Si me preguntan en principio niego que escribo poesía. Si me hubieran preguntado antes, eso diría. Afortunadamente, nadie preguntó.
Pero sí fui requerida cierta tarde para decir, así, sin anestesia, qué es la poesía.
Al ver el rostro de los que esperaban la respuesta dije: Comunión, del que oye poesía y del que la pronuncia; pero también del pensamiento y del cuerpo; de la sensación y la idea. Intuiciones aparte, ejemplifiqué mi dicho con la experiencia vivida en un taller de performance: nos pusieron a mover el cuerpo, saltamos como bien pudo cada quien, dimos varias vueltas al salón a paso veloz, supongo que la idea era que el corazón despertara, o no sé, pues al cabo de algún tiempo de movimientos varios se le podía percibir acelerado, entonces se nos pidió acostarnos en el suelo, se nos dijo que haríamos o escribiríamos algo y en ese algo podíamos ser un mueble, animal o persona, paisaje, lo que se nos ocurriera
Escribí entonces varios párrafos y en ellos, si no poesía, lo que puede leerse es una mezcla de recuerdos de infancia y vidas posibles no vividas desde distintos cuerpos, pero que en el papel cobraron existencia.
Tal vez no tenga una definición clara, ni respuesta satisfactoria a tal pregunta, lo que sí tengo es la experiencia de “darme permiso” de ser un hueco donde resuenen palabras y anhelos que vienen de muy lejos en el tiempo, como el viejo e l sueño de volar, innumerables monedas lanzadas a la fuente de los deseos lo atestiguan, y aunque mi cuerpo es fiel a la ley de la gravedad, por escrito queda dicho, todos los que soy, volamos.
