
Juan Hernández, escultor de Naucalpan, dice sentirse afortunado por su vocación artística innata, pues desde los 10 años descubrió la pasión que lo definiría toda su vida; por lo que en los últimos 40 años, ha elaborado piezas de su autoría y fundido proyectos de otros artistas, que después se han exhibido en universidades, recintos culturales y galerías.
Su taller, en la colonia San Rafael Chamapa en Naucalpan, no sólo es un espacio de trabajo, sino el origen de sus obras, además de representar la realización de un sueño que tenía desde su adolescencia, cuando el dinero era escaso.”A los 18 años me metí a una fundidora para aprender el oficio de fundir las esculturas, también estudiaba en la Unidad Cuauhtémoc, donde conocí a Yvonne Domenge, yo le decía que quería poner un taller de fundición y ella me decía que estaba loco”, expresó el artista, cuya pasión era la creación de esculturas propias.
El trabajo como fundidor de otros artistas le brindó los recursos económicos necesarios para elaborar sus piezas. Durante su carrera, ha trabajado con maestros célebres como Jan Hendrix, Rivelino e Yvone Domenge. La relación con estos personajes le permitió mejorar su técnica.
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