Bienestar

La participación ciudadana debe ir más allá de escuchar a la sociedad: el reto es que sus aportaciones tengan incidencia real en las decisiones públicas, con procesos más incluyentes, territoriales y capaces de generar soluciones y resultados

Participar para incidir: Una nueva generación de participación ciudadana en Jalisco

En el marco del Día de la Participación Ciudadana, Cynthia Patricia Cantero Pacheco, Secretaria de Planeación y Participación Ciudadana del Gobierno de Jalisco, habla con Crónica sobre los retos de escuchar una sociedad cada vez más plural y diversa, incorporar nuevas voces a las decisiones públicas y avanzar hacia una participación que tenga cada vez mayor capacidad de incidencia.

Cynthia Patricia Cantero Pacheco, Secretaria de Planeación y Participación Ciudadana del Gobierno de Jalisco

Secretaria, este 30 de agosto Jalisco conmemora el Día de la Participación Ciudadana. ¿Qué significa hablar de participación ciudadana hoy?

—Significa hablar de un derecho y, al mismo tiempo, de una manera distinta de entender la relación entre gobierno y ciudadanía.

Durante mucho tiempo pensamos la participación principalmente a partir de mecanismos concretos: consultas, consejos, asambleas, presupuestos participativos. Todos son importantes; de hecho, en la Métrica de Participación Ciudadana que aplicamos desde la Secretaría de Planeación y Participación Ciudadana este año, en el Poder Ejecutivo se identificaron 92 espacios y prácticas de participación ciudadana, mientras que en los municipios se registraron 258 ejercicios participativos en 111 municipios del estado. Esto nos dice que Jalisco cuenta con un marco muy amplio en esta materia. Pero hoy necesitamos mirar un poco más allá.

Porque participar también significa que las personas puedan aportar su experiencia y conocimiento para comprender un problema, imaginar soluciones, definir prioridades, vigilar lo que hace el gobierno y evaluar sus resultados.

Y, en ese sentido, la participación cobra su verdadero significado cuando lo que las personas dicen puede verse reflejado en una decisión pública.

Participación ciudadana en Jalisco

Usted ha insistido en que no existe una sola manera de mirar los problemas públicos. ¿Por qué es importante reconocer esa diversidad?

—Porque ninguna institución, por sí sola, tiene una visión completa de la realidad.

Una niña observa su comunidad de manera distinta que una persona adulta mayor. Una mujer que utiliza diariamente el transporte público identifica cosas diferentes que quien diseña una política desde una oficina. Quien vive con una discapacidad encuentra barreras que muchas otras personas ni siquiera advertimos. Y las necesidades de una comunidad de la Costa no necesariamente son las mismas que las de Los Altos, la Región Norte o el Área Metropolitana.

Todas esas miradas tienen valor porque provienen de experiencias distintas.

El reto de las instituciones es saber escuchar esa diversidad y convertirla en mejores decisiones; pero escuchar muchas voces no es la meta, tenemos que preguntarnos y reflexionar sobre lo que nos están diciendo para incorporar ese aprendizaje a las decisiones del gobierno.

Participación ciudadana en Jalisco

¿Eso ha cambiado la manera en que el Gobierno de Jalisco está incorporando la participación ciudadana?

—¡Sí, por supuesto! Una de las apuestas de este Gobierno es entender la participación ciudadana como un eje transversal, que no corresponde únicamente a una Secretaría ni se limita a los espacios tradicionales de representación o a los mecanismos que establece y que ya conocemos.

Por eso, lo que estamos buscando desde la Secretaría es que, progresivamente, todas las dependencias del Gobierno incorporen mecanismos de participación e incidencia en su propio trabajo y en las decisiones que toman.

Para lograrlo estamos trabajando en dos sentidos. Primero, necesitamos que las y los servidores públicos aprendamos a relacionarnos de otra manera con la ciudadanía, escuchar mejor, dialogar y saber incorporar esas perspectivas al trabajo cotidiano.

Y segundo, estamos trabajando con las dependencias para identificar en qué momentos, procesos y decisiones públicas podemos, y debemos, incorporar la participación de las personas.

