…Digamos entonces que el fruto es el árbol, aunque orbite en relación a lo profundo de la raíz, digamos que la sabia es el árbol, aunque sea lo que por sus venas va. Así, ser la parte y el todo porque el árbol es también ataúd y puerta y eso no lo hace menos fruto, porque ser rama es también ser bosque, ¿qué otro nombre para designar el arte de quien creó todo lugar y su distancia?
Porque ser árbol es también ser terrón de tierra nutricia, porque el arte de ser dulzura de fruto disuelta en la lengua del ser cuyas raíces descienden hacia lo profundo, donde ser árbol y humano es lo mismo que ser arte y objeto, debido a la maquinaria perfecta de saberse (con el pensamiento) nube y lluvia, invierno y todas y cada una de las hojas que el viento dispersa sobre la tierra, donde las ovejas pacen, donde las lombrices deshacen sus cuerpos al transformarse en alimento de raíces; “esa sal soy”, dice también el vapor que va del mar hacia el ala de la gaviota, en cuyo vuelo el ojo humano ve la posibilidad de asirse a un algo indeterminado que, a falta de mejor nombre llama: “libertad” y en ese concepto basa su idea de existir debajo de toda nube, sobre la tierra, aunque conoce también el hecho de que reposará, llegado el día, bajo la tierra y aprenderá tal vez a ser raíz, terrón de tierra, dulzura de fruto, sombra de árbol.
