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Jesús Valdés, un peluquero en Bucareli

Con experiencia de más de 40 años en el ambito de la peluquería Jesús ha visto desfilar gran cantidad de clientes algunos de ellos como Pedro Vargas, Ramón Inclán,Toña la Negra y Paco Stanley

Peluquería
Peluquería Peluquería (La Crónica de Hoy)

En la calle de Ayuntamiento número 14 en la ciudad de México se encuentra, entre columnas tricolores, una peluquería, donde un hombre de 59 años corta el cabello y la barba diariamente. En esta ocasión, el peluquero dedica una parte de su tiempo para contar a Crónica lo que significa su oficio en los tiempos que corren.

De nombre Jesús Valdés, con experiencia de más de 40 años, ha visto cambiar a la ciudad, transitar a mujeres y hombres famosos que frecuentaban la zona, personajes con los que alguna vez tuvo la oportunidad de platicar.

Su éxodo en el mundo de la peluquería comenzó cuando iniciaba la década de los sesenta; su padre y su tío tenían un salón en la calle de Balderas. En ese tiempo, Jesús y un amigo echaban grasa o ayudaban a barrer el cabello que caía al suelo. “El lugar estaba impecable”, recuerda Jesús.

En esa época el negocio familiar era grande, contaba con dos peluqueros, un masajista y una manicurista, y los clientes tenían acceso a todos los servicios por cinco pesos. Su tío comenzó a enseñarle el oficio.

“Cuando empecé, los dejaba todos tusados, pobre gente… y pobre de mí, porque si pasaba eso mi tío me ponía unas buenas tundas”, comenta.

Pasaba de todo. Jesús recuerda las visitas de Ramón Inclán, Pedro Vargas, Toña La Negra y de Paco Stanley, visitas que se daban entre pláticas con clientes y desconocidos.

Poco después, fue a aprender en la Alameda Central cómo usar la navaja para este oficio. Estuvo algunos años por ahí y otros entre los burócratas. Pero regresó al negocio familiar en poco tiempo, pues la responsabilidad de llevar dinero a casa le dio más seguridad a la hora de cortar el cabello. Jesús, junto con su hermana, se hicieron cargo del negocio de su tío y pronto se encontraron con un desfile de niños, mujeres y hombres que buscaban acicalarse o experimentar con un nuevo corte.

En la actualidad las cosas son diferentes. Hace siete años tuvo que dejar el antiguo local para traspasarse a la calle de Ayuntamiento, es más pequeño y con menos servicios, además la tarifa ha subido a 60 pesos por el corte de cabello. Jesús es experto en el casquete corto y el ejecutivo.

Sin embargo, la clientela ha mermado. Las causas, en palabras de Jesús, son La Línea 4 del Metrobús, locales cerrados, la creciente trasformación de departamentos a bodegas, la falta de gente transitando la zona y los cierres de calles por manifestaciones. “Antes decías los viernes, sábados y lunes no falto, seguro estaba lleno; ahora todos los días debes venir, a ver quién quiere un corte”, dice Jesús con pesar.

Aún así, este oficio sigue siendo de los más nobles, señala, por el trato con la gente, aprender a interactuar con las personas y “saber a simple vista cuándo les hace falta un corte o un tratamiento”, agrega entre risas. A esto se suma que “la gente te cuenta cosas, le ayudas, ellos te ayudan… y a veces ni siquiera sabes su nombre, eso hace que te cuenten más cosas, lo disfruto porque me gusta trabajar con la gente”.

Los días los pasa en la espera de algún cliente; algunos de ellos lo frecuentan desde hace 30 años, otros son nuevos. Con el dinero que cobra da sustento a su familia y  lo usa para impulsar su negocio.

Después de todos estos años, Jesús agradece que le hayan enseñado este oficio, que sepa hacer algo y que pueda seguir trabajando y viviendo como dios manda.

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