La argentina Gabriela Torres, una peculiar bailarina profesional en silla de ruedas, compitió en el Mundial Internacional de Tango de Buenos Aires, en el que busca lograr "un cambio en la mirada social".Torres participa por primera vez en este evento que reúne hasta el próximo 27 de agosto a los mejores bailarines del mundo del tango, 600 parejas participantes procedentes de 40 países."Hoy por hoy, ver a una persona en silla de ruedas que baile tango choca todavía", aseguró Pablo Pereyra, pareja artística de Torres durante los últimos ocho años.Pereyra sostuvo que el objetivo de ambos con esta participación es "derribar ciertas barreras y conceptos para salir adelante", fieles a la esencia de la compañía "Sin Fronteras" de la que forman parte.Con esta filosofía, investigaron la célebre melodía del "Oblivion" de Astor Piazzolla, agregaron sus propios movimientos y empezaron a darle forma a una coreografía que cautiva al lograr, incluso, dejar de lado la silla de ruedas por momentos."Fue un trabajo arduo" con el que comenzaron solos y que les llevó a "un montón de situaciones críticas", pero típicas de cualquier pareja de baile.Un esfuerzo que les ha llevado hasta el escenario del Mundial de Tango con movimientos sencillos y cálidos, "los más lindos", aseguran.Conocerse de antemano les permitió a Torres y a Pereyra que las cosas salieran fluidas para poder dar un sentido a la coreografía y contar una historia.Para la pareja, "cuando hay confianza, respeto, cariño de años, no hay egos por superarse uno al otro".Tras bajar del escenario, Torres mostró su satisfacción por el papel realizado en el Mundial."Se sintió, se disfrutó, el hecho de sentirlo y de vivirlo fue mucho mejor que ayer", remarcó con una gran sonrisa la bailarina, que deberá esperar a conocer si se clasificaron para la semifinal del certamen.Para Torres, no existe dificultad en este hito porque la silla de ruedas es su manera de andar por la vida, por lo que intentan darle protagonismo en las coreografías a través de trucos que la conviertan en un instrumento.Es precisamente la silla lo que le dio la posibilidad de mostrarse como bailarina, en un escenario o donde sea, asegura.Pese a todo, su objetivo no es competir ni ganar, confiesa su pareja de baile, pues aseguran que ya ganan con que la gente les conozca."A pesar de que el abrazo pueda ser dificultoso, son sensaciones que uno va experimentando y desafíos que queremos ir probando", agregó.La bailarina tiene un objetivo claro: quiere que su trabajo "siga trascendiendo" y no se quede sólo en una linda coreografía, pues esperan poder llevar su arte por "todo el mundo", incluso a Madrid o Galicia, donde la artista tiene parte de sus raíces.cg
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