Cultura

Publican estampas de la vida cotidiana desde la visión de Guillermo Prieto

Como parte de la colección Penguin Clásicos, se edita Guillermo Prieto. Vida cotidiana y crónicas viajeras, una selección de relatos del acontecer de la sociedad mexicana

Retrato de Benito Juárez
Retrato de Benito Juárez Retrato de Benito Juárez (La Crónica de Hoy)

Una crónica que retrata cómo la herida de la invasión estadunidense al país durante 1847 aún era profunda 30 años después, fue escrita por el autor decimonónico Guillermo Prieto (1818-1897) cuando vio la estatua del general que quitó la bandera tricolor de Palacio Nacional para colocar la de franjas y estrellas. Esa anécdota y otros textos forman el libro Guillermo Prieto. Vida cotidiana y crónicas viajeras, editado por la colección Penguin Clásicos.

“Aunque existen diversas antologías que difunden la producción de autobiografía, crónica, cuadro de costumbres, ensayo periodístico y poesía de Guillermo Prieto, el Grupo Editorial Penguin Random House se interesó por incluir en su colección Clásicos Mexicanos una rica selección de relatos de este autor que enmarcan el acontecer de la sociedad mexicana, tanto en la Ciudad de México como en Cuernavaca, Querétaro, Veracruz y Zacatecas, así como su periplo en Estados Unidos de América”, señala la investigadora Lilia Vieyra Sánchez, quien realizó la edición del texto.

En opinión de la también académica del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Prieto fue un escritor polifacético que legó una obra que permite conocer el escenario político, social, económico y cultural del siglo XIX, “con un estilo ameno que invita a la lectura y por ello, es un clásico de la literatura mexicana”.

Los relatos que incluye el libro detallan desde cómo eran las peregrinaciones hacia la Villa de Guadalupe, al Santuario de los Remedios y a Chalma; hasta cómo los pies pequeños definían la belleza de las mexicanas y cómo se enfrentaron un toro y un tigre en una plaza.

No obstante, la crónica que destaca Lilia Vieyra Sánchez es la visita que hizo Guillermo Prieto a Estados Unidos (en 1877) acompañado de su hijo, ahí el escritor admiró la belleza de las americanas, criticó la falta de tertulias intelectuales y padeció el recuerdo de la pérdida de más de la mitad del territorio nacional.

“El investigador ucraniano Boris Rosen, recopilador de la obra completa de Guillermo Prieto, se ocupó de estudiar el itinerario de Prieto durante su estancia en Estados Unidos, viaje que se originó porque José María Iglesias buscaba apoyo para sostener su causa de ocupar la presidencia de México, afán al que Prieto se sumó”, indica.

La experiencia de viaje por San Francisco, Nueva Orleans y Nueva York maravilló tanto a Prieto que describió las bibliotecas, librerías, escuelas, edificios, calles, transportes y comodidades de la vida urbana, sin embargo, el recuerdo de la guerra contra Estados Unidos le indignó.

“El trágico recuerdo de la guerra contra Estados Unidos, donde Prieto fue actor y testigo, le provocó prejuicios que incidieron en que prefiriera regresar a su patria. El amor por su terruño lo hacía opinar que era mejor, a pesar de que las comparaciones le dejaban ver que nuestro país estaba atrasado frente a los avances científicos y tecnológicos de aquella nación”, señala Vieyra Sánchez. 

Guillermo Prieto escribió un diálogo con su hijo Manuel sobre no pasar frente a la estatua de William Jenkins Worth, el general que subió al Palacio Nacional para sustituir la bandera tricolor por la estadounidense, misma que ondeó durante varios minutos.

“¿Cómo en la patria de Washington se levantan monumentos al robo y a la brutal ostentación de la fuerza? ¿Cómo se enseña la inviolabilidad del derecho y se construyen columnas de honor a la más villana de todas las violaciones?”, escribió.

Lilia Vieyra comenta que en esta crónica, Prieto deslizó algunas pistas que evaden las razones políticas del trayecto. “Rosen señala que Prieto dejó sin consignar varios aspectos sobre el derrotero por la Unión Americana”.

¿Por qué el autor viajó a Estados Unidos con su hijo?, se le pregunta. “Hasta ahora desconozco los motivos por los que su hijo le acompañó. Al parecer, durante 1876, don Guillermo compartió con su hijo algunos cargos públicos que los periódicos de la época le recriminaron”, responde.  

HACER PATRIA. Los relatos que Penguin Random House reúne en este libro, en su mayoría, son cuadros de costumbres con los que “los escritores describían detalladamente la fisonomía de personas, objetos, lugares y prácticas que deseaban plasmar fielmente”, explica Lilia Vieyra.

En los cuadros de Prieto, éste censuraba algunas prácticas de la sociedad mexicana que deseaba corregir, añade, con fina ironía y que provocaba risa, pero evidenciaba abusos y establecía el reflejo de una sociedad que permite a los investigadores, a los curiosos, conocer la vida cotidiana de un siglo tan intenso.

Los viajes del autor no soslayaban su interés de que los lectores conocieran esos lugares a los que él llegaba. “Lugares que conoció a través de sus intensos periplos y consignó en su obra el atraso en que se hallaban para que las autoridades que estaban a cargo de esos sitios se preocuparan por mejorar el entorno. Prieto mostró interés en registrar la calidad de la arquitectura, la cultura y el arte”.

—Muchos autores dicen que el oficio de Prieto fue hacer patria, ¿concuerda usted con esa idea?

—Construir la patria implica conocer el país en que se nace, difundir la riqueza de cada región que lo integra, preocuparse por mejorar la industria, opinar sobre el comercio internacional, concientizar sobre el valor de las acciones de hombres que tomaron las armas para defender la nación y expresar ideas que permitan el desarrollo de México. Prieto se ocupó de esos aspectos en su obra con el propósito de contribuir al crecimiento de una patria que se forjaba día y día y el afán de hacer mejores mexicanos.

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