Porque no todos los temas requieren el mismo mecanismo ni todas las decisiones se construyen de la misma manera. El reto es identificar dónde la experiencia y el conocimiento de las personas pueden ayudarnos a comprender mejor un problema, enriquecer una política pública o encontrar soluciones distintas.

Y todo esto lo estamos haciendo así porque queremos que cada vez sea más clara la relación entre participar y decidir.

Participación ciudadana en Jalisco

Uno de los elementos que más ha distinguido esta agenda es la incorporación de niñas, niños y adolescentes. ¿Qué han aprendido de su participación?

—Primero, que tenemos que dejar de pensar que las infancias solamente deben participar cuando hablamos de temas “de niñas y niños”.

Ellas y ellos tienen una visión sobre su escuela, su colonia, el medio ambiente, la seguridad, los espacios públicos, la convivencia y el futuro de sus comunidades. Y muchas veces observan cosas que las personas adultas hemos normalizado.

Por eso, su participación estuvo presente en la construcción del Plan Estatal y también la estamos incorporando en otros ejercicios, como el Presupuesto Abierto y Participativo, la asamblea climática y la consulta sobre el corredor de López Mateos.

Escuchar a las infancias también nos obliga a innovar, porque no podemos pedirles que participen exactamente de la misma manera que una persona adulta; estamos también adaptando nuestro lenguaje, las metodologías y los espacios para que puedan expresarse desde su propia experiencia.

Y eso también queremos replicarlo para cualquier grupo de población, pues una participación verdaderamente incluyente implica reconocer que no todas las personas pueden participar de la misma manera y que tenemos que generar condiciones distintas para que todas puedan hacerlo.

Participación ciudadana en Jalisco

Este año Jalisco puso en marcha su primer Presupuesto Abierto y Participativo estatal. ¿Qué representa este ejercicio?

—Para nosotros representa un cambio importante, porque por primera vez estamos acompañando una decisión pública desde la consulta hasta la vigilancia de su cumplimiento; ya no se trata solamente de consultar, sino también de un ejercicio de cocreación y de dar seguimiento a lo que se decidió.

En una primera etapa, más de 900 mil personas participaron para definir prioridades sobre una bolsa de 1,700 millones de pesos. Pero quisimos ir más allá de la consulta.

Por ejemplo, en el caso de la intervención de escuelas, estamos trabajando directamente con niñas y niños para que participen en el diseño de los espacios que utilizan todos los días. La cocreación significa justamente eso, no llegar con una solución completamente definida, sino incorporar la experiencia de quienes viven ese espacio para decidir mejor qué se necesita y cómo debe resolverse.

Y hay una tercera parte que para nosotros es igualmente importante: la vigilancia social. Ya instalamos el primer Comité de Vigilancia Social del Presupuesto Abierto y Participativo, en la Secundaria 100 de Zapotlán el Grande, para que las personas puedan acompañar la ejecución de los proyectos, conocer cómo avanzan y verificar que lo que se decidió efectivamente se cumpla.

Ahora estamos esperando el regreso a clases para continuar los ejercicios de cocreación y seguimiento con las comunidades escolares, que incluye no solo a las y los estudiantes, sino a la comunidad docente, a los padres de familia y vecinos de la comunidad.

Y eso es justamente lo que queremos demostrar con este ejercicio, que participar no termina cuando alguien vota o da una opinión; también puede significar ayudar a diseñar una solución y acompañar o vigilar lo que ocurre después.

¿Qué papel juegan los municipios y los territorios en esta nueva visión?

—Uno central, porque la participación ocurre, sobre todo, donde transcurre la vida cotidiana de las personas, en sus colonias, sus comunidades y sus municipios.

Por eso, una parte importante de nuestro trabajo ha sido fortalecer capacidades en los territorios, y hacerlo en dos sentidos. Por un lado, acompañar a los gobiernos municipales para que cuenten con mejores herramientas, reglas y mecanismos que les permitan abrir sus decisiones a la ciudadanía y sostener una relación más permanente con ella.

