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¿Puede la IA realmente predecir dónde invertir?

La IA ya analiza noticias, detecta movimientos del mercado y ayuda a tomar decisiones de inversión en segundos. Pero entre utilizarla como herramienta y convertirla en una máquina para hacer dinero existe una enorme distancia.

Mi nombre es Humberto Martínez y esta vez me gustaría, estimado lector, que imagine despertar por la mañana y pedirle a una inteligencia artificial que revise todo lo ocurrido durante la noche: noticias económicas, resultados de empresas, movimientos de las bolsas internacionales, declaraciones de políticos, cambios en el precio del petróleo y miles de publicaciones en redes sociales. En segundos, podría señalar qué empresas enfrentan riesgos, qué sectores presentan movimientos inusuales o dónde existe mayor nerviosismo entre los inversionistas.

Hace algunos años algo así habría parecido ciencia ficción. Hoy ya forma parte del mundo financiero. Y la pregunta resulta inevitable: si una inteligencia artificial puede analizar tanta información tan rápido, ¿también puede decirnos dónde invertir? La respuesta es menos espectacular de lo que prometen muchas publicaciones en internet: puede ayudarnos mucho, pero no tiene una bola de cristal.

Las máquinas ya invertían antes de ChatGPT

Aunque hoy asociamos la inteligencia artificial con ChatGPT, las computadoras participan en los mercados desde hace décadas. Muchos procesos de compra y venta se realizan mediante programas que siguen instrucciones previamente establecidas. A esto se le conoce como trading algorítmico. La IA lleva esta idea más lejos porque puede analizar grandes cantidades de información e identificar patrones difíciles de observar para una persona. Puede estudiar precios, movimientos de compra y venta, tasas de interés, tipos de cambio y comportamiento histórico de los mercados.

La gran novedad es que ahora también puede trabajar con palabras. Una inteligencia artificial puede revisar en poco tiempo miles de noticias, reportes financieros, comunicados y declaraciones de directivos. Si el presidente de una empresa anuncia dificultades para el próximo año, por ejemplo, un sistema puede relacionar esa información con otros datos y valorar su posible impacto. No significa que conozca el precio que tendrá una acción mañana; significa que puede ayudarnos a comprender el presente mucho más rápido.

La inteligencia artificial puede analizar movimientos de marcado

¿Entonces puede predecir la bolsa?

Aquí aparece uno de los mayores malentendidos sobre la IA y las inversiones. En redes sociales abundan videos y anuncios de sistemas que supuestamente encuentran las mejores oportunidades y operan de forma automática. La idea es atractiva: dejar que una computadora compre y venda mientras nosotros observamos crecer el dinero. Si fuera tan sencillo, sin embargo, los grandes bancos y fondos de inversión ya habrían resuelto uno de los problemas más antiguos de las finanzas.

Los mercados cambian constantemente. Una estrategia que funcionó durante meses puede dejar de hacerlo cuando suben las tasas de interés, aparece una crisis, comienza un conflicto internacional o simplemente otros inversionistas descubren la misma oportunidad. Además, una estrategia puede producir excelentes resultados al probarla con datos del pasado y comportarse de manera muy diferente cuando se utiliza con dinero real.

Por eso conviene distinguir entre dos cosas: encontrar patrones en lo que ya ocurrió y saber qué ocurrirá después. La inteligencia artificial puede ser muy buena para lo primero. Lo segundo sigue siendo incierto.

El verdadero negocio está en la información

Entonces, ¿por qué bancos y fondos de inversión están destinando tantos recursos a esta tecnología? Porque no necesitan una máquina capaz de adivinar el futuro para obtener beneficios de ella. En los mercados, disponer de mejor información o analizarla más rápido puede representar una ventaja. Una IA puede ayudar a detectar riesgos, identificar cambios en el comportamiento de los inversionistas, localizar movimientos inusuales o explicar rápidamente por qué determinadas acciones están subiendo o bajando.

También puede resumir informes de cientos de páginas, comparar empresas y procesar noticias de distintos países en segundos. Quizá esto suene menos espectacular que una “inteligencia artificial que te hará millonario”, pero está mucho más cerca de la transformación real que vive el sector financiero.

La IA, sin embargo, también se equivoca. Puede interpretar mal una noticia, trabajar con información incompleta o encontrar relaciones que parecen importantes pero que en realidad son casualidad. Las herramientas generativas tienen además una característica especialmente delicada: pueden producir respuestas convincentes que contienen información incorrecta. Cuando esas respuestas influyen en decisiones financieras, el riesgo es evidente.

También preocupa que muchas instituciones utilicen sistemas parecidos y reaccionen de manera similar ante una misma señal. Si miles de algoritmos deciden vender al mismo tiempo, la velocidad que hace atractiva a esta tecnología también podría intensificar una caída. Por esa razón, autoridades financieras y organismos internacionales siguen cada vez con mayor atención el uso de inteligencia artificial en los mercados.

Para el pequeño inversionista, esta transformación también abre posibilidades. Hoy cualquier persona puede pedir a una IA que le explique un reporte financiero, compare empresas, resuma noticias económicas o le ayude a comprender conceptos que antes requerían conocimientos especializados. Herramientas que hace pocos años estaban reservadas a profesionales empiezan a estar disponibles para millones de personas.

Pero tener acceso a más información no elimina la incertidumbre. También exige aprender a desconfiar de las respuestas demasiado fáciles. Si alguien promete que una inteligencia artificial puede decir exactamente qué comprar, cuándo vender y cuánto se ganará, quizá el problema no esté en la tecnología, sino en la promesa.

La IA puede convertirse en un extraordinario copiloto para analizar los mercados: puede leer más rápido, procesar más datos y detectar relaciones que nosotros quizá pasaríamos por alto. El problema comienza cuando pretendemos convertirla en piloto automático.

Después de décadas de avances tecnológicos, computadoras cada vez más rápidas y ahora sistemas capaces de analizar millones de datos, algo permanece intacto: nadie sabe con certeza qué ocurrirá mañana en los mercados. Y comprender esa limitación quizá siga siendo una de las mejores decisiones antes de invertir.

*Mtro. Humberto Martínez – Bibliotecario Investigador de la Universidad Panamericana (UP)

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