Cronomicón

La escultora Karina Amaya impulsa un proyecto que conecta a creadoras de Chihuahua con nuevas experiencias, herramientas y posibilidades para su desarrollo artístico

Suelo: un lugar para crear, experimentar y encontrar nuevos caminos en el arte

Suelo es un estudio independiente en Guadalajara, fundado por la escultora Karian Amaya junto con Rosaura Vaca, que además busca acercar a artistas emergentes de Chihuahua a la escena artística tapatía.

No es una galería, es es un estudio que ofrece un lugar para producir obra, el proyecto propone una experiencia de intercambio: salir del entorno habitual, explorar otras posibilidades y encontrar nuevas maneras de relacionarse con el propio trabajo.

La iniciativa también parte de una experiencia personal. Amaya, quien nació en Chihuahua y lleva más de una década viviendo en Guadalajara, conoce lo que significa construir una trayectoria lejos del lugar de origen. Su propia participación en residencias artísticas le permitió reconocer el valor de esos espacios y pensar en cómo abrir una oportunidad similar para otras creadoras.

«Es algo que a mí me hubiera gustado que me pasara cuando yo llegué a Guadalajara o cuando vivía en Chihuahua», comparte.

En esa frase se encuentra una de las claves de Suelo: convertir una experiencia individual en una oportunidad para otras personas. No se trata únicamente de invitar artistas a otra ciudad, sino de facilitarles condiciones para que puedan concentrarse en su práctica, conocer nuevos contextos y ampliar sus horizontes profesionales.

Suelo de la escultora Karian Amaya

De la experiencia personal a una oportunidad compartida

Antes de convertirse en un proyecto de residencias, el espacio que hoy ocupa Suelo tenía otra función. En la parte alta del inmueble, Amaya utilizaba un área como estudio secundario, hasta que comenzó a imaginar una forma distinta de aprovecharla.

La idea tomó forma a partir de las residencias en las que ella misma había participado, entre ellas Casa Wabi y programas vinculados con instituciones artísticas en Estados Unidos. Esas experiencias le permitieron conocer de cerca lo que sucede cuando un artista dispone de tiempo y un entorno diferente para desarrollar sus investigaciones.

La escultora Karian Amaya en Suelo

A partir de esa inquietud, conversó con Rosaura Vaca, su socia fundadora, para poner en marcha un espacio que recibiera a artistas emergentes de Chihuahua. La intención era crear un puente hacia Guadalajara, donde pudieran conocer otros circuitos, encontrarse con diferentes prácticas y trabajar en condiciones distintas a las de su entorno cotidiano.

La propuesta tiene, además, una dimensión territorial. Chihuahua y Guadalajara cuentan con escenas artísticas propias, pero trasladarse de una ciudad a otra implica gastos, organización y una serie de dificultades que pueden limitar las oportunidades de quienes comienzan su trayectoria.

Suelo busca reducir parte de esas barreras mediante una residencia que contempla apoyo para el traslado, hospedaje y materiales de producción, gracias a la colaboración de aliados que contribuyen a financiar el programa.

Suelo de la escultora Karian Amaya

Un mes para trabajar de otra manera

En Suelo, la residencia se organiza alrededor de una estancia de aproximadamente un mes. Las artistas viven y producen en el mismo lugar, en un departamento acondicionado en la parte superior del estudio de Amaya. El espacio funciona tanto como alojamiento como taller de trabajo, de modo que la experiencia cotidiana se integra al proceso creativo.

La dinámica permite que cada participante desarrolle su proyecto, experimente con materiales y explore preguntas que quizá no había podido atender en su práctica habitual. No hay una única disciplina como requisito: el programa está abierto a distintas expresiones de las artes visuales, desde la escultura y la cerámica hasta el textil y la pintura.

La selección de las participantes se realiza por invitación y cuenta con la participación de una curadora invitada. En el primer periodo, esa labor estuvo a cargo de Gracia Luévano, vinculada con la formación y el contexto artístico de Chihuahua, quien contribuye a reconocer propuestas emergentes y acompañar su desarrollo.

El tiempo, en este modelo, tiene un valor particular. Un mes puede parecer breve frente a los procesos largos que requiere una obra, pero también puede ser suficiente para probar una técnica, iniciar una investigación, descubrir un material o mirar de otra manera una idea que llevaba tiempo rondando.

