¿Machismo femenino o Feminismo machista?
He estado leyendo las novelas de tres escritoras italianas, gracias a la invitación que me hizo Carmen Novella, coordinadora del programa literario de Italia.
Ellas son Viola Ardone y Francesca Melandri, contemporáneas, que viven actualmente, y Alba de Céspedes, 1911-1997.
Viola, ya lo he dicho, es una autora relativamente joven que ha tenido mucho éxito, pero me llama la atención que dos de sus novelas El tren de los niños y La decisión, estén ubicadas en el siglo pasado. La primera en la segunda guerra mundial, la segunda en los años sesenta.
En cuanto a Alba, publicó su novela Cuaderno prohibido en 1952, y coincide con Viola en hablar de la mujer como “la víctima”, “la incomprendida”.
En esta novela la personaje narradora, Valeria, es una mujer casada, con marido e hijos, que son los antagonistas. El tema me remite a Virginia Woolf y su ensayo Una habitación propia.
En ese ensayo, Virginia reclama a la sociedad de su tiempo, el que las mujeres no tuvieran derecho a un lugar para escribir, en su propia casa, sin sentirse acosadas por los hijos, el marido, los sirvientes, todos los que la rodeaban, para quiénes estaba presente noche y día, sin tener un espacio exclusivo para ella.
Para manifestarse ante el mundo a través de la escritura, el personaje de Valeria empieza a escribir un diario.
Éste es otro símbolo: la palabra “Diario” quiere decir día con día, semana tras