Hoy 115 municipios cuentan con consejos municipales de participación conformados, pero para nosotros el reto no termina ahí; tener un consejo es importante, pero lo verdaderamente relevante es que existan condiciones para que la participación funcione y pueda generar resultados.

Y, por otro lado, también queremos fortalecer las capacidades de las propias personas y comunidades. En los municipios hay una ciudadanía muy activa y participativa, con conocimiento de su territorio, experiencia organizativa y una enorme disposición para involucrarse en los asuntos públicos. Lo que necesitamos es ayudar a que esa participación encuentre mejores canales y tenga más peso en las decisiones públicas.

Por eso también estamos llevando ejercicios de diálogo, formación y participación a distintos territorios del estado. No podemos pensar la participación únicamente desde Guadalajara ni suponer que un mismo modelo funciona de la misma manera en todos lados.

Cada territorio tiene necesidades, capacidades y formas distintas de organizarse. A partir de ahí, nuestra tarea es reconocerlas y fortalecerlas, para que tanto los gobiernos municipales como las personas cuenten con mejores herramientas para construir soluciones juntos.

Participación ciudadana en Jalisco

También han vinculado participación ciudadana y cultura de paz. ¿Qué relación existe entre ambas?

—Es una relación fundamental, porque cuando hablamos de paz no nos referimos solamente a la ausencia de violencia o a una tarea que corresponda exclusivamente a las instituciones de seguridad.

En la Secretaría, hemos comprendido que construir paz significa generar las condiciones para que las personas puedan vivir con dignidad, sin miedo, sin exclusión y con posibilidades reales de participar en las decisiones que afectan su vida. Tiene que ver con justicia y con igualdad, pero también con algo muy cotidiano: poder confiar, organizarnos y resolver juntos los problemas de una comunidad.

Desde esa perspectiva, la participación ciudadana es una condición para construir paz, porque muchas de las violencias que deterioran una comunidad no siempre son visibles: están en la desigualdad, en la discriminación, en la falta de oportunidades, en el abandono de los espacios públicos o en la sensación de que la voz de las personas no tiene ninguna consecuencia.

Por eso apostamos por comunidades que puedan expresar lo que viven, identificar qué está dañando su entorno y participar también en la construcción de las soluciones.

Esto se vuelve muy claro, por ejemplo, en la recuperación del espacio público. No basta con rehabilitar físicamente un parque, una plaza o una calle. Para que un espacio vuelva realmente a la comunidad necesitamos escuchar a quienes lo utilizan, entender por qué dejó de ser un lugar de encuentro, decidir con las personas qué necesitan de él y generar condiciones para que vuelvan a habitarlo, cuidarlo y hacerlo suyo.

La lógica de los diálogos territoriales que estamos desarrollando es partir de que las comunidades también tienen respuestas, conocen sus problemas, sus capacidades y muchas veces saben qué podría funcionar mejor en su territorio.

Después de estos primeros años de trabajo, ¿cuál considera que es el siguiente reto para la participación ciudadana en Jalisco?

—Creo que estamos entrando en una etapa muy interesante.

Durante años fue necesario construir mecanismos, instituciones y espacios de participación. Ese trabajo sigue siendo indispensable. Pero ahora tenemos que hacernos una pregunta adicional: ¿qué ocurre después de que las personas participan?

Ahí está la agenda que queremos impulsar.

Que una persona pueda saber qué pasó con su propuesta; que participar sea realmente posible para todas las personas; que usemos la tecnología para acercar, no para excluir; y que también evaluemos si nuestros procesos están sirviendo.

En pocas palabras, tenemos que avanzar de una participación que abre espacios a una participación que genera incidencia. Porque no basta con que el gobierno escuche, lo importante es qué hace con lo que escucha y si eso termina mejorando una decisión o resolviendo un problema público.

Ese es, para mí, el sentido más profundo de conmemorar el Día de la Participación Ciudadana: recordar que lo público no pertenece únicamente al gobierno; lo público nos pertenece a todas y a todos, y por eso debemos participar, involucrarnos e incidir. Que las decisiones se conviertan en acciones concretas, y las acciones en resultados que mejoran la vida de la gente.

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