Cronomicón

La escritora llamó a las nuevas generaciones a defender la esencia del oficio en una época dominada por la inmediatez, los algoritmos y la búsqueda constante de viralidad

El periodismo no es una tendencia: Elena Poniatowska reflexiona ante la era viral

“Las redes sociales están abarrotadas de influencers o blogueros que acaparan espacios para deshumanizar un oficio tan noble como el periodismo”, advirtió la escritora y periodista Elena Poniatowska durante la conferencia magistral que impartió como parte del cierre de estudios de la séptima generación de la Unidad de Investigaciones Periodísticas de la UNAM.

La autora de La noche de Tlatelolco no habló únicamente de plataformas digitales. Su reflexión apuntó a algo más profundo: el riesgo de que el periodismo pierda aquello que lo distingue en medio de la carrera por generar contenido constante. Para Poniatowska, informar no consiste solamente en describir hechos, sino en investigarlos, comprenderlos, denunciarlos cuando sea necesario y transmitirlos con responsabilidad.

Sus palabras llegan en un momento en que las fronteras entre periodismo, entretenimiento y creación de contenido parecen cada vez más difusas. Hoy, millones de personas se enteran de los acontecimientos a través de videos cortos, transmisiones en vivo o publicaciones realizadas por influencers que muchas veces poseen más alcance que los medios tradicionales. El fenómeno ha obligado a replantear las formas de comunicar, pero también ha abierto un debate sobre la calidad y profundidad de la información que circula en internet.

Sin embargo, reducir la discusión a una confrontación entre periodistas e influencers sería simplificar demasiado el problema. La tecnología no es el enemigo del periodismo. De hecho, las herramientas digitales han permitido democratizar la información, acercar nuevas audiencias a temas complejos y abrir espacios que antes estaban reservados para unos cuantos medios de comunicación. El desafío no está en el formato, sino en los principios que sostienen el contenido.

La observación, una de las virtudes que han distinguido a generaciones de reporteros, parece especialmente amenazada por la lógica de la inmediatez. Las redes premian la rapidez; el periodismo exige detenerse. Mientras los algoritmos favorecen la reacción instantánea, el trabajo periodístico requiere contexto, contraste de fuentes y comprensión de los fenómenos que narra. La diferencia entre ambos procesos puede parecer mínima, pero es justamente ahí donde se construye la credibilidad.

Poniatowska pertenece a una generación que entendió el periodismo como una inmersión en la realidad. Su trabajo no consistía únicamente en relatar acontecimientos, sino en escuchar a quienes rara vez tenían voz pública. Esa tradición periodística, basada en la observación paciente y la cercanía con las personas, sigue siendo relevante incluso cuando las historias se cuentan en TikTok, Instagram o YouTube.

La viralidad, por sí sola, no puede convertirse en el objetivo principal del oficio. Una noticia puede acumular millones de reproducciones y, aun así, carecer de contexto o rigor. Del mismo modo, un reportaje de investigación puede tardar meses en realizarse y alcanzar una audiencia más pequeña, pero generar un impacto social mucho más profundo. El valor del periodismo nunca ha estado en la cantidad de clics, sino en su capacidad para explicar la realidad y exigir rendición de cuentas.

Por eso, más que una crítica a las nuevas plataformas, las palabras de Elena Poniatowska pueden entenderse como un recordatorio para quienes ejercen el oficio en cualquier formato. La tecnología seguirá transformando la manera en que se consume información; lo que no debería cambiar es el compromiso con la verdad, la ética y la observación. En una época saturada de contenido, quizá esas cualidades son más necesarias que nunca.

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