Universidades

Universidad Panamericana

El futuro bibliotecario en América Latina y el Caribe

Querido lector, como siempre, es un gusto reencontrarme con usted en este espacio de conversación, donde la lectura nos invita a la reflexión y, con suerte, a aprender algo nuevo cada día. Hoy quiero compartirles algo que me tiene especialmente entusiasmado. La semana pasada participé en un evento de la International Federation of Library Associations and Institutions a través de su Sección de América Latina y el Caribe, titulado “Reimaginar la profesión: el futuro bibliotecario en América Latina y el Caribe”. Salí con la cabeza llena de ideas que quiero poner sobre la mesa.

Un problema, no un área de oportunidad

El IFLA Trend Report 2024 señala siete tendencias que marcarán nuestro futuro: conocimiento, inteligencia artificial, confianza, habilidades, desigualdad, medio ambiente y comunidad. A esto se suman cifras de la CEPAL que duelen: 77% de conectividad urbana frente a apenas 38% en zonas rurales; la región en 67%, contra el 91% de la OCDE. Quiero ser directo: esto no es un área de oportunidad, es un problema que exige actuar ya. El bibliotecario es un actor estratégico del desarrollo educativo, académico y cultural —no personal de apoyo—, y el llamado es a unir fuerzas entre todo tipo de bibliotecas, con el enfoque puesto en la sociedad. “El desafío no es solo conectarse: es conectarse con propósito, con criterio y con equidad. Ahí es donde entra el bibliotecario”.

El espacio más democrático que existe

La biblioteca es el espacio más democrático que conozco: abierto a todos, sin distinción. La CEPAL lo confirma: el acceso a internet no basta, se necesita mediación humana. Eso es justo lo que solo la biblioteca ofrece —acceso físico, mediación especializada y gratuidad universal—, como demuestran la Biblioteca Vasconcelos en México (totalmente pública y abierta a todos). La misión no ha cambiado; cambió la urgencia: pasar del acceso a la información al acceso a la comprensión. “La biblioteca no solo da acceso a la información; da acceso a la comprensión. Esa diferencia es la que define la inclusión real”.

Generaciones que coexisten, no que compiten

Me preguntan con frecuencia cómo trabajan las bibliotecas con “las nuevas generaciones”. La verdad es que hoy conviven varias a la vez —Boomers, X, Millennials, Centennials, Alfa—, cada una con exigencias distintas. Las más jóvenes nacieron conectadas y piden velocidad e inmediatez; pero, paradójicamente, esa misma generación redescubre el libro y el espacio físico como refugio del ruido digital. Ahí hay una oportunidad histórica: convertir la biblioteca de depósito en laboratorio vivo, con IA integrada y nuevos espacios donde la gente no solo consuma, también cree. “La biblioteca que solo conserva, perece. La biblioteca que también crea y conecta, permanece”.

Lo que yo agregaría al perfil del bibliotecario del futuro

La IFLA Skills Agenda 2025 habla de tres dimensiones inseparables: dominio técnico, colaboración y liderazgo, a las que la ACRL suma comprender la inteligencia artificial en su uso, evaluación y ética. Coincido plenamente, pero agregaría dos cosas más.

La primera es el perfil humanístico. La Magnifica Humanitas del papa León XIV lo reafirma: la inteligencia humana tiene algo que la IA no puede replicar —conciencia, contexto, experiencia vivida—. No es IA contra humano; es cómo se complementan, procurando que siempre gane lo humano. La segunda es el perfil del bibliotecario social, comprometido con los temas de su comunidad. Y, por supuesto, seguir apostando por la lectura, generadora de sabiduría y pensamiento crítico: una sociedad que lee, piensa mejor y convive mejor.

La manzana que ningún algoritmo puede describir

León XIV compara a la IA mal gestionada con la Torre de Babel: tan poderosa que, desconectada de lo humano, termina por deshumanizar. Su pregunta —¿qué estamos construyendo, y cómo?— es esencial para nuestra profesión, porque la IA no se construye, se cultiva: alguien introduce los datos, alguien define los principios, y ahí estamos nosotros. Me gusta pensarlo con el ejemplo de la manzana. A la inteligencia artificial le podemos pedir datos y clasificación botánica. Pero a un humano le podemos hablar de la primera manzana que comió, un pie de manzana, la que regalo a su maestra, la de Eva, Newton, y Blancanieves. Ahí está la diferencia: no es velocidad, es memoria encarnada y sentido construido con el tiempo (situación, contexto, valores, sentimientos, emociones y mucho más). “La inteligencia artificial puede procesar millones de documentos. El bibliotecario sabe cuál de ellos necesita esa persona, en ese momento, para transformar su vida”.

Estimados lectores, este tema me apasiona y por eso me extendí un poco. Como siempre, me despido deseándoles que encuentren ese rayo de luz dentro de ustedes, tan grande que puedan compartirlo con alguien más, como el amor, la información y el conocimiento.

*Jorge Alejandro Peña Landeros /Director de Biblioteca /Universidad Panamericana

Lo más relevante en México