En la zona de Las Nueve Esquinas hay una casa de 1906 que ahora guarda otras historias. En Calle Galeana 347, casi en el cruce con Libertad, funciona el espacio cultural Esquina Galeana, donde también se encuentra Café Adentro, y donde Noé Bourgat presenta “Yunk-Yard”, su primera exposición.

La muestra nació, en realidad, de una obsesión que el propio Noé descubrió mientras revisaba sus fotografías. Después de cuatro años de tomar imágenes, decidió imprimirlas y reunirlas en un álbum. En lugar de ordenarlas cronológicamente, comenzó a clasificarlas por lo que significaban para él. Ahí apareció una constante inesperada: coches destruidos, abandonados, accidentados o convertidos en parte del paisaje.
“Me gusta mucho cómo se ve algo abandonado”, cuenta.
Noé, francés de origen y radicado en Guadalajara desde hace ocho años, encontró en esos vehículos una forma de mirar aquello que normalmente se pasa por alto. Un automóvil que ya no sirve, una puerta golpeada, un parabrisas roto: objetos destinados a desaparecer que, sin embargo, permanecen en la memoria de un lugar.

La ventana como cámara
Uno de los elementos que atraviesa Yunk-Yard son las ventanas de los automóviles. Noé las observa como si fueran cámaras fotográficas: espacios que reciben una imagen del exterior y la conservan por un instante.
En sus fotografías, el coche aparece entonces incrustado en el paisaje. La ventana funciona como un marco dentro del marco y transforma una escena cotidiana en algo más inquietante. El espectador puede mirar a través de ella y descubrir que aquello que parecía simplemente un vehículo abandonado también es una especie de registro del sitio donde terminó.

La idea lo llevó un paso más adelante. Para la exposición consiguió puertas y otras piezas reales de automóviles en un lugar donde se venden partes de vehículos usados. Algunas estaban quemadas, chocadas o incluso baleadas. Las compró por alrededor de 80 pesos cada una, piezas que, según cuenta, estaban destinadas a desecharse.
Con ellas construyó parte de la exposición y las relacionó directamente con sus fotografías.

Así, “Yunk-Yard” no solamente muestra imágenes de automóviles destruidos: incorpora fragmentos de esos mismos objetos. La fotografía deja de ser únicamente una representación para encontrarse con la materia.
El resultado tiene algo de paisaje y algo de cementerio. Los automóviles aparecen como restos de acontecimientos que no conocemos por completo. Hay accidentes, abandono y violencia, pero también una particular belleza en las formas, las texturas, el metal y las ventanas que alguna vez sirvieron para mirar el mundo desde el interior de un coche.

La violencia sin discurso
Aunque las piezas pueden remitir de inmediato a la violencia y a una realidad social complicada, Noé evita presentarlas como una denuncia.
No busca explicar quién tuvo la culpa, qué ocurrió en cada accidente ni convertir las piezas en una consigna. Su interés está en otra parte: en observar lo que queda.
“No estoy tratando de dar un mensaje”, explica. “Las hice porque se me hacían bellas”.
Esa decisión es importante para entender la exposición. Las imágenes pueden resultar crudas, pero no están construidas para provocar únicamente rechazo. Hay una tensión entre lo terrible de aquello que representan y la belleza con la que son observadas.

El accidente se convierte así en una puerta hacia otra historia. Una carrocería destruida deja de ser solamente evidencia de un hecho y comienza a formar parte del paisaje; una ventana rota se transforma en un marco; una puerta baleada deja de ser únicamente un objeto relacionado con la violencia para convertirse en una pieza que obliga a mirar.
En ese sentido, “Yunk-Yard” propone mirar dos veces. Primero está el automóvil y aquello que suponemos que le ocurrió. Después aparece la fotografía, que permite inventar otra historia alrededor de ese objeto.

De modelo a una primera exposición
La fotografía llegó a Noé de una manera casi natural. Su acercamiento al mundo visual comenzó también por el modelaje, una actividad a la que se ha dedicado y que lo puso en contacto constante con fotógrafos, imágenes y producciones.
Estudió durante un par de años en el Centro de Artes Audiovisuales, pero decidió dejar la escuela para concentrarse en el modelaje. Con el tiempo comenzó a invertir parte de lo que ganaba en esa actividad para hacer sus propias piezas y desarrollar proyectos que realmente le interesaban.
“Yunk-Yard” es el resultado de esa afición que fue creciendo durante cuatro años y que ahora encontró un espacio para mostrarse públicamente.

Incluso la exposición llegó de una manera poco planeada. Noé había aparecido como modelo en una exposición realizada para una marca. Al encontrar una fotografía suya en la pared, decidió llevársela; aquel gesto terminó abriendo la posibilidad de exponer en el espacio de Esquina Galeana.
Lo que siguió ocurrió con rapidez: armó “Yunk-Yard” en apenas una semana.
“¡Está cabrón armar una expo en una semana!”, dice entre risas.
A sus 23 años —los cumplió apenas unos días antes de la entrevista—, Noé presenta así su primera exposición sin demasiadas pretensiones sobre lo que debe significar. No busca convertirse en portavoz de una causa ni explicar al visitante qué tiene que pensar frente a una puerta baleada o un automóvil destruido.
Prefiere dejar que las piezas hablen desde otro lugar: el de la mirada.

En una ciudad donde los coches forman parte permanente del paisaje, “Yunk-Yard” encuentra belleza precisamente en aquellos que dejaron de moverse. Son vehículos detenidos en el tiempo, ya no son chatarra, son ventanas hacia fragmentos de una historia que el espectador completa.
DATOS
- Exposición: Yunk-Yard, de Noé Bourgat
- Lugar: Esquina Galeana (Calle Galeana 347, esquina con Libertad, zona de Las Nueve Esquinas, Guadalajara)
- Espacio: Centro cultural ubicado en una casa de 1906, donde también se encuentra Café Adentro
- Duración: Un mes
- Entrada: Consultar directamente con el espacio