Escenario

DLD y El Tri hacen vibrar al Festival Zapal

La tercera edición del encuentro musical, que impulsa la cultura en Saltillo, reunió a 18 mil personas en una celebración de reggae, ska y rock

Cultura Profética en concierto
Cultura Profética en concierto Cultura Profética en concierto (La Crónica de Hoy)

Desde hace algunos años, los festivales musicales se han convertido en el carnaval por excelencia que reúne los distintos elementos de cada cultura. Bajo ese lema el Festival Zapal hizo de esta fórmula el slogan perfecto de una fiesta que generó grandes expectativas desde un principio; a varios meses de llevarse a cabo la tercera edición, los organizadores daban los detalles que harían de este año uno de los más importantes para el evento; el aumento de su afluencia, la duración, los artistas y demás elementos nuevos, pronosticaban una oportunidad para impulsar el negocio local de la región, algo por lo que hasta hace un par de años, los festivales comienzan a interesarse.

Moda, gastronomía, arte y tradición crearon un ambiente familiar que acogió tanto a locales como a extranjeros, dándole el toque que lo diferencía de otros festivales; también se respiraba una ligera fiebre de efusividad que generó en la localidad la oferta no solo cultural sino económica que traería consigo el evento.

 Algunos espectaculares sobre las avenidas principales aledañas a la Hacienda El Mimbre, anunciaban el concierto y sin querer se convirtieron en la bienvenida para quienes llegaron de otras partes de la república, solo con la finalidad de asistir al #Zapal2018.

No obstante, la inclemencia meteorológica no auguraba nada bueno para los asistentes que desde temprano cruzaron las puertas de El Mimbre, las nubes grises parecían rodear el cielo que estaba sobre el lugar, como acechando, sin embargo ello no impidió que los asistentes desfilaran por la puerta principal cual pasarela, con los distintos outfit que mostraban la diversidad cultural que acompaña a la música, representativa de cada género.

 Camisas con estampados hawaianos, tiaras de flores, paliacates usados como cubre bocas, penachos, gafas oscuras, vestidos veraniegos, máscaras de luchador, shorts, faldas largas, botas de casquillo, gorras, todo tipo de sombreros y hasta alguno que otro par de botas negras con plataforma como de 15 cm. Por supuesto, no pudieron faltar las playeras de El Tri, Cultura Profética y El Gran Silencio, así como el maquillaje garigoleado en el rostro.

 Hubo escépticos que asistieron solo por curiosidad, aferrados a la idea de quietud que acompaña a la ciudad de Saltillo: “No hay nada de interesante aquí, así que queremos aprovechar para ver a algunas bandas que nunca vienen y checar que tal se pone”, comentó una pareja de jóvenes, quienes se encontraban cerca de la estructura de Indio.

 A unos metros, la zona de temazcales invitaba a los curiosos a acercarse para ser partícipes del ritual espiritual que simboliza esta tradición, mientras que algunos simplemente querían tomarse selfies con los danzantes caracterizados o con el águila que posaba sobre el brazo de un hombre con penacho y vestimenta con detalles prehispánicos.

 El área de Food Trucks, como se había predicho, ofrecía una amplia variedad para casi todos los gustos, desde la clásica comida rápida, postres, hasta la comida vegana y gourmet. Lo amplio de la zona dentro de la hacienda, engañaba a la vista la cantidad de personas dentro, aunque frente a los escenarios la asistencia parecía escasa al principio, la realidad es que la gente estaba distribuida entre los distintos espacios de entretenimiento que ofrecía el festival, como la Zona Gamer y la Caravana Cultural.

Pese a esto, Serbia, Odisseo y Camilo VII fueron bien recibidos por los asistentes que, aunque escasos, efusivos y entregados corearon cada una de los temas de las agrupaciones mexicanas. Hasta ese momento, el ambiente relajado y armonioso daba la impresión de que la tarde aún era joven.

 Una de las sorpresas fue la reaparición de los Los Quehaceres de Mamá (LQDM), banda originaria de Saltillo que hace un rato no se veía en los escenarios, a tal grado que tal vez para la mayoría de los presentes representaron un descubrimiento, pero lo cierto es que esta banda nacida a principios de los noventa, confirmó que sí se puede ser predicador en su propia tierra y prendió bastante con su rap/funky/core característico, como autodenominan su sonido.

Y ya con los ánimos a full, llegó DLD, una de las bandas principales esperadas de la tarde. Su presentación dejó entre ver más que la calidad de su música, el respeto y cariño que tienen por su público, sin importar el número de personas que los acompañe frente al escenario; con una vibra energética Edgar Pijey Hansen, Francisco Familiar y Erik Neville hicieron que el escenario se viera mucho más grande de lo que realmente era; la entrega y gratitud constante que demostraron arriba fue la cereza de la tarde que terminó por crear una conexión íntima entre los músicos y la audiencia.

 Fue entonces cuando Porter y Caloncho volvieron a relajar la tarde al ritmo del ocaso, para dar paso a Cultura Profética, quienes con algunos minutos de retraso subieron al escenario. Aunque la ejecución de la música fue con la misma calidad y precisión de siempre, el rostro de Willy Rodríguez indicaba que algo no estaba bien desde las primeras canciones, con un gesto de desagrado y moviendo la cabeza negativamente hacia sus músicos, por algún momento hizo pensar que había algún problema con su instrumento, sin embargo a la segunda canción lo explicó; un padecimiento físico - aparentemente intoxicación - atormentaba al vocalista de la agrupación, por lo que la atención que le brindaron en servicios médicos provocó el retraso de la banda. Mencionado lo anterior, continuaron con el espectáculo, aunque de vez en cuando algún gesto doloso volvía a aparecer en el rostro de Rodríguez, esto no impidió que dieran un gran show.

 Por otro lado, a quienes parece no afectarles ni la edad fue a los integrantes de El Gran Silencio, quienes como siempre subieron a descomponer los cánones de la presunción y sin mayores poses encendieron el escenario con un divertido y fiestero espectáculo que encendió de inmediato los ánimos del público.

 Una ligera variación en el orden de las presentaciones hizo que Alex Lora y compañía subieran al escenario antes de lo acordado, pues parecía resultar que el horario con La Maldita Vecindad y los Hijos del 5to Patio había sido invertido; ahora quienes cerrarían el festival serían ellos y no El Tri como se había indicado.

 Y bajo un diálogo político y de desmadre durante toda la noche, Lora no perdió la oportunidad de dedicar algunas canciones; entre ellas al presidente Enrique Peña Nieto y al gobernante estadounidense Donald Trump.

 “¡Zapalachingada quién lo invitó!”, gritó Alex Lora mientras mostraba al público una máscara de Dunald Trump, con la que pidió a los presentes que se desahogaran insultándola, minutos antes de entonar “chingue a su madre Donald Trump”, frase que pidió al público que cantara con los primeros acordes de “Metro balderas”.

 Para ese punto el lugar estaba con un número considerable de gente, con una cifra aproximada de 18 mil personas, poco menos del esperado, pero que mantuvieron la energía durante toda la tarde y noche. Como todo festival, Zapal aún tiene mucho por aprender y recorrer, pero al término de esta edición se pueden pronosticar grandes e importantes cambios para los siguientes años, que permitan a Saltillo perfilarse como el lugar con uno de los festivales más importantes a nivel nacional.

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