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La empresa retomó actividades con un grupo reducido de profesores, otros empleados enteraron que dejaron de recibir instrucciones y desconocen si continúan contratados; acusan presuntas irregularidades laborales acumuladas durante años

Reanuda clases escuela señalada por el fraude en el examen de admisión UNAM

La reanudación de actividades en la sucursal Lindavista del Curso Más Preparación no significó el regreso de todos sus trabajadores. Después de la suspensión de actividades registrada por el operativo del 25 de agosto, esto luego de que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) la acusara de un fraude en el examen de admisión, un grupo reducido de profesores fue convocado para retomar clases. En cambio, otros empleados afirmaron que no recibieron instrucciones, horarios ni una notificación formal sobre su situación laboral.

La falta de información llevó este sábado a trabajadores de la empresa a manifestarse afuera de la sucursal ubicada en avenida Wilfrido Massieu 684, en la alcaldía Gustavo A. Madero, donde colocaron carteles en el exterior del inmueble y exigieron respuestas sobre su futuro laboral.

Trabajadores se manifiestan afuera de Más Preparación Lindavista
Trabajadores se manifestaron este sábado afuera de la sucursal Lindavista, en Wilfrido Massieu 684. Foto: La Crónica

Los empleados entrevistados por La Crónica de Hoy, subrayaron que la incertidumbre actual se suma a condiciones que se mantuvieron durante años con ausencia de contratos formales, pagos variables, falta de prestaciones, jornadas extensas, descuentos salariales y presuntos episodios de malos tratos. “Simplemente ya no nos hablaron”

Iker Gil: “Si ya no me necesitan, que me despidan y me liquiden”

Iker Gil, quien trabajó alrededor de un año en distintas áreas de Más Preparación, relató que luego del operativo del 25 de agosto el último contacto general que tuvo la plantilla sucedió durante el pago de una quincena.

Gil aseguró que, a partir de entonces, los trabajadores empezaron a buscar información por sus propios medios, sin recibir una comunicación general que les indicara si debían regresar, cuándo hacerlo o si sus servicios ya no eran requeridos.

Estimó que más de 100 trabajadores estaban en incertidumbre, cuando algunos profesores habían retomado actividades.

La situación no fue igual para todos los empleados. En Lindavista, un grupo reducido de profesores sí recibió convocatoria para regresar a impartir clases, a diferencia de otros siguen sin obtener instrucciones.

“Si ya no me necesitan, que me despidan y me liquiden”, planteó Iker al recalcar que su intención es que la empresa defina formalmente su relación laboral.

Marco Polo y Alan Barranco: sin salario y sin área de RH

Marco Polo, quien se desempeñó como encargado de inglés y de evaluación e innovación educativa, coincidió en que los trabajadores no decidieron dejar de acudir, ya que dejaron de ser convocados.

Contó que llevaba alrededor de dos semanas sin recibir salario y que había consultado a la Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajo (PROFEDET). Marco dijo que planeaba acudir a Conciliación y Arbitraje para visualizar su situación.

Alan Barranco, profesor y editor, reveló que algunos trabajadores pasaron cerca de dos semanas sin recibir una quincena y que el pago pendiente finalmente fue cubierto una vez que los empleados lo reclamaron delante de los responsables de la empresa.

La incertidumbre alcanzó a trabajadores que acudieron físicamente a sus centros de trabajo. Selene Farías, profesora de español, ciencias sociales e inglés, precisó que este sábado acudió a la sucursal Salvatierra, donde tenía previsto presentarse para trabajar, pero nadie del inmueble admitió su presencia en las aulas.

Carteles colocados en la sucursal Lindavista
Carteles colocados en el exterior del inmueble. Foto: La Crónica
Sucursal Lindavista cerrada
La sede Planetario retomó clases pero no todo el personal fue convocado. Foto: La Crónica

Años de trabajo sin contrataciones ni prestaciones

Los testimonios recabados destacan que varios empleados ingresaron a Más Preparación sin un contrato laboral formal.

Emilio Limón, quien trabajó como profesor de Español, Ceneval y Ciencias Sociales, explicó que inició con un pago de 1.50 pesos por minuto de clase. Sus ingresos variaban de acuerdo con la cantidad de grupos y clases asignados.

Detalló que, en su mejor periodo llegó a recibir aproximadamente 4 mil pesos mensuales, aunque generalmente conseguía entre mil 500 y 2 mil pesos. Reiteró que no existían criterios expecíficos para aumentar los pagos.

Selene Farías resumió que comenzó con una tarifa de 1.50 pesos por minuto y posteriormente tuvo un incremento a 1.80. Indicó otros profesores podían recibir entre 2 y 3 pesos por minuto dependiendo de su antigüedad y funciones.

Iker Gil describió un esquema diferente para las labores administrativas, pues inicialmente su pago era de 30 pesos por hora y luego recibió 35 pesos por hora en algunas de sus funciones.

Por otro lado, Atziri Quevedo puntualizó haber trabajado desde septiembre de 2019, ganando un salario de 35 pesos por hora y tiempo después, llegó a 75 pesos. Como gerente editorial, comunicó que se había acordado un pago de 125 pesos por hora que finalmente no se concretó.

Quevedo enfatizó que durante los 7 años que estuvo en la empresa nunca recibió prestaciones legales ni vacaciones.

Pese a ser originaria de Michoacán, durante años dejó de visitar a su familia debido a las exigencias laborales. En una ocasión, solicitó una semana de vacaciones, pero Edgar “N” le exigió que regresara pocos días después para proseguir con la edición de materiales.

Jornadas extensas y descuentos

Los trabajadores esclarecieron que las jornadas podían extenderse más allá del horario previsto.

Iker manifestó que en temporadas de alta demanda trabajó entre 12 y 14 horas. Narró que existían diferencias en la autorización de horas adicionales y que algunas no eran remuneradas.

Emilio refirió que decidió limitarse al horario que tenía asignado después de que se le pidió participar en actividades adicionales sin recibir un pago por ellas.

Atziri reafirmó que la falta de horarios estables provocaba que sus ingresos fueran impredecibles. Consideró que hubo semanas en las que trabajaba menos de 40 horas y otras en las que superaba esa cantidad.

Incluso expuso que en una ocasión trabajó 20 horas en un mismo día.

“Así como podía decirle: ‘Bueno, esa semana vine muchas horas’, había otras semanas que podía venir muy poco”, expresó Quevedo.

Adicionalmente, enunció que en ocasiones se les pedía estar más tiempo en las instalaciones sin que recibieran un pago extra.

Condiciones laborales en Más Preparación
Empleados denunciaron jornadas de hasta 14 horas y falta de prestaciones. Foto: La Crónica

Quejas internas que no prosperaron

Aparte de las condiciones salariales, los entrevistados aclararon que en la estructura interna contaba con mecanismos de supervisión y evaluación, pero no una instancia efectiva para resolver las inconformidades.

Alan Barranco destacó que carecían de un área de recursos humanos a la cual pudieran acudir los empleados y que las quejas terminaban yendo a los mismos responsables acusados por los trabajadores.

Marco Polo acentuó que colaboró en una evaluación de necesidades en la que cerca de 70 por ciento del personal habría declarado preocupaciones ligadas con seguro, vacaciones, prestaciones legales y condiciones básicas en las sucursales.

Entre los problemas que identificó, Polo remarcó la falta de agua potable en la sucursal 17 de Mayo. De acuerdo con su testimonio, los trabajadores cooperaron para comprar agua, puesto a que la empresa habría considerado que proporcionar este recurso no era rentable.

A su vez, algunos empleados le informaron que se pretendía cambiar evaluaciones para que ciertos trabajadores sacaran malos resultados y así generar argumentos para despedirlos. Marco indicó que él no accedió a modificar las evaluaciones.

Maltrato y acusaciones de acoso

Varios testimonios advirtieron a este medio que, presuntos episodios de malos tratos atribuidos a responsables de la empresa, especialmente a Edgar “N”.

Alan Barranco aseguró haber escuchado y presenciado situaciones en las que el personal era insultado. Iker Gil expuso comentarios que consideró denigrantes y resumió las diferencias en el trato y remuneración entre empleados que realizaban funciones similares.

Emilio Limón retrató que durante una reunión de personal fue reprendido públicamente y luego fue cuestionado por solicitar mejores condiciones salariales y negarse a llevar a cabo actividades adicionales sin remuneración.

Selene Farías dio a conocer que Edgar “N” ingresaba ocasionalmente a sus clases con carácter intimidatorio y que recibió mensajes para tildar el comportamiento de estudiantes.

En el caso de Atziri Quevedo denunció agresiones verbales que estaban conformados por insultos y comentarios misóginos. Instó que en una ocasión se le dijo que, por ser mujer, no debería impartir clases de matemáticas.

El caso de un trabajador fallecido

Atziri Quevedo incorporó en su relato, un caso que ocurrió dentro del periodo en que trabajó en la empresa.

La trabajadora narró que un compañero identificado como Samuel llegó tarde a su centro laboral y fue enviado de regreso a su casa. Conforme a su versión, el hombre se trasladaba en motocicleta cuando fue atropellado por un tráiler y murió.

Quevedo declaró que los trabajadores determinaron que el hecho estaba vinculado con su actividad laboral porque había sido regresado a casa desde el lugar de trabajo.

Resaltó que Más Preparación no entregó apoyo económico a la familia y que fueron los propios trabajadores quienes organizaron una cooperación para ayudarla.

Precisó que, cuando una empleada solicitó el uso de una de las camionetas de la empresa para trasladar a los familiares, la petición fue rechazada y se les aleccionó que, en caso de emplearla, tendrían que pagar el combustible.

Trabajadores exigen definición laboral
El principal reclamo es que la empresa defina su situación laboral. Foto: La Crónica

El trabajo frente a los estudios

Para algunos de los entrevistados, las condiciones laborales perjudicaron sus estudios.

Atziri Quevedo explicó que empezó una carrera de Ingeniería Biomédica, sin embargo, la carga de trabajo le dificultó sobrellevar ambas actividades. Recalcó que en periodos de alta demanda se le pedía priorizar el trabajo y que, además, se le decía que era mejor acudir a la empresa que asistir a la universidad.

La situación la llevó a darse de baja temporalmente y más adelante, a cambiar de carrera.

Iker Gil, quien fue estudiante de Más Preparación antes de trabajar para la empresa, planteó una diferencia entre su experiencia como alumno y la que tiempo después tuvo como empleado.

En lo que trabaja como estudiante, Gil encontró apoyo de profesores y personal administrativo, su experiencia laboral estuvo marcada por jornadas prolongadas, pagos variables y reglas que podían implicar descuentos.

Una emergencia dentro de la sucursal Lindavista

Selene Farías agregó un incidente que padeció durante un curso de verano, cuando encontró un alacrán dentro del bolsillo de su pantalón mientras se encontraba en la sucursal Lindavista.

Farías subrayó no había personal médico en el lugar y fue trasladada a un hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en un vehículo usado para transportar materiales, acompañada por un trabajador de mantenimiento.

Contó que tras el incidente no recibió instrucciones para ausentarse ni un periodo de recuperación remunerado y que tuvo que reincorporarse a sus actividades.

Calificó esta experiencia laboral como “agridulce” porque fue positiva en la relación con algunos estudiantes y compañeros, pero problemática en cuanto a las condiciones administrativas.

Los estudiantes también quedaron a la deriva

La situación laboral de los trabajadores compartió simultaneidad con dudas entre alumnos que tenían cursos en desarrollo.

Alan Barranco e Iker Gil detallaron que los estudiantes no recibieron una comunicación oficial clara sobre la suspensión y consecutivamente la reanudación de algunas actividades.

Iker hizo énfasis a estudiantes que habían pagado cursos de certificación y preparación para exámenes, al tiempo que Alan aludió que algunos alumnos buscaban información sobre posibles reembolsos.

Los trabajadores desconocen qué pasará con los cursos que habían quedado interrumpidos ni con los materiales utilizados para impartirlos.

Los empleados quieren definir su situación laboral

El principal reclamo del personal que se manifestó es que la empresa defina qué sucederá con quienes se encuentran fuera de las actividades laborales.

Iker Gil informó que decenas de trabajadores se habían acercado a instancias de conciliación. Atziri confirmó que ella y otros compañeros ya iniciaron procedimientos ante Conciliación y Arbitraje.

Los trabajadores no idean conservar sus puestos. Suscitaron que, en caso de que la empresa ya no requiera de sus servicios, buscan que se formalice su separación y se cubran las obligaciones laborales que correspondan.

Si bien una parte del personal volvió a las aulas en Lindavista, otro grupo se mantiene a la espera de una respuesta sobre su continuidad.

Finalmente, los empleados reafirmaron su incertidumbre laboral al desconocer si deben regresar a sus puestos, si continúan contratados o cuál será el destino de los años que dedicaron a la empresa.

Señalamiento de Fraude académico —

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