Guadalajara

Perteneciente a una nueva generación de escritores italianos, en su mayoría mujeres, Francesca Melandri, quien también es guionista, estará en la FIL, representando a su nación

A quien corresponda: Eva está dormida, novela de Francesca Melandri

FOTO: Instagram perifericaeditorial

Eva está dormida es la novela más conocida de Francesca Melandri, también guionista, y una de las autoras que vendrán a la FIL en representación de su país: Italia.

Para mí ha sido importante conocer a esta nueva generación de escritores, en su mayoría mujeres, pues confieso que me había quedado en Calvino, Eco, Tabuchi y Baricó.

Francesca Melandri es diez años mayor que Viola Ardone y nació en Roma en 1964. Eso marca una diferencia entre ellas: Viola es de Nápoles, de la provincia, donde sigue viviendo, y Francesca, de la capital. No sé si en Italia es como aquí, que fuera de México todo sigue siendo Cuautitlán, por más que tengamos la FIL de fines de noviembre, a principios de diciembre, el resto del año lo pasamos sin pena ni gloria.

No sé si por esa circunstancia, pero se nota una gran diferencia entre ambas escritoras: las novelas que leí de Viola están ambientadas en el siglo pasado; una en la época de la segunda guerra mundial y la otra en los años sesenta, lo que no les quita lo excelentes, y la de Francesca se ubica en la época actual, lo que se nota principalmente en sus personajes.

Las dos magníficas novelas de Viola ya las comenté y veo un contraste con la de Francesca, tanto en el tono, como en la sicología de los personajes, y a la vez una coincidencia: Los primeros, cautivos de los prejuicios de su época, pero los de Francesca, también cautivos de la suya, supuestamente moderna. Es simplemente la condición del ser humano: “Producto de sus circunstancias”, dijera Ortega y Gaset.

Lo que quiero decir no es que sean mejores o peores que los otros, son iguales en cuanto a su experiencia, la que les es impuesta, como en la vida real. Hay coincidencias como los recuerdos de la madre, pero para Oliva, la protagonista de La decisión, es la antagonista, y para Eva es su ejemplo.

El título de Eva está dormida, se dice que tiene que ver con el Paraíso perdido, de Milton: en el que Dios le da a Adán todo y hace dormir a Eva para que no se entere. Ahí empieza la rebeldía femenina que desemboca en el feminismo moderno.

Oliva, la protagonista de La decisión, sufre de un complejo de inferioridad que se manifiesta de muchas maneras: rechaza su condición femenina, en gran parte por su inseguridad. No se declara abiertamente homosexual pero deja la duda en el lector.

En cambio Eva, la narradora protagonista de la novela del mismo título, es una mujer libre, desinhibida, que acepta ser la eterna amante de un hombre casado por más de once años, quizá para no tener compromiso, típico de la mujer “moderna”.

Sin embargo, cada una de las escritoras hace a sus personajes entrañables y congruentes dentro del papel que le toca desarrollar a cada quien.

Eva, la de Francesca, viaja, sufre jet lag, viste de Armani y es políglota. Pero se compara con su madre, que era campesina, y sale perdiendo. Es suficientemente inteligente para darse cuenta y aceptarlo, y lo expresa conscientemente. Como también se acepta conscientemente, cito: “No soy guapa, agradable a la vista sí, pero nada especial. Ya tampoco soy joven, sin embargo, los hombres siguen mirándome”.

Eva sabe que es seductora y goza haciendo sufrir a los hombres cito: “Por la acera se aproximaba un hombre…cuando nuestras miradas se cruzaron, puso esa cara que ponen los hombres cuando los miro a los ojos…El deseo los vuelve descarados, pero también vulnerables, y yo me convierto en la depositaria de un secreto: su madre.

En otro momento se muestra en la cama con Carlo, su amante, y sin ningún pudor nos narra la escena: “Carlo me acompañó a casa. Hicimos el amor como siempre, con los gestos de siempre. Once años de clandestinidad tienen esa ventaja: el sexo sigue itinerarios consolidados y tranquilizadores, pero no se convierte en una exigencia previsible ni una obligación. Justo esa combinación que me viene como anillo al dedo”.

También recurre a una serie de televisión que su madre ve todos los días: “El hombre casado se anuda la corbata al lado de la cama de su amante, le da un beso en la frente y se marcha; ella se queda semidesnuda en la cama deshecha, mirando con tristeza la puerta que él ha cerrado al salir…” Aquí Francesca nos da dos metáforas sutiles: “la cama está deshecha, ella también”. “Él cierra la puerta al salir” y ella se queda adentro semidesnuda, sola, fuera de la vida de él.

Sin embargo, la Eva de la historia no se identifica con la personaje, cito: “Pues bien, con Carlo, en once años, nunca ha pasado eso”.

“De vez en cuando me preguntan: ¿Cómo puedes aguantar tantos años con un hombre casado? Hay gente que considera la mía una situación imposible, triste, o hasta desesperada”.

Eva, puede parecer cínica, pero es auténtica, el autor respeta a su personaje.

Eva también describe su entorno, sus vecinos, como Zhou, una niña china de diez años; elpaisaje, la nieve…

El capítulo termina con una reflexión: “Ay de las hijas de los padres que no han tenido amor: las aguarda el destino de las malqueridas”.

Estas tres novelas son un excelente ejemplo para los que empiezan a escribir, de cómo construir personajes, imágenes, parlamentos, simbolos y especialmente, titulos. El título “Eva está dormida”, es una crítica a la mujer: Eva es la primera mujer, todas las mujeres somos Eva y, como ella, pasamos la vida dormidas. Otra vez la autora nos descalifica, nos deja en un segundo plano, a expensas del macho, en una palabra no somos conscientes.

Por último, en estas novelas hay tres narradores, que han sido escogidos deliberadamente: un niño de siete años, una adolescente, y una mujer de cuarenta o más. No habría tenido el mismo significado El tren de los niños, si el narrador hubiera sido en tercera persona, o la misma madre, hubiera cambiado todo el sentido y no nos habríamos involucrado con la novela y esa debe ser la intención de una buena novelista: hacernos sus cómplices: evocar, convocar y provocar.

Todos estos personajes están vivos, tan vivos o más que nosotros y nos retan a ser un buen lector. Para serlo es necesario referir la lectura a la historia propia y universal, compararla con otras obras, decifrar lo que quiso decir el autor, en una palabra analizar, profundizar. Para ello se requiere leer, pensar, contar con un vocabulario a la altura y más…

Martha Cerda

Martha Cerda

Lo más relevante en México