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“Salida 8”: Una joya minimalista del terror psicológico

“no pases por alto ninguna anomalía…”

“sí encuentras una anomalía, regresa inmediatamente…”

“sí no encuentras una anomalía, no regreses…”

“salga por la salida 8.”

Esta es la premisa de esta película de terror y suspenso japonés que honestamente me sorprende que vaya a estar en los cines de nuestro país; normalmente este tipo de películas se iban directamente a streaming (o a DVD hace años). Como dato al margen, un servidor, como organizador de convenciones, siempre vio lo socorrido que era este género por cierto sector cinéfilo.

Salida 8

Cabe mencionar que esta película, antes de llegar a cines comerciales, ya fue proyectada con éxito en varios Festivales Internacionales. Pero entremos en contexto sobre el tema antes de empezar con nuestra reseña.

El cine de terror oriental es un género aparte; desde hace décadas, sus historias son algo muy distinto a las que vemos en el cine occidental: tramas bizarras que ocupan ser digeridas con calma para terminarlas de entender, finales completamente inesperados y una narrativa hecha para asustar al cinéfilo y sacarlo de su zona de confort. Hay muchos títulos que, debido a su éxito, han sido adaptados al cine hollywoodense; la película El Aro es un ejemplo de ello. Podría hacer una lista de recomendaciones del género, pero me faltaría espacio.

Salida 8

Basado en el videojuego homónimo de éxito mundial creado por Kotake Create, el director Genki Kawamura hizo un excelente trabajo en la adaptación, tomando en cuenta que sus reglas son desconcertantemente complicadas.

La historia comienza de una forma muy cotidiana en la vida de la gran ciudad. Mientras viajaba en el metro, un hombre interpretado por Kazunari Ninomiya (conocido como El Hombre Perdido) presencia cómo otro hombre regaña a una madre por no calmar a su bebé que lloraba. El Hombre Perdido recibe entonces una llamada de su exnovia, quien le informa que está embarazada de su hijo y le pregunta qué debe hacer. Al perder la conexión telefónica, de pronto El Hombre Perdido queda atrapado en un pasillo subterráneo y desierto del metro que se repite infinitamente. Al leer unas instrucciones en la pared, descubre que debe llegar a la Salida 8 retrocediendo cada vez que el pasillo presente una anomalía y avanzando cuando no la haya. Las anomalías pueden variar desde rostros en carteles que siguen los movimientos de El Hombre Perdido hasta sangre que cae del techo. Cualquier error lo devuelve a la Salida 0, reiniciando su progreso en este tétrico laberinto.

Salida 8

El suspenso crece con cada bucle que avanza y luego retrocede; la trama va atrapando al cinéfilo conforme avanza. Kawamura ha convertido una premisa simple (en la que un jugador debe correr repetidamente por un corto pasaje subterráneo para buscar una salida) en un thriller psicológico que explora la culpa y la redención de un hombre.

Al llegar a la Salida 5, El Hombre Perdido recibe una llamada de su exnovia, quien le ruega que la ayude a tomar una decisión. El Hombre Perdido relata la discusión que presenció en el tren, contando que nadie defendió a la mujer; luego, entre lágrimas, confiesa que no haberla defendido lo hace sentir incapaz de ser padre. En ese momento, la exnovia del Hombre Perdido aparece sorprendentemente en el pasillo, revelándose como una simple e inexplicable aparición, y enviándolo dolorosa y desesperadamente de vuelta a la Salida 0.

Salida 8

Finalmente, El Hombre Perdido conoce a un Niño, un pequeño que había estado siguiendo al Hombre Caminante, una entidad inerte que El Hombre Perdido ve caminando por el pasillo en cada bucle, en el que busca algún detalle que le indique cómo salir. Mediante un flashback, se revela que El Hombre Caminante también se perdió una vez, pero se convirtió en parte del bucle tras abandonar al Niño por una falsa Salida 8. Aunque inicialmente silencioso, poco a poco el Niño demuestra ser muy perspicaz y, con su ayuda, El Hombre Perdido avanza con paso firme, ayudándolo a calmar su desesperación, haciendo ambos un equipo improbable pero efectivo. El Niño se abre gradualmente a El Hombre Perdido y termina confesándole que huyó de su madre y, curiosamente, le da un caparazón de cangrejo ermitaño para la buena suerte.

Salida 8

Lo que menciono a continuación no es spoiler, pero es importante en este género hablar del tono del final de la historia: hay películas de terror oriental que no llegan a ninguna parte, pero afortunadamente este no es el caso. Después de asustarnos y llevarnos por laberintos y acertijos, el final es claro y me atrevería a decir que es el final correcto después de haber sudado frío junto al protagonista.

Hay detalles geniales como la obra de Escher, Cinta de Möbius II (Hormigas Rojas), que cuelga en uno de los carteles del túnel; es una metáfora de la vida del personaje principal. Las hormigas recorren su camino en forma de ocho una y otra vez, pero finalmente no llegan a ninguna parte y permanecen atrapadas en su recorrido.

Toda la trama (bastante densa) es una metáfora que al final se descubre como un misterio resuelto con un mensaje positivo que se agradece. Además, este filme psicológico refleja la sociedad contemporánea (japonesa) en cuanto a actitudes hacia los demás y prioridades en la vida.

Recomendable para los cinéfilos que gusten de cine intenso, una historia original y terror contundente. ¡Nos vemos en el cine!

DATO

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