
Desde hace unos años, el tema de la migración de mexicanos y centroamericanos que buscan llegar a Estados Unidos para conseguir el llamado “sueño americano” se ha convertido en una constante dentro del cine hecho en México con un número considerable de producciones que lo abordan en diferentes formas, aunque casi siempre con un estilo muy parecido. Con su quinto largometraje documental, titulado La sombra del desierto (o el Paraíso perdido), el cineasta mexicano Juan Manuel Sepúlveda hace un acercamiento a los migrantes de un modo un tanto distinto a lo que nos tienen acostumbrados otros filmes similares y ahora todo está listo para que lo podamos ver en pantalla grande a partir del tres de diciembre.
El director egresado de la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas (ENAC), de la UNAM, conversó con Crónica Escenario sobre su nueva película, la cual cuenta una historia de no ficción que tiene lugar en una frontera que cada vez está más militarizada, donde mexicanos y centroamericanos intentan cruzar un desierto en el que han muerto miles de personas al buscar el mismo objetivo que ellos buscan; además de ser escenario del fenómeno migratorio, ese mismo territorio es el hogar de los últimos Tohono O’otham, el pueblo del desierto, que se resiste mientras se encuentra al borde de su desvanecimiento.
“El desierto nos permitía hacer coincidir estas dos historias de nomadismo porque al final la película se convierte en un gran retrato del nomadismo desde las dos fuerzas que atraviesan el desierto en ella, por un lado el pueblo originario de los Tohono O’otham y por el otro los migrantes tanto mexicanos como centroamericanos”, comenzó el realizador, refiriéndose al escenario en el que su nuevo trabajo se desarrolla, ese desierto en el cual existe la frontera entre México y Estados Unidos, que es uno de los desiertos más cruzados no sólo en la historia contemporánea, sino en la historia remota en general.
“Desde mi primera película está muy presente el tema migratorio y desde ese momento me di cuenta de que existían principalmente dos visiones sobre la migración, por un lado está la visión del Estado que cada vez es más injusta y violenta criminalizando al migrante, y por otro lado está la visión de los salvadores del mundo que deciden que el migrante es una víctima incapaz de nada que necesita que lo salven”, expresó.
“Desde esa primera película yo intenté empezar a romper con ambas visiones y generar una visión que retratara la complejidad de los seres humanos atravesados por tantos dolores y tantas esperanzas como todas las personas porque todos somos migrantes a final de cuentas, porque si no venimos de algún lado vamos para otro”, continuó.
“El ir a contracorriente de esas visiones es una constante a lo largo de mi obra y en La sombra del desierto no es la excepción, de hecho en esta película voy todavía un poco más allá al tratar de quitar esta carga económica que hay sobre el migrante en el sentido de que no es solo un exiliado económico que busca ganar dinero, pues hay un aspecto más existencial en el hecho de cruzar ese desierto”, comentó el director acerca de su interés por el tema de los migrantes para retratarlo en la pantalla en su filmografía hasta ahora, lo que se repite en su nueva cinta”, complementó.
Al mismo tiempo que conocemos diversas historias de migrantes en su peligroso paso por el desierto para llegar a su ansiado destino, conocemos también a los miembros que quedan del pueblo Tohono O’otham, uno que cada vez ve su población más disminuida y cuya lengua se está perdiendo, la mayoría ya no habita en el desierto porque se ha ido a buscar mejores condiciones de vida en las ciudades aledañas.
“La razón por la que yo llego al desierto es porque leo que hay una etnia binacional que se está oponiendo directamente a la militarización de la frontera entre México y Estados Unidos, y a la construcción de un muro que va a dividir al desierto en dos, me acerco a la comunidad y me reciben para contarme no solo la historia de un muro, que es el menor problema que tienen, sino para contarme su historia de una continua resistencia al desarrollo de cierta forma de vida, me decían que el desierto es infinito y no lo puedes amurallar, me decían que siempre habrá un lugar por el que puedan cruzar porque conocen muy bien ese desierto, lo conocen mejor que las autoridades y que muchos”, compartió el director sobre su experiencia al retratar en la pantalla la vida cotidiana de los Tohono O’otham.
Acerca de su manera de retratar a los migrantes en su nueva película, el cineasta también nos dijo que en esta ocasión les ha otorgado también cierto aspecto metafísico al relacionarlos con los personajes del poema de John Milton, El paraíso perdido, una épica en la cual un ejército de ángeles caídos trata de recuperar su paraíso perdido.
Juan Manuel Sepúlveda estrenará La sombra del desierto (o el Paraíso perdido) en salas de cine del país y de igual forma esta cinta formará parte de una retrospectiva dedicada al director, organizada por Cineteca Nacional y que se lleva a cabo en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey desde el 30 de noviembre para terminar el 3 de diciembre.
“Es un gran honor que una institución como la Cineteca, donde yo me formé como tantos colegas y cinéfilos de este país, me haga una retrospectiva, es un sueño y al mismo tiempo también significa mucha responsabilidad porque la Cineteca le está apostando a un cine que siempre ha tratado de ir a contracorriente, que ha tratado de no conformarse con las fórmulas que funcionan y que aspira a generar una visión crítica de la realidad no necesariamente alineada a lo políticamente correcto, lo que significa que hay que seguir haciendo este cine”, concluyó el realizador, refiriéndose a lo que siente ahora que siete títulos de su filmografía fueron seleccionados para mostrarse en un ciclo especial.
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