Hubo una época en la que descubrir música era toda una aventura. Eran los años dorados de MTV Latino y existía un programa llamado Raizónica, conducido por Alfredo Lewin, que se convirtió en una ventana para conocer lo que estaba ocurriendo en la escena musical del continente. Ahí desfilaban bandas como Babasónicos, Todos Tus Muertos, Los Fabulosos Cadillacs, Aterciopelados, Los Tres, Los Prisioneros y, por supuesto, Los Tetas.

Fue precisamente en ese programa donde apareció por primera vez el video de “Corazón de sandía”, una canción incluida en Mama Funk. Bastaron unos minutos para entender que aquella banda chilena traía algo diferente. El disco era una auténtica bocanada de aire fresco: rítmico, luminoso, atrevido y con una actitud desbordante. Funk cantado en español, mezclado con hip hop, soul y mucho groove, cuando muy pocos se atrevían a hacerlo en Latinoamérica.
No pasó mucho tiempo para que Los Tetas llegaran a Guadalajara. Gracias al programa local Generación X, dedicado a los videos musicales y la cultura urbana, la banda se presentó en el mítico Roxy, ese recinto que durante años fue el mejor escenario para recibir propuestas nacionales e internacionales. El concierto fue, simplemente, chingón. Una noche donde el funk hizo sudar las paredes y confirmó que el grupo había conquistado al público mexicano.

Hablar de Los Tetas también es hablar del funk. Este género nació en Estados Unidos a finales de los años sesenta, cuando músicos afroamericanos comenzaron a fusionar soul, jazz, R&B y ritmos afrolatinos para crear una música donde el bajo y la percusión se convirtieron en protagonistas. El resultado fue un sonido irresistible, pensado para bailar y mover el cuerpo antes que para lucir grandes melodías.
A esa base rítmica, Los Tetas le añadieron otra influencia que marcó a toda una generación: el hip hop. Surgido en los barrios de El Bronx y Harlem, en Nueva York, este movimiento cultural integró el rap, los DJ, el breakdance y el graffiti como una forma de expresión que terminaría conquistando al mundo. La banda chilena entendió muy pronto que ambos universos podían convivir perfectamente.

Por eso, cuando apareció Mama Funk en 1995, el disco rompió moldes. Publicado por EMI Odeón Chile, el álbum presentó una colección de canciones que hoy siguen sonando frescas: “Este es el juego”, “La paradoja”, “Sale Luca”, “Gángster”, “Superteta”, “Generación perdida”, “Segundo subterráneo”, “Audrey Charlot”, “La risa del diablo”, “Corazón de sandía”, “El sol no tiene ganas de venir”, “Strike da Posse” y “Hormigas planas”, entre otras.
Formados en Santiago de Chile en 1994, Los Tetas fueron pioneros en mezclar funk, hip hop, soul, rock, R&B, disco y pop en español. Su propuesta abrió camino para muchas bandas latinoamericanas que, años después, encontrarían en la fusión su sello de identidad.
Treinta años después, Mama Funk mantiene intacta su energía. No es un disco para recordar con nostalgia; es un álbum para volver a poner en la tornamesa, subir el volumen y comprobar que el groove nunca pasa de moda.

Y la mejor noticia es que el funk está de regreso.
Los Tetas se presentan en Guadalajara el próximo 7 de agosto en el Anexo Independencia, una oportunidad perfecta para reencontrarse con una de las bandas fundamentales de la música latinoamericana de los noventa y celebrar, en vivo, tres décadas de un álbum que sigue sonando tan fresco como el primer día.