El tema de la Segunda Guerra Mundial es muy socorrido en el cine dentro del género bélico. Generalmente, los subtemas que cuentan con más películas son el ataque a Pearl Harbor y la bomba atómica; incluso, varias de estas producciones han sido ganadoras de importantes premios. Por eso, desde un principio me llamó la atención la recomendación de hoy, ya que aborda el tema del Día D, aquel momento de 1944 en el que ocurrió una de las batallas más grandes y decisivas del conflicto mundial (de hecho, la mayor invasión por mar de la historia), pero además narra los hechos desde una perspectiva muy particular.

Ya en “Salvando al soldado Ryan” (1998) vimos la batalla desde los ojos de los soldados y los jefes militares en el campo de batalla; esta vez, la historia se cuenta desde la trinchera del cuartel general, a través de la experiencia del mejor meteorólogo militar británico, el capitán James Stagg.
Hace tiempo que no se hacía cine bélico e histórico de esta calidad. Es una de esas películas que corren el riesgo de perderse entre la vorágine de estrenos de la temporada de verano.

Las escenas más fuertes del campo de batalla están bien dosificadas; no son tan crudas como las de otras cintas del género. La trama principal se centra en lo difícil que resulta tomar una decisión tan trascendente, de la que dependen miles de vidas, y más aún cuando esa decisión está basada en la opinión experta de un meteorólogo que, aunque suene a cliché, tiene como arma más poderosa su conocimiento del clima.

Horas antes del Día D, una decisión cambió al mundo. Basada en una historia real jamás contada, “El día D: Bajo presión” está protagonizada por Andrew Scott, Brendan Fraser, Kerry Condon, Chris Messina y Damian Lewis. En las tensas 72 horas previas al desembarco, con el destino del mundo pendiendo de un hilo, la película sigue al general Dwight D. Eisenhower (Fraser) y al capitán James Stagg (Scott) mientras enfrentan una decisión imposible: lanzar la invasión marítima más grande y peligrosa de la historia o arriesgarse a perder la guerra por completo.

Quedan 72 horas para el Día D y todo está listo, salvo un elemento clave: el clima. El capitán James Stagg, jefe del Servicio Meteorológico Británico, recibe el encargo de elaborar el pronóstico más trascendental de la historia. Unas condiciones climáticas adversas podrían arruinar la mayor invasión marítima jamás realizada, mientras que cualquier retraso podría permitir que los servicios de inteligencia alemanes descubrieran los planes aliados. El general Dwight D. Eisenhower deberá tomar la decisión que determinará el destino de la Segunda Guerra Mundial.

La película inicia con una escena muy intensa situada en Inglaterra, en abril de 1944, cuando los Aliados realizaron un ensayo a gran escala para el Día D, conocido como Operación Tigre. El ejercicio terminó en un trágico desastre, con más de 700 soldados estadounidenses muertos debido a errores de comunicación y a un ataque sorpresa alemán.
Seis semanas después conocemos al capitán Stagg, quien desayuna con su esposa, que se encuentra en la última etapa de su embarazo. Ambos se despiden con preocupación, pues esa misma mañana él debe presentarse en la base de Southwick para permanecer acuartelado. Apenas llega, comprende la magnitud e importancia de su papel dentro de la estrategia militar. También corrige el trabajo de sus auxiliares, dejando claro desde el inicio su nivel de conocimiento y anticipando a un personaje que sabe de lo que habla y que no está dispuesto a dejarse manipular por el sistema.

Stagg deberá trabajar contrarreloj con un equipo de asistentes despreocupados que no dimensiona la importancia de elaborar un informe meteorológico preciso y oportuno. Cuando finalmente logra concluir su pronóstico, las noticias no podrían ser peores: se aproxima una tormenta con fuertes vientos y olas de hasta cuatro metros, es decir, las peores condiciones posibles para lanzar el ataque. Todo ello mientras permanece incomunicado con su esposa debido al acuartelamiento y al absoluto secreto que rodea la misión.

Veremos la tensión y la desesperación entre los generales por no poder planear el ataque con la precisión militar acostumbrada, además de la desconfianza de Eisenhower hacia el trabajo de Stagg y la constante rivalidad entre las posturas de los mandos estadounidenses y británicos.
La trama está muy bien estructurada a partir de este hecho histórico y mantiene el drama y la tensión hasta el último momento, cuando finalmente se toma la decisión de lanzar la invasión.
Mención aparte merece la cátedra de actuación de Brendan Fraser, quien demuestra que es mucho más que un actor de comedia o un héroe de acción. Aprovecha todos los matices de su personaje y, tal como lo demostró en “La ballena”(2022), no teme perder la galanura ni modificar su aspecto físico en beneficio de la interpretación.

Este tipo de películas no se ven con frecuencia y, por ello, resulta una propuesta muy recomendable.
Ideal para los cinéfilos que disfrutan de grandes actuaciones dentro del género bélico.
¡Nos vemos en el cine!
DATO
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