Hubo una escena en los videos del desmadre mundialista tapatío que llamó mi atención y me hizo recordar los conciertos, en especial los del Roxy.
El pomposo y muy vigilado Fan Fest del Centro no vio venir el PORTAZO.
Esta bonita tradición duró poco, pero lo suficiente para recordarla con singular alegría. Nace de la frustración, de la falta de dinero, de no alcanzar boleto o, simplemente, por puro desmadre.
¡No importa que me digan que está lleno!¡Que anuncien sold out!¡Que pongan alambrados o tapen el lugar!
Una manada de alegres fanáticos uniendo fuerzas puede mover cualquier cosa que se interponga entre ellos y la diversión.
¡Portazo! ¡Portazoooooo! ¡Portazoooooooo!
El Roxy fue un lugar emblemático en lo que a conciertos se refiere. Un cine abandonado por el tiempo y los cinéfilos se convirtió en el mejor sitio para escuchar y ver a los grupos que nos gustaban, así como a los que llegaban por primera vez a presentar su música.
Mezquitán 80.
El día del concierto, la calle se iba cerrando conforme llegaba la gente. Un clásico era comprar una caguama en bolsita, llena de espuma, porque ya no quedaban frías. La esquina de Hidalgo y Mezquitán era parte de la experiencia.
Pero el verdadero broncón para los organizadores llegaba cuando anunciaban el temido SOLD OUT. ¡Lleno total!
Los que no alcanzaron boleto querían entrar a como diera lugar y, poco antes de comenzar el show, al grito de guerra de «¡Portazo!», un montón de desmadrosos se lanzaba contra el cancel hasta vencerlo y meterse en estampida.
¡Ya valió madre!
Gabriela Prado, quien trabajó en los tiempos en que Fernando Lebrija, Juan Carlos de la Torre Bouvet y Rogelio Flores eran los chidos del Roxy, me contó que, cuando se presentó Molotov con dos shows el mismo día debido a la demanda de boletos, la muchachada que se quedó sin entrada le prendió fuego a la puerta de madera de la taquilla y se metió por ahí para poder ver a los Molotov.
Ese día les abrió Chamuco, banda que, al desintegrarse, daría pie a Pito Pérez y Machingon.
Joel, el Artista del Trapecio (QEPD), tenía en sus videos algunos portazos grabados en plena acción. De esos que se vivieron, por ejemplo, con Manu Chao.
El Ziggy, actual ingeniero de luces del Teatro Diana, lleva una cicatriz a causa de un portazo en el mítico Centro Cultural Roxy. Ahí queda la marca de una de esas batallas campales por entrar al concierto.
Larga vida a los héroes tapatíos que nos dieron patria en el rock & roll.