Guadalajara

Hay ciudades que organizan un Mundial. Guadalajara, por momentos, parece organizada por el algoritmo.

De como el FoMO desbordó Guadalajara; la ciudad donde nadie quiso quedarse viendo TikTok 

La fila empieza antes del Fan Fest. Empieza en el teléfono. En el video de un coreano bailando Payaso de Rodeo. En otro donde un extranjero termina volando sobre decenas de brazos. En un beso improvisado entre desconocidos. En un coro de “México, México”. En cientos de clips de veinte segundos que prometen una certeza: aquí, Guadalajara, es donde está pasando algo.

Llegar al Fan Fest de Guadalajara es ser recibido por la Catedral Metropolitana y la Rotonda de las y los Jaliscienses Ilustres. Después por los arcos de seguridad custodiados por policías municipales, Guardia Nacional y voluntarios, ciudadanos que dan su tiempo por gusto para organizar este evento.

Luego de los filtros siguen otros voluntarios, pero estos reciben a los que entran como si no fueran visitantes sino amigos que tardaron demasiado en llegar. Gritan, hacen conga, aplauden. La hospitalidad convertida en protocolo.

Detrás aparece la Plaza de la Liberación, la entrada al Fan Fest con una estatua de Miguel Hidalgo dando la bienvenida; la pantalla gigante recargada sobre la Catedral, el escenario donde el animador insiste en que todos bailen al mismo tiempo: No rompas más. Payaso de Rodeo. Canciones que ya no son canciones sino instrucciones.

El Mundial también consiste en eso: miles de personas obedeciendo una coreografía que nadie ensayó. Se ve más diversión tras el error de perderse un paso que en la perfección del movimiento.

A los lados esperan las barras de cerveza, las bebidas para sobrevivir al sol, las vallas que intentan convencer de que el espacio todavía tiene límites. El día del partido contra Corea dejaron de tenerlos.

Protección Civil calculó más de sesenta mil asistentes, cuando el espacio está planeado para 20 mil. Hubo un portazo. Hubo empujones. Hubo un momento en que la multitud quiso entrar aunque ya no cupiera.

Porque el problema nunca fue ver el partido. En cualquier plaza, restaurante o sala había una televisión. Lo indispensable era verlo ahí, en esa misma Plaza de la Liberación donde han visto a tres coreanos darse un beso de tres; donde alguien descubrió que una hilera de vasos vacíos de cerveza podía hacer las veces de red de tenis, pero en lugar de usar una pelota usaron a una persona.

En las redes y entre lo jóvenes hay una palabra de moda que expresa su sentir al ver estos videos, un término al que le pusieron nombre hace años: FoMO, fear of missing out. El miedo a quedarse fuera. Pero esa definición se queda corta. Lo que se respira en el Centro Histórico de Guadalajara parece todo menos un miedo.

Fan Fest Guadalajara ambiente desbordado (@Gdl2026)

La gente llega siguiendo un rastro digital. En los videos virales la pregunta constante: “¿Dónde es?”.

Desde Morelia manejaron porque “aquí estaban los coreanos” y porque los videos de Guadalajara se veían mejores que los de Ciudad de México. Una pareja de León vino tres días “porque nos daba FoMO”.

Cinco amigos de Tepatitlán salieron después de ver TikTok y todavía no saben si volverán esa misma noche o dormirán en una banca del centro.

“Nos venimos de Tepa para acá, a vivir el Fan Fest. Y estamos acá, nos regresamos ahora mismo. O, bueno, quién sabe, porque la fiesta está buena. A lo mejor nos quedamos aquí a dormir en el centro, en una plaza, en una banca. Es que es un ambientazo chingón”.

Desde Aguascalientes alguien cuenta que vino porque quería ver con sus propios ojos eso de aventar personas al aire. De Zacatecas llegaron familias completas. De Colima encontraron hotel.

Nadie habla primero del futbol. Todos hablan de los videos. De lo que vieron en redes sobre el Centro Histórico de Guadalajara, no en la cancha del Estadio Guadalajara.

Las redes sociales dejaron de registrar la realidad. Empezaron a fabricarla.

En la plaza ocurre algo curioso.

Hay miles de teléfonos levantados grabando exactamente lo mismo. Quizá mañana alguno de esos videos convenza a alguien de salir desde Durango, San Luis Potosí o Chihuahua para venir al siguiente partido.

El ciclo se alimenta solo. Una multitud produce el contenido que traerá a la siguiente multitud.

Guadalajara ya no compite con Monterrey ni con Ciudad de México. Compite por aparecer primero en el siguiente “Para ti”.

Los organizadores del Fan Fest dieron a conocer que la sede tapatía es la más viral de todas la sedes mundialistas y por mucho. Tiene un engagement (término usado en redes para medir la conexión con la audiencia) de casi dos millones. La sede más cercana es la de Los Angeles, pero está un millón por debajo.

Medición Redes Fan Fest Guadalajara (Comité Organizador Fan Fest Guadalajara)

Y mientras el balón rueda en la pantalla gigante, alrededor siguen pasando otras cosas: alguien enseña a bailar a un turista, se arma la “viborita”, un grupo improvisa una ola, un desconocido abraza a otro desconocido después de un gol. Influencers grabándose buscando la misma viralidad.

Durante unas horas la ciudad acepta un pacto improbable: todos pueden comportarse como si se conocieran de toda la vida.

Quizá esa sea la verdadera mercancía del Fan Fest. No el futbol. La posibilidad de salir en el video de alguien más.

De ser, aunque sea durante veinte segundos, parte de esa ciudad que miles de personas vieron en TikTok, Instagram, Facebook y decidieron que existía un solo lugar donde había que estar.

Y entonces manejaron dos horas, cuatro, seis. Cruzaron Estados. Buscaron hoteles. Soportaron filas. Esperaron ocho o diez horas de pie.

No para ver a México.

Para no quedarse viendo cómo otros vivían el Mundial desde la pantalla de su teléfono.

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