Innovación

Videojuegos. Nier: Automata

A pesar de ser una industria relativamente joven, el mundo de los videojuegos cuenta ya con varios autores importantes.

Quizá no tan conocido como Shigeru Miyamoto o Hideo Kojima, pero Yoko Taro es uno de esos autores que tienen aportaciones significativas al medio. El hombre es un visionario que pretende explorar los alcances del videojuego como medio de expresión. Como resultado de su búsqueda tenemos la saga “Drakengard” y su spin-off la saga “Nier”.

Ésta última es muestra clara de que la intención no garantiza una buena ejecución, y su última entrega “Nier: Automata”, es testimonio de ello.

Dejando la reseña de lado, “Nier: Automata” es un juego excelente, con un diseño jugable, variado, dinámico, desafiante y entretenido, personajes interesantes, un desarrollo de historia fluido y coherente, y muchas horas de juego. Si acaso, peca un poco de ser repetitivo, pero los cambios de cámara, la progresión de tipo rpg, y la variedad de habilidades a nuestra disposición le hacen más llevadero. Como vídeojuego es excelente y una obra ampliamente disfrutable. Su problema radica a nivel de planteamiento, no tanto así de la historia que se nos cuenta.

Esta obra aborda temas como la existencia, la percepción, la conciencia, el concepto de humanidad, y la trascendencia de la misma en relación a un modelo logocéntrico, desbancando, de paso, preceptos teológicos que considera obsoletos. No obstante, lleva sus temas a un punto en el que no pueden ser debatibles. Se presentan a través de la ironía —una huella distintiva de la saga Nierz—, y se desarrollan a expensas de postulados más densos.

El primer “Nier”, intentaba hacer una crítica mordaz al estado de los videojuegos en ese entonces, repitiendo sus formas y tornándolas al absurdo, pero sin dejar por ello de utilizar esas mismas formas, agotándose en sí misma. Su intención era más elevada que su resultado, el cual estuvo a la altura de “Bayonetta” o “LolliIpop Chainsaw”, videojuegos que pretendían criticar la tendencia de crear íconos sexualizados, pero terminaron creando dos de los íconos más sexualizados de la industria.

“Automata” hace lo propio en el terreno académico. Presenta esbozos filosóficos acerca de la existencia y la realidad, pero no se encuentra a la altura de entenderlos, ni mucho menos de superarlos. Su irónico humor le juega terriblemente a contra favor, por su pretensión de ser una obra seria que busca cambiar el sentido de las historias tradicionalmente contadas.

Es habitual en el mundo del cine que una obra reciba malas críticas, sólo para que, años después, una misma obra sea reevaluada y apreciada desde una óptica distinta que le reivindica sus méritos. La industria del vídeojuego funciona de manera inversa.

“Nier” debe ser entendido, sí, desde sus aciertos, pero también debe ser puesto en medio de debate por aquello que no consigue, y ser tomado con la misma seriedad con la que Yoko Taro entiende el medio.

lg

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