Cronomicón

El documental de Cristóbal Valenzuela reconstruye el caso Eugenio Berríos en una inquietante exploración sobre dictadura, crimen y memoria histórica

Cocaína Negra: la memoria envenenada de un país

Presentada en México durante la edición 41 del Festival Internacional de Cine de Guadalajara, dentro de la muestra de cine chileno, Cocaína Negra confirma a Cristóbal Valenzuela como una de las voces documentales más arriesgadas e incisivas del panorama latinoamericano actual. Su más reciente largometraje no solo revisita uno de los casos más oscuros de la historia reciente de Chile, sino que lo convierte en una experiencia cinematográfica inquietante, absorbente y profundamente política.

Cocaína Negra (Cortesía)

La película parte del hallazgo de unas cintas de audio grabadas por el bioquímico Eugenio Berríos, personaje clave en las redes clandestinas que enlazaron dictadura, inteligencia militar, armas químicas y narcotráfico. A partir de este descubrimiento, Valenzuela reconstruye el ascenso y la caída de una figura marcada por la violencia estructural de su tiempo, hasta desembocar en una autodestrucción tan simbólica como brutal.

Lo más fascinante de Cocaína Negra es que no se limita a exponer hechos: los interroga. El filme nació originalmente como un documental sustentado en entrevistas con expertos e historiadores, pero la aparición inesperada de seis cintas con la voz del propio Berríos obligó al equipo a detener la producción y replantear por completo el guion. Esa transformación se percibe en pantalla como una obra viva, que responde al misterio con nuevas preguntas y que encuentra en el archivo una forma de tensión dramática pocas veces vista en la no ficción regional.

Con una mirada que combina rigor periodístico, densidad histórica y una puesta en escena envolvente, la película hace visible aquello que durante décadas permaneció en las sombras: las conexiones entre ciencia, crimen y poder. La coproducción entre Blume (Chile) y Passaparola (Uruguay) fortalece esa dimensión transnacional del relato, especialmente porque Uruguay tuvo un papel decisivo en el desenlace del caso.

En Chile, la cinta confronta heridas aún abiertas de la transición democrática; en Uruguay, activa la memoria de un episodio compartido. En ambos territorios, Cocaína Negra funciona como una denuncia, pero también como un ejercicio de memoria colectiva. El caso Berríos sigue siendo uno de los más reveladores de la posdictadura chilena, al evidenciar que estructuras clandestinas continuaron operando incluso después del retorno formal a la democracia.

Cristóbal Valenzuela, cineasta con una sólida trayectoria en el montaje, vuelve a demostrar su capacidad para construir relatos complejos y cinematográficamente potentes. Tras Robar a Rodin e Isla Alíen, da un paso adelante con una propuesta híbrida donde la no ficción se contamina deliberadamente con mecanismos narrativos propios del thriller y del cine de espionaje.

Más que un documental histórico, Cocaína Negra es una inmersión en los residuos tóxicos del poder. Una película que incomoda, perturba y obliga a mirar de frente aquello que muchos preferirían olvidar.

Lo más relevante en México