Suelo de la escultora Karian Amaya

Mostrar el proceso, no solamente el resultado

Al terminar la residencia, las artistas participan en un estudio abierto para compartir con el público lo que desarrollaron durante su estancia. Es el momento en que el espacio de trabajo se abre a visitantes interesados en conocer las piezas, conversar con sus creadoras y acercarse a las decisiones que dieron forma a cada proyecto.

Aunque el encuentro puede tener la apariencia de una exposición, Amaya hace una distinción importante: Suelo no funciona como galería, sino como residencia artística.

«No somos una galería, somos una residencia», explica.

La diferencia no es menor. Una galería suele concentrar buena parte de su actividad en exhibir y comercializar obra; una residencia, en cambio, puede dar prioridad a la investigación, la experimentación y el desarrollo de una práctica. En Suelo, la venta de piezas puede ocurrir, pero no constituye el propósito central de los estudios abiertos.

Lo que se comparte es una etapa del trabajo, con sus hallazgos, decisiones y posibilidades. El público no se encuentra únicamente frente a objetos terminados: también tiene la oportunidad de conocer las ideas que los sostienen y el contexto en el que fueron creados.

Esta manera de abrir un taller invita a cambiar la forma en que nos acercamos al arte. Una pieza puede despertar interés por su apariencia, pero conocer su proceso permite entender por qué existe, qué materiales intervienen en ella y qué preguntas intenta plantear.

También acerca al público a una dimensión menos visible de la creación: las pruebas, los ajustes, las dudas y los descubrimientos que rara vez aparecen en una exposición convencional.

La escultora Karian Amaya en Suelo

La práctica de Karian Amaya: materia, territorio y memoria

La iniciativa de Suelo está ligada a la propia manera en que Amaya entiende el trabajo artístico. Su práctica se concentra en la escultura, el ensamble y la relación entre materiales, formas y espacios.

En su producción, la materia no es solamente un recurso para construir objetos. También puede ser una vía para explorar el paisaje, la memoria y las transformaciones que ocurren en los territorios. Sus investigaciones con materiales como el mármol y el cobre, relacionados con su estado natal, Chihuahua, plantean preguntas sobre la naturaleza, la intervención humana y las huellas que dejamos en el entorno.

Esta dimensión de su trabajo ayuda a comprender por qué una residencia no representa para ella un simple alojamiento temporal. Crear implica establecer relaciones con los materiales, con el lugar donde se trabaja y con las experiencias que alimentan una idea. Cambiar de contexto puede modificar esas relaciones y abrir caminos inesperados.

Su estudio, ubicado en un inmueble que originalmente fue un taller mecánico y que después remodeló, también habla de esa capacidad de transformación. El lugar pasó de tener una función industrial a convertirse en un espacio para la producción artística y, posteriormente, en un punto de encuentro para otras creadoras.

Hay algo significativo en esa historia: un espacio no necesita haber sido concebido originalmente para el arte para convertirse en un lugar donde el arte sucede. Hace falta imaginar otro uso, adaptarlo y darle una función que responda a las necesidades de quienes lo habitan.

Y eso es justamente lo que permite pensar Suelo más allá de sus dimensiones físicas. El proyecto transforma un espacio privado de trabajo en una oportunidad compartida, sin perder de vista que cada artista necesita condiciones particulares para desarrollar su lenguaje.

Suelo de la escultora Karian Amaya

Si bien, no es un espacio de acceso cotidiano ni una galería que mantenga sus puertas abiertas de manera permanente. Suelo, el estudio personal de Amaya también es privado y recibe visitantes en ocasiones especiales. Por ello, seguir las redes del proyecto resulta fundamental para conocer a las próximas residentes y las fechas de las actividades.

La obra de Amaya puede consultarse a través de su sitio web, mientras que las redes de Suelo permiten seguir las propuestas de las artistas invitadas y los anuncios de futuras aperturas.

Al final, una residencia artística plantea una idea sencilla, pero importante: crear también necesita tiempo, espacio y comunidad. Y aunque una estancia dure apenas unas semanas, lo que sucede durante ese periodo puede prolongarse mucho más allá de la fecha de cierre.

Quizá esa sea una de las aportaciones más interesantes de Suelo: recordar que impulsar el arte no consiste únicamente en mostrar lo que ya existe, sino también en generar las condiciones para que nuevas obras, lenguajes y trayectorias puedan comenzar.

WEB:

  • https://karianamaya.com
  • https://www.sueloresidencia.com

Instagram:

@suelo_residencia_artistica

@karianamayaozaeta

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