La pintura puede convertirse en una forma de mirar el pasado, cuestionar el presente e imaginar otros futuros. Así lo plantean las obras de Samia Farah Rosado y Sandra Denisse Canel Ramírez, quienes obtuvieron el primer lugar en sus respectivas categorías de la VIII Bienal de Pintura José Atanasio Monroy 2026, organizada por la Universidad de Guadalajara (UdeG).

Desde distintas perspectivas, ambas artistas abordan inquietudes que atraviesan la vida contemporánea. Farah Rosado, originaria de Mérida, Yucatán, fue reconocida en la categoría de artistas consolidados por Náutica, mapa mental, una pieza en la que enlaza fragmentos de memoria, dibujos y gráficas para reflexionar sobre la relación entre la experiencia personal y la colectiva.
La artista explicó que la obra tiene un significado especial en su trayectoria, pues representa el inicio de una serie en la que reúne intereses y temas recurrentes de su trabajo. Para ella, la pintura es una herramienta para interpretar la realidad, comprender quiénes somos y pensar en el futuro a partir de los recuerdos.
Por este reconocimiento recibirá un estímulo de 150 mil pesos. El segundo lugar fue para Soledad Cáceres Santa Cruz, con Vestigio lúdico, mientras que Pavel Mora Delgado obtuvo el tercero por Arquitecturas para el futuro B.

Una pausa frente a la prisa cotidiana
En la categoría de artistas emergentes, Sandra Denisse Canel Ramírez, del Estado de México, obtuvo el primer lugar con Ciudad de los sueños, una propuesta que parte de una preocupación muy presente: el cansancio de vivir bajo la exigencia de producir constantemente y mantener un ritmo acelerado.
La artista explicó que su obra surgió de una investigación sobre esa presión cotidiana y la voz interior que insiste en que siempre hay que trabajar más. Frente a ello, encuentra en la pintura una posibilidad de detenerse y observar.
Para Canel Ramírez, pintar también es una forma de resistencia ante la velocidad del mundo actual. De ahí que represente personajes dormidos en la ciudad, una imagen que invita a pensar en la necesidad del descanso y la contemplación.
El segundo lugar de esta categoría fue para Deidy Yosed Vicente Castañón, por La realidad sólo se descubre inventándola, y el tercero para Eliza Emily Leyva López, por Botánica del silencio.

Una bienal que cruza fronteras
Más allá de los reconocimientos, la convocatoria refleja el alcance nacional que ha adquirido el certamen. En esta edición se completaron mil 483 registros, un aumento de 25 por ciento respecto a la convocatoria anterior, con participación de artistas de las 32 entidades del país.
Daniela Yoffe Zonana, coordinadora general de Extensión y Difusión Cultural de la UdeG, destacó que este crecimiento acompaña el objetivo de acercar las expresiones artísticas a distintas regiones y dar espacio a la diversidad de propuestas que se producen en México.
Las obras ganadoras, junto con otras seleccionadas, integrarán una exposición itinerante que comenzará su recorrido en 2027. Además, las tres piezas premiadas en la categoría de artistas consolidados pasarán a formar parte del patrimonio artístico de la universidad, mientras que la obra de Pavel Mora Delgado será la imagen de la novena edición, prevista para 2028.
La bienal también mantiene vivo el legado del pintor jalisciense José Atanasio Monroy. De acuerdo con Ana María de la O Castellanos Pinzón, rectora del Centro Universitario de la Costa Sur, la Pinacoteca que lleva su nombre resguarda 92 obras ganadoras de ediciones anteriores y 18 piezas del artista.

La selección de esta edición estuvo a cargo de especialistas del ámbito artístico y museístico, quienes valoraron propuestas relacionadas con temas como el desequilibrio ecológico, la movilidad, las narrativas falsas y las tensiones de la vida urbana.
La ceremonia de premiación se realizará el 22 de octubre en Autlán de Navarro, municipio donde el certamen mantiene un vínculo con la difusión cultural fuera de los principales centros urbanos.