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El Papa Leon XIV y la IA

¡Una carta papal aborda la inteligencia artificial! …Reflexiones sobre Magnifica Humanitas y el desafío de custodiar lo humano.

Estimados lectores, detractores y amigos, es un gusto encontrarnos de nuevo en este espacio, de información, conocimiento y humanismo. Hoy quiero compartirles un tema que me ha tenido inmerso durante las últimas semanas: la encíclica del Papa León XIV y su encuentro —inevitable, necesario y valiente— con la inteligencia artificial.

¿Qué es una encíclica y por qué importa esta?

Una encíclica papal es una carta del Papa dirigida a los obispos del mundo. No es un comunicado de prensa ni una declaración política; es un documento de reflexión moral, filosófica y espiritual sobre los grandes temas de la humanidad.

Lo que hace especialmente significativa a la Magnifica Humanitas (2026) es su alcance y su conciencia histórica: así como León XIII escribió la Rerum Novarum para responder a las cosas nuevas y los cambios politicos en 1891, León XIV escribe esta encíclica para responder a la transformación que la inteligencia artificial está produciendo en nuestra forma de vivir, trabajar, relacionarnos y gobernarnos. El Papa lo dice sin rodeos: esto no es un tema tecnológico. Es una cuestión antropológica. Una pregunta sobre qué significa ser humano.

¿Qué dice y qué defiende?

Mi recomendación honesta es que la lean. No voy a darles un resumen que la reduzca, porque parte de su riqueza está en la lectura personal. Lo que sí puedo decirles es que el tercer capítulo —dedicado a la técnica, el poder y la dignidad humana— fue el que más me atrapó.

Ahí, León XIV compara el proyecto de la inteligencia artificial con la Torre de Babel: tan grande y tan desconectado de lo humano que terminó por deshumanizarse. La pregunta que lanza es directa: ¿qué estamos construyendo con la tecnología, y cómo lo estamos construyendo?

Sobre la IA en particular, el Papa señala algo que encuentro muy importante desde mi perspectiva como bibliotecario: las IA modernas están más cultivadas que construidas. Alguien introduce la información. Alguien diseña la arquitectura. Alguien decide qué principios la guían y qué conocimientos la alimentan. Eso no es un detalle técnico: es una decisión ética, política e informacional.

La tesis central puede resumirse así: la inteligencia artificial puede ser una herramienta extraordinaria, pero solo será legítima si permanece subordinada a la dignidad de la persona, al bien común y a la fraternidad. La pregunta decisiva no es si la IA es buena o mala, sino qué idea de ser humano la guía y quién ejerce el poder que ella genera.

Lo que las máquinas no pueden recordar

Aquí me permito un ejemplo que he usado mucho últimamente. Pregúntenle a cualquier IA qué es una manzana: les dará datos, propiedades nutricionales, clasificaciones botánicas. Ahora pregúntenle a un ser humano. Esa persona recordará la primera que comió, la que le llevó a su maestra, la papilla con la que alimentó a su hijo. Y de ahí saltará, con toda naturalidad, a la manzana de Adán y Eva, a la de Newton, a la de Blancanieves, a la de Steve Jobs. Esa es la diferencia: no de velocidad ni de datos, sino de experiencia vivida, de memoria encarnada, de sentido construido con el tiempo.

León XIV nos recuerda algo que como sociedad tendemos a olvidar: el ser humano no florece a pesar de sus límites, sino a través de ellos. Viktor Frankl escribiendo desde los campos de concentración, Beethoven componiendo su Novena Sinfonía como grito de unidad, Picasso pintando el Guernica como denuncia de la deshumanización. La humanidad, magnifica y herida al mismo tiempo, no debe ser sustituida. Debe ser acompañada, protegida y, sobre todo, recordada.

La Magnifica Humanitas es un texto que vale la pena leer más de una vez, no para extraer conclusiones rápidas, sino para encontrar en él nuevas preguntas cada vez que se regresa a sus páginas. León XIV no nos pide que le temamos a la inteligencia artificial. Nos pide algo más difícil: que no la dejemos gobernar lo que solo nosotros podemos custodiar.

Una manzana para la maestra. Una sinfonía escrita en silencio. Una lista que salvó vidas. Todo eso es lo que las máquinas no pueden recordar, porque nunca lo vivieron. Ese es, precisamente, el territorio que debemos defender, lo que nos hace Humanos.

En este sentido, la inteligencia artificial no debe concebirse como una amenaza, sino como una herramienta que amplifica la inteligencia humana y cuyo verdadero desafío consiste en gestionarla con responsabilidad, criterio ético y un profundo respeto por la dignidad de las personas.

Hasta la próxima lectura.

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