
Ryan Crouser, con un lanzamiento de 22.52 metros, el más largo en la historia de los Juegos Olímpicos, batió al favorito, su compañero Joe Kovacs y ambos dieron a Estados Unidos el decimoquinto doblete olímpico de la historia en una final de bala.
Kovacs, campeón mundial el año pasado en Beijing, se llevó la medalla de plata con 21.78 de su primer tiro y el neozelandés Romas Walsh ganó bronce con 2.36.
El nuevo campeón olímpico lleva genes de lanzadores. Su padre, Mitch, fue olímpico en disco en Los Ángeles 84; uno de sus tíos, Brian, compitió en dos ediciones de los Juegos en jabalina; el otro tío, Dean, fue lanzador de peso y de disco de nivel medio, y sus primos Sam y Haley lanzan jabalina.
Con 23 años, Crouser ya había vencido al líder mundial del año en los campeonatos de Estados Unidos, y en la batalla olímpica decisiva mantuvo un nivel muy alto desde el primer lanzamiento, de 21.15 metros.
En el segundo superó por primera vez los 22 (22.22), mejoró en el tercero (22.26) y en el cuarto llegó la explosión: 22,52, batiendo por cinco centímetros el récord olímpico establecido por al alemán oriental Ulf Timmermann en Seúl 88.
Crouser llegó a Río con un récord personal de 22,11 y se va con 41 centímetros más, décimo en la lista de todos los tiempos y, sobre todo, la medalla de oro olímpica.
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