Esta película, que sigue la tendencia de las continuaciones 20 años después de la original, es una secuela que apuesta principalmente por la nostalgia, el humor y el reencuentro con las hermanas Owens.

Sandra Bullock y Nicole Kidman vuelven como Sally y Gillian, casi 30 años después de la película original de 1998, que se volviera un título de culto al poner a dos de las actrices más populares del momento en una trama que combinaba el romance con la magia en un tono algo oscuro. La dirección corre a cargo de Susanne Bier, la cual profundiza en las consecuencias reales de la maldición familiar, haciendo que la resolución sea mucho más emotiva y madura.
La familia Owens vuelve a enfrentarse a su antigua maldición, aquella que decía que todos los hombres que amaran a alguna mujer de esta familia perecerían. Esta vez, el conflicto se relaciona también con la nueva generación, especialmente con Kylie, interpretada por Joey King. Sally y Gillian tendrán que recurrir nuevamente a sus conocimientos mágicos para proteger a su familia y descubrir cómo romper definitivamente el hechizo.

Sin entrar en spoilers, la película gira nuevamente alrededor del amor, la familia, la magia y esa maldición que ha perseguido a las Owens durante generaciones.
Y aquí está uno de los puntos interesantes de esta secuela: ya no se trata solamente de Sally y Gillian. La secuela intenta pasar la antorcha a una nueva generación. Y aunque no siempre lo consigue de manera perfecta, la idea funciona.
Ahora tenemos una nueva generación que debe descubrir qué significa pertenecer a una familia de brujas y, sobre todo, si es posible escapar de un destino que parece estar escrito desde hace siglos. La trama está basada en la novela “El Libro de la Magia” de Alice Hoffman, publicada en 2021, la cual retoma a la familia Owens 25 años después de los eventos de la primera película. Kylie comienza a descubrir secretos sobre el origen del poder de su linaje y desarrolla habilidades propias que la llevan por un camino oscuro. Sally y Gillian deberán viajar desde Massachusetts hasta Inglaterra para enfrentarse a la fuente original de la maldición que condena a las mujeres Owens a perder a los hombres que aman.

Sandra Bullock y Nicole Kidman siguen teniendo química. La relación entre Sally y Gillian continúa siendo uno de los mayores atractivos. Las actrices siguen igual de hermosas y su complicidad se refleja en pantalla de forma entrañable. Cada vez que las dos aparecen juntas, la película recupera parte de ese encanto que hizo especial a la original. Otro acierto es también el regreso de Stockard Channing y Dianne Wiest en sus entrañables personajes de las tías mágicas.
La película conserva el espíritu de la original: magia, romance, humor, secretos familiares y una buena dosis de caos, aunque es mucho menos oscura que la primera entrega.
La película intenta ampliar el universo mágico sin convertirlo en una aventura de efectos especiales desmedidos: la magia sigue estando al servicio de los personajes y de los conflictos familiares.

La nueva generación aporta frescura, especialmente Kylie y Antonia, aunque sus personajes podrían haberse desarrollado más. Los giros funcionan bastante bien. Hay algunas revelaciones interesantes, un villano que aporta tensión a la historia y muchas dudas son respondidas sobre la trama de la primera entrega.
Esta secuela, aunque es muy nostálgica, no depende exclusivamente de ello: por un lado, intenta ampliar el universo de las Owens y explicar qué significa heredar una maldición familiar, desde un punto de vista ligero y digerible para el cinéfilo. Y, por otro lado, se da el lujo de ser divertida y no tomarse algunas cosas tan en serio.
La trama es ágil, tal vez demasiado, y es que a veces el guion quiere avanzar demasiado rápido. La nueva generación tiene potencial, pero la película no siempre le da suficiente espacio para desarrollarse. Kylie, por ejemplo, comienza como un personaje bastante prometedor, pero cuando quiere despegar, regresa irremediablemente a depender demasiado de Sally y Gillian.

También se nota que esta entrega es más convencional y menos oscura que la original. La primera película mezclaba romance, comedia, drama y temas familiares bastante fuertes; la secuela se inclina más hacia una aventura fantástica accesible y algo predecible.
Si les gustó la película de 1998, esta nueva entrega les va a encantar. Aunque cabe señalar que no es necesario haber visto la original para disfrutar y entender este divertido estreno. No parece intentar reinventar “Hechizo de Amor”, sino recuperar su encanto y pasarlo a una nueva generación. Puede tener algunos defectos de ritmo y desarrollo, pero la química de Bullock y Kidman, los personajes secundarios y el componente mágico hacen que sea una secuela entretenida.
En resumen: no alcanza la magia de la nostalgia perfecta, pero sí tiene suficiente encanto para justificar que las Owens vuelvan a encender las velas.
Sí, especialmente para quienes disfrutaron la película original. No parece buscar reinventar “Hechizo de Amor”, sino recuperar su espíritu y trasladarlo a una nueva generación.

Es una película para disfrutar con la nostalgia, la magia, el romance y, sobre todo, con la relación entre estas mujeres. No es una revolución dentro del género, pero la magia todavía funciona.
Recomendable para los cinéfilos nostálgicos. ¡Nos vemos en el cine!
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