Cultura

Hay castigos por ejercer la lengua materna, señala Ngugi wa Thiong o

Imponer un idioma era una herramienta colonial importante y se hacía antes de establecer su iglesia en África; ellos querían destruir el pensamiento de las personas, explica el escritor keniano

Escritor leyendo un libro
Escritor leyendo un libro Escritor leyendo un libro (La Crónica de Hoy)

El escritor keniano Ngugi wa Thiong’o compartió con los estudiantes de El Colegio de México su producción literaria desde el inicio, cuando estuvo en una prisión de máxima seguridad hasta darse cuenta de la relevancia que tiene la lengua materna.

En la sala Alfonso Reyes, de la institución ubicada al sur de la Ciudad de México, el escritor leyó un fragmento de El diablo en la cruz (1980), que produjo cuando se encontraba encarcelado en Kenia, incluso recordó que en algunas de sus memorias hay pasajes en los que relata cómo fue su estancia dentro.

El diablo en la cruz lo escribí en papel higiénico en la prisión porque no había otro material con el que pudiera trabajar. Esta novela es muy central en mi desarrollo como escritor por varias razones”.

Al inicio de su carrera, desde 1962 hasta 1977, Ngugi wa Thiong’o escribió en inglés libros como The River Between (1965) y Un grano de trigo (1967); idioma en el que tenía contemplada dar su conferencia, hasta que una de las presentes interrumpió y pidió que fuera traducida al español para las personas que no supieran el idioma, pero sobre todo para que fuera congruente con la trayectoria con el escritor, quien ha trabajado en lenguas maternas.

Ngugi wa Thiong’o cambió a finales de 1977 el inglés por el kikuyu, idioma practicado por cerca de cinco millones de kenianos.

“En 1976, junto con varios investigadores del Centro de Estudios Literarios de la Universidad de Nairobi,  tomamos la decisión de llevar el teatro a una comunidad cerca a Nairobi, pero decidimos de forma radical, no llevar el teatro hecho sino irnos e integrarnos a la comunidad para que los de la comunidad pudieran participar en la realización de una obra de teatro”.

En julio de 1977 comenzaron de las producciones del montaje de I Will Marry When I Want (Me voy a casar cuando quiera), coescrita con Ngugi wa Mirii. La obra de teatro fue considerada la primera en kikuyu y fue tan popular que la gente no dejaba de llegar por todos los medios posibles y de diferentes regiones.

“Las autoridades se enteraron y la cancelaron sobre todo por el contenido político. El peligro de esta obra radicaba en la posibilidad que daba de hablar directamente con la gente, porque era su lengua natal, a la medianoche del 31 de diciembre de 1977, me encarcelaron en una prisión de máxima seguridad”.

El escritor dijo que cuando estaba encarcelado se preguntó por qué las autoridades se interesaban mucho en coartar la libertad de expresión de una lengua africana y pensó en los castigos que se ejercen cuando se utiliza la lengua materna propia y sólo se autoriza la lengua colonizadora.

“Me di cuenta que esta práctica provoca un caos, porque asocias tu lengua con el castigo y el dolor, y asocias tu lengua originaria con lo bueno y lo positivo. Esta prácticas no estaban limitadas solamente a África, era una herramienta colonial muy importante de la cultura, era lo primero que los colonialistas hacían antes de establecer su iglesia y demás, querían destruir el pensamiento de las personas”.

Antes de finalizar su conferencia, Ngugi wa Thiong’o invitó a conocer The Upright Revolution, fábula que ha sido traducida a 68 lenguas, como parte de su iniciativa Jalada Africa, para luego hacer una firma de autógrafos de Matigari, libro que fue editado por El Colegio de México.

Copyright © 2017 La Crónica de Hoy .

Lo más relevante en México