
Antonio Lozano Gracia pudo, a la hora de la verdad, haberle hecho un gran servicio a la patria. No pudo, no supo cómo, o no quiso. El hecho es que no estuvo a la altura de las circunstancias. Perdió la oportunidad de trascender. Salió del gobierno federal con la cola entre las patas. Hoy es un abogado caro que defiende tipos impresentables, casi como él, por lo que los entiende. Lozano trae polvo de aquellos lodos.
Es probable que los lectores jóvenes, digamos menores de 30 años, no recuerden el caso de José Francisco Ruiz Massieu. Fue un destacado político guerrerense que llegó a ser gobernador de su estado y que fue ejecutado en el mes de septiembre del fatídico año de 1994. El crimen ocurrió a plena luz del día en uno de los lugares más densamente transitados de la Ciudad de México. No sólo eso, el asesino material, un sicario tamaulipeco, fue detenido en uno de los rarísimos casos de eficacia policiaca.
En diciembre de ese mismo año, cuando asumió como presidente de México Ernesto Zedillo, que fue candidato del PRI pero que en realidad no era priista, nombró a Lozano, que era un destacado militante del PAN, titular de la PGR. En aquellos años circulaba una versión que con el paso del tiempo se comprobó que era un mito, me refiero a la idea que en el PAN había muy buenos abogados. Había abogados ricos, carísimos, pero eso de buenos, en fin.
El equipo de Lozano montó entonces uno de los espectáculos más patéticos del quehacer nacional. Juntó a la prensa para que todo México presenciara el descubrimiento del cadáver. Recordarlo abochorna. El cadáver resultó ser el de un pariente de La Paca, cuyos cómplices habían sacado de un panteón unos días antes para ir a “sembrarlo” al rancho. Una investigación del cuarto mundo que nos puso en vergüenza como país más que bananero.
Lozano se fue la PGR con las manos vacías. Encontró refugio en el despacho de otro abogado panista que vendía caro su amor, Diego Fernández, a quien la prensa llamaba el Jefe. ¿Cómo nos pudo pasar algo así? Pues ese señor, Lozano, está de regreso en las primeras planas ahora como abogado de Guillermo Padrés, el ex gobernador panista de Sonora, que está detenido por corrupto. Hasta el momento no ha desquitado su sueldo, pues Padrés está en prisión y también su hijo, acusados ambos de delincuencia organizada.
Dicen en el bajo mundo que Lozano sabe qué botones tocar para hacer expedita la justicia. Es probable que Padrés termine fuera de la cárcel y sus delitos queden impunes. Ésa es, después de todo, la especialidad de la casa, que los delitos queden impunes. Lo hizo en el gobierno federal. ¿Lo volverá a hacer desde su despacho particular? ¿Recurrirá de nuevo a los servicios de una bruja?
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