran un tobillo torcido.

Para mí no es tiempo de torceduras ni de caídas, es tiempo de seguir adelante, si no lo hago caigo en el ensimismamiento.

No hay nada peor que estar ensimismado, es como estar montado en nuestra propia espalda, llevándonos a cuestas.

No, me resisto a ser fardo, a cargarme y llevarme de aquí para allá.

Si hago una pausa en el camino para mirar atrás, corro el riesgo de convertirme en estatua de sal.

Debería hacer una pausa entre un libro y otro, pero si me detengo, es poner punto final. No me resigno, aunque el semáforo esté en rojo, no quito el pie del acelerador para arrancar en cuanto se ponga en verde.

Voy a contrarreloj, me urge llegar a…¿dónde? No lo sé, pero llegar quizá… ¿De aquí a la eternidad?

Empecé caminando despacio pero de pronto me encontré en medio de un maratón, tenía que correr 20, 30 kilómetros bajo el sol, bajo la lluvia. Me acostumbré a vivir a ese ritmo, de aquí para aquí, sin parar.

Hay quienes viven en paz, sin prisas, esperando que anochezca, que amanezca, que den las doce o las seis, da igual. Sus relojes también marcan las horas lentamente como si estuvieran dormidos.

En cambio, los acelerados no celebramos cumpleaños ni aniversarios, lo importante es romper récords, recorrer en menos tiempo la pista de la vida.

Es como una carrera de relevos, nada más que yo no tengo quién me releve. Seguiré corriendo, persiguiéndome cada madrugada. A ver si me alcanzo.

Martha Cerda / FOTO: Lino González Corona

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