Guadalajara

Entre el aumento constante de los precios, salarios insuficientes y un mercado laboral más precario, independizarse se ha convertido en un desafío que obliga a buscar nuevas alternativas habitacionales

Comprar una casa en Guadalajara se aleja cada vez más de los jóvenes; vivienda social supera alzas del mercado residencial

Para muchas personas de las nuevas generaciones, la idea de adquirir una casa propia es prácticamente inalcanzable. Incluso abandonar el hogar familiar representa una carga económica difícil de asumir debido al elevado costo de las rentas en la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Ante este panorama han surgido modelos de vivienda alternativos, como las llamadas Town House, donde varias personas comparten una casa completa con áreas comunes y gastos divididos. Aunque ofrecen una opción más accesible que rentar una vivienda individual, sus costos pueden superar los 10 mil pesos mensuales.

Además, programas gubernamentales como “Mi Primera Renta” buscan facilitar la independencia de los jóvenes mediante subsidios temporales para cubrir parte del alquiler durante los primeros meses de vida autónoma.

Sin embargo, el problema de fondo continúa siendo el encarecimiento acelerado de la vivienda.

De acuerdo con el número 34 del Boletín de Análisis Económico de la Escuela de Negocios del ITESO, elaborado con datos de la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF), la vivienda económico-social —dirigida a familias de ingresos bajos y medios— registró un incremento anual de 11 por ciento en su precio durante el último año.

En contraste, la vivienda media-residencial aumentó 7.5 por ciento durante el mismo periodo.

“Se está limitando aún más el acceso a la vivienda, esencialmente para las familias con menores ingresos”, señaló Elvira Mireya Pasillas Torres, académica del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente y responsable editorial del boletín.

El análisis advierte que el mercado habitacional continúa alejándose de la capacidad de pago de amplios sectores de la población, por lo que considera necesarias políticas públicas orientadas a ampliar la oferta de vivienda asequible.

Vivienda social: más cara que hace una década

El encarecimiento no es reciente. Según el estudio del ITESO, desde 2017 la vivienda social acumula un incremento de 109.9 por ciento, mientras que la vivienda residencial registra un aumento de 103.2 por ciento.

Esto significa que una casa de interés social valuada en 500 mil pesos hace nueve años tendría actualmente un costo superior a un millón de pesos.

La situación es particularmente crítica en Jalisco. Datos de la SHF retomados por el ITESO indican que durante el primer trimestre de 2026 el precio de la vivienda en el estado aumentó 12.6 por ciento, muy por encima del promedio nacional de 8.7 por ciento.

Además, el encarecimiento acumulado de las viviendas en la entidad alcanza 132 por ciento desde 2017, superando ampliamente el promedio nacional.

La Zona Metropolitana de Guadalajara encabeza incluso la lista de áreas metropolitanas con mayores incrementos en los precios de vivienda del país, por encima de Monterrey, Querétaro y el Valle de México.

El boletín advierte que estas presiones inmobiliarias ocurren en un contexto de debilitamiento del mercado laboral jalisciense, caracterizado por pérdida de empleos formales, aumento de la informalidad y una menor participación económica.

Más trabajo, pero en condiciones más precarias

El informe también identifica un deterioro en las condiciones laborales tanto a nivel nacional como estatal.

Aunque las tasas oficiales de desocupación permanecen bajas, el ITESO sostiene que esto responde más a la necesidad de las personas de mantenerse ocupadas para generar ingresos que a una mejora real en la calidad del empleo.

“México no está creando las condiciones económicas ni sociales para generar empleo de calidad. Presumir una tasa de desocupación baja es irrelevante, en el sentido de que se está dando bajo condiciones de mayor precariedad laboral”, explicó Pasillas Torres.

A nivel nacional, la informalidad laboral pasó de 54.7 a 55.2 por ciento durante el último año. Mientras tanto, casi 600 mil personas se incorporaron al mercado informal y se perdieron más de 31 mil empleos formales.

En Jalisco, la situación es aún más preocupante. Actualmente, el 48.6 por ciento de los trabajadores se desempeña en condiciones de informalidad y más de 105 mil personas perdieron empleos formales durante el último año, lo que representa una caída anual cercana al cinco por ciento.

Las mujeres son quienes han resentido con mayor fuerza este deterioro. Según el análisis del ITESO, el número de trabajadoras asalariadas disminuyó 7.3 por ciento en un año, mientras que entre los hombres la reducción fue de dos por ciento.

El boletín concluye que el ajuste laboral está afectando de manera desproporcionada a las mujeres, tanto por la pérdida de empleos formales como por el crecimiento de ocupaciones más precarias.

Mientras los precios de las viviendas continúan aumentando por encima de los salarios y el empleo formal pierde terreno, para una creciente cantidad de jóvenes en Guadalajara el sueño de comprar una casa propia parece alejarse cada vez más.

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