
Las ciclovías de Avenida Revolución y Patriotismo, que se pusieron en marcha en abril pasado, están siendo obstaculizadas por personas que estacionan sus vehículos, puestos ambulantes y camiones de carga.
Lo anterior, sin que ninguna autoridad, ya sea de la Secretaría de Movilidad, de la dirección de Tránsito de la SSP o delegacional, se los impida.
Ciclistas afirmaron que de no ser por los obstáculos, que a diario tienen que sortear, el proyecto sería un éxito.
Durante un recorrido, Crónica confirmó que automóviles particulares, transporte de carga, taxis y motocicletas invaden, deliberadamente, el espacio de los ciclistas.
Y lo hacen para realizar descensos o ascensos de personas, vender fruta, descargar mercancía o simplemente para esperar a su acompañante.
Dichas acciones provocan que los ciclistas realicen maniobras peligrosas, como invadir el arroyo vehicular en contrasentido, poniendo en riesgo su seguridad, así como de conductores y peatones.
En tanto que autobuses del transporte público que corren por el Circuito Bicentenario tienen que improvisar “paradas” sobre las ciclovías debido a que algunos carros se encuentran estacionados sobre los puntos de ascenso y descenso de personas.
Pero no solo los automóviles se convierten en obstáculos para los que viajan en bicicletas, también personas que llevan carretillas, diablos o carreolas.
Todos ellos se cruzan por la ciclovía, pese a existir zonas destinadas para ellos.
Incluso, hay personas que se sientan en las jardineras y estiran las piernas, obstruyendo el paso de las bicicletas.
Asimismo, se observó a vendedores de tamales, raspados, papas y elotes invadiendo la ciclovía, lo anterior ante la displicencia de la policía.
—¿Por qué se estaciona en la ciclovía?—se le preguntó al conductor de un vehículo Tida.
—Donde quieren que se baje mi mujer si está lleno de sus pinches jardineras que solo quitan espacio— respondió molesto.
“Si ya nos pusieron a los pinches ciclistas a la fuerza por qué no voy a bajar a mi esposa donde yo quiera”, agregó.
El hombre permaneció cerca de diez minutos en el lugar, sin que ninguna autoridad se lo prohibiera, esto a pesar de los recordatorios familiares y claxonazos que le propinaban los demás.
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