Nacional

La gran explosión en San Juanico y el asesinato de Manuel Buendía

Un joven asistente del hombre caído quiso correr detrás del agresor, que escapó a bordo de una motocicleta. Pero la víctima, el periodista Manuel Buendía, uno de los columnistas políticos más importantes de México en aquellos años, se moría.

El funeral de un héroe
El funeral de un héroe El funeral de un héroe (La Crónica de Hoy)

Las tardes de fines de mayo son calurosas y traen a la Ciudad de México las primeras lluvias. La del 30 de mayo de 1984 no era excepción. En el tráfico de la Avenida de los Insurgentes se escucharon tiros. Un hombre de gabardina cayó al suelo, a unos pocos pasos del estacionamiento donde guardaba su auto. Un joven asistente del hombre caído quiso correr detrás del agresor, que escapó a bordo de una motocicleta. Pero la víctima, el periodista Manuel Buendía, uno de los columnistas políticos más importantes de México en aquellos años, se moría.

Fue el factor sorpresa, el acto relampagueante. Buendía no tuvo tiempo de defenderse. Solía ir armado, y solo dejaba la pistola que portaba cuando entraba a la Ciudad Universitaria para impartir su clase en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Era uno de los últimos periodistas mexicanos de renombre que aún se daba tiempo para compartir su experiencia con los jóvenes estudiantes de eso que se llama licenciatura en Ciencias de la Comunicación. Era, también, un crítico de los errores y de las deshonestidades que se percibían en el complejo engranaje gubernamental. En el curso de sus años de batalla, había recibido amenazas de algunos hombres poderosos, y por ellas se generaba en torno a él el respaldo de sus colegas y pares.

El asesinato del columnista levantó un clamor generalizado en la prensa mexicana. En la funeraria a donde llevaron su cuerpo, estuvo presente la mayor parte del gremio periodístico. “Nos unió el miedo”, dijo por lo bajo una periodista con muchas horas de vuelo. Tenía razón. Antes de sepultar a Buendía, se montó una guardia que era homenaje y era protesta y exigencia, en una plaza diminuta, dedicada al periodista Francisco Zarco, en el cruce de Reforma y Avenida Hidalgo.

Acogiéndose a la estatua del periodista decimonónico, sus descendientes profesionales exigieron el esclarecimiento del crimen. Sí, las balas que mataron a Buendía venían de algún punto de ese abismo que sigue siendo el poder político. Pero, ¿quién era el responsable?

Iba a transcurrir el resto de la década antes de que todo México se enterara.

LLAMAS EN EL CIELO: SAN JUANICO. El 19 de noviembre de 1994, algunos despistados, en el norte de la Ciudad de México, miraron al cielo hacia las seis y media de la mañana. Vieron el cielo rojizo, “Ya va a amanecer”, pensaron. El problema es que el sol sale por el este, no por el noroeste. Los pensamientos de los distraídos se interrumpieron por la fuerza del desastre: enormes columnas de fuego se elevaban por encima de los cerros de la cordillera de Guadalupe, junto a la Villa de Guadalupe. Del otro lado de uno de esos cerros, el pueblo de San Juan Ixhuatepec, conocido familiarmente como San Juanico, era ya una zona de desastre, devorado por un fuego incontenible.

En el pueblo habían explotado enormes tanques de almacenamiento de gas licuado de petróleo, pertenecientes a Pemex. Casas, familias enteras desaparecieron. Mientras los cuerpos de bomberos intentaban inútilmente contener las llamas, el desastre se volvió materia de discusión: el crecimiento desordenado, la existencia de zonas habitacionales junto a instalaciones de riesgo, la ausencia de protocolos de contención. Todo eso, junto, era la causa de las enormes llamaradas que habían empezado a incendiar el cielo antes de las 6 de la mañana.

Las explosiones cimbraban los ventanales de muchos rumbos del norte de la ciudad; se abrían las ventanas y se sentía el calor del enorme incendio, aunque hubiera un cerro de por medio. En San Juanico murieron, al menos, 500 personas y 2 mil quedaron heridas; la explosión arrasó con todo lo que había en un kilómetro a la redonda. La televisión permitió que en todo el país se enterara la gente de una historia de desidia y mala planeación. Lo terrible es que no iba a ser la única crisis que se viviría en aquella década.

Copyright © 2019 La Crónica de Hoy .

Lo más relevante en México