The Drama, la nueva película de Zendaya y Robert Pattinson, parte de una premisa intrigante: una pareja a punto de casarse ve su relación tambalearse cuando ella revela un secreto devastador de su adolescencia. Hasta ahí, la propuesta parece una exploración incómoda sobre el amor, la culpa y los límites del perdón. El problema es que la película decide que ese secreto sea la planeación de un tiroteo escolar.
Y es precisamente ahí donde surge la principal dificultad de la cinta.
No porque el cine no pueda abordar temas incómodos o incluso atroces. Lo ha hecho siempre. El problema es que The Drama parece utilizar uno de los mayores traumas sociales de Estados Unidos como un giro narrativo diseñado para incomodar al espectador más que para reflexionar seriamente sobre sus consecuencias. Diversos críticos y especialistas han señalado que la película maneja el tema con una ligereza que resulta extraña para la gravedad de lo que plantea.
La sensación constante es que el filme busca provocar una reacción de sorpresa antes que construir una discusión profunda. ¿Puede alguien redimirse después de haber contemplado un acto así? Es una pregunta válida. Sin embargo, la película parece más interesada en el shock que en las respuestas.
Para el público mexicano, además, existe una distancia cultural difícil de ignorar. Los tiroteos escolares forman parte de una tragedia recurrente en Estados Unidos, mientras que en México no ocupan el mismo lugar dentro del imaginario colectivo. Por eso surge inevitablemente una pregunta: ¿con qué podría compararse esta confesión en nuestro contexto?
Quizá con alguien que revelara haber participado en actividades del crimen organizado, haber planeado un secuestro o haber estado involucrado en un episodio de violencia extrema relacionada con el narcotráfico. No porque sean situaciones idénticas, sino porque representan heridas sociales profundamente arraigadas que generan una reacción inmediata de horror y rechazo. Son temas que trascienden el ámbito personal para convertirse en traumas colectivos.
Y ahí es donde The Drama se vuelve particularmente extraña para el espectador mexicano: la película pide que entendamos la magnitud de la confesión, pero al mismo tiempo la rodea de humor negro, incomodidad romántica y situaciones casi absurdas. El resultado es un tono que nunca termina de encontrar equilibrio.
Eso no significa que la película sea un desastre. Zendaya ofrece una actuación contenida y compleja, mientras que Pattinson vuelve a demostrar su habilidad para interpretar personajes emocionalmente descompuestos. Ambos sostienen una historia que, en manos menos talentosas, probablemente habría colapsado bajo el peso de su propia premisa.
Sin embargo, al terminar la función queda la sensación de que la película confunde controversia con profundidad. La pregunta que plantea es interesante; la forma en que la desarrolla, no siempre.
The Drama quiere ser una reflexión sobre el amor incondicional, la redención y los secretos que pueden destruir una relación. Lo consigue por momentos. Pero también deja la impresión de que escogió uno de los temas más dolorosos de la sociedad estadounidense simplemente porque sabía que nadie podría dejar de hablar de él. Y eso, más que valiente, termina sintiéndose calculado.