Por fin llega a la gran pantalla una de las películas más esperadas desde que se supo de su preproducción: la biopic de Michael Jackson, por fin contada desde su propia perspectiva, sin escándalos ni morbo.

La verdadera historia del genio de la música, uno de los mejores artistas de todos los tiempos: cantante, actor, compositor y excelente bailarín. Una leyenda que marcó un antes y un después en la historia de la música pop.
El hilo conductor de esta historia es la dura relación de Michael con su padre, Joseph Jackson, un hombre manipulador y egoísta, obsesionado con explotar el talento de sus hijos.

La historia comienza a principios de los sesenta en Gary, Indiana, donde vivía la familia Jackson, integrada por cinco niños y una niña: Tito, Jermaine, Marlon, Jackie, La Toya y Michael; además de Katherine, una madre amorosa, y Joe, un padre violento que trabajaba en una fundidora y buscaba salir de la pobreza a como diera lugar, incluso explotando a sus hijos varones, con quienes forma el grupo de los Jackson 5 y a quienes ponía a ensayar todas las noches, sin importar su cansancio.
Veremos su ascenso desde modestos clubes y bares hasta llegar a estadios, con una constante en la historia: la ambición y los maltratos de su padre, así como el deseo de Michael de ser él mismo y poder crear música libremente.
Lo mejor de la narrativa es que se centra en la historia de Michael, su talento, su entorno y su forma de ver el mundo desde un contexto único en su género. Aunque vemos los abusos violentos de Joseph contra su propio hijo (Michael), no hay escándalos ni escenas que solo buscan crear morbo (como en ciertas películas no autorizadas y de bajo presupuesto).

Por el contrario, se presenta la historia de un niño humilde y tímido que nunca tuvo una niñez normal; que nació con un talento privilegiado para cantar y bailar. Se tocan temas de los que nunca se habló abiertamente: lo difícil que fue ser una superestrella desde niño, la imposibilidad de tener amigos de su edad, el famoso accidente en el comercial de Pepsi —más serio de lo que se dijo en su momento—, y lo que implicó llegar a la adultez bajo un tiránico yugo paternal.
En la parte más amable, vemos de dónde se inspiró para sus mejores trabajos y quiénes fueron sus verdaderos amigos.
Todas las “excentricidades” que tuvo, y que ayudaron en cierta forma a crear el mito de Michael, son explicadas de manera sencilla, mostrando cómo se fue construyendo la personalidad del genio. De igual forma, no aborda temas que ya han sido tratados hasta el cansancio en documentales baratos; incluso se da el lujo de no mencionar el nombre de varios protagonistas, aunque si se conoce un poco la historia de Michael es fácil identificarlos.

Sobre las actuaciones, Jaafar Jackson (hijo de Jermaine) hace un gran trabajo personificando a su tío. Pero quien también se lleva las palmas es el actor Colman Domingo, quien construye a un gran antagonista (el cinéfilo termina odiando al personaje), enmarcado en una excelente caracterización.
La construcción de Michael Jackson también estuvo marcada por una conexión personal profunda. Jaafar Jackson creció observando a su tío, estudiando cada gesto, movimiento y energía desde una edad temprana. Esa cercanía se transformó en disciplina una vez que asumió el papel. Durante dos años, Jaafar se sometió a un entrenamiento intenso y constante, ensayando durante horas cada día hasta lograr una transformación total.
“Fui implacable… hasta que llegué a creer de verdad lo que veía en el espejo”, afirma sobre un compromiso que no solo fue físico, sino también emocional.

Incluso para el director Antoine Fuqua, la elección fue clara desde el inicio. La combinación entre parecido físico, sensibilidad y una cualidad emocional auténtica terminó por confirmar que Jaafar era el indicado. Su interpretación no solo busca replicar a Michael, sino capturar esa esencia intangible que lo convirtió en un fenómeno global.
A su lado, el elenco construye el universo que dio origen al fenómeno. El joven Michael cobra vida a través de Juliano Valdi, quien logra capturar la esencia de sus primeros años con una naturalidad sorprendente y una notable capacidad para absorber estilos clásicos y llevarlos a la pantalla con autenticidad. Mientras que Nia Long, ganadora en cuatro ocasiones del Premio NAACP, da vida a Katherine Jackson, una figura clave en el equilibrio emocional del núcleo familiar.
La música merece una mención aparte. De hecho, hay dos protagonistas: uno es Michael y el otro es su música. La selección de canciones es muy acertada y, si eso se combina con un excelente vestuario —donde se cuidó hasta el más mínimo detalle— y se agregan presentaciones en vivo, el resultado es una joya de película.
Como dato extra, se extrañó la presencia del personaje de Janet Jackson (hermana menor de Michael), quien al parecer tuvo problemas con la producción y se decidió dejar fuera.

Muchos fans (al igual que yo) sé que saldrán con una visión distinta y más positiva respecto al Rey del Pop, quien, por cierto, está más vivo que nunca.
Recomendable para los fans de Michael Jackson y para cinéfilos que disfrutan de la buena música. ¡Nos vemos en el cine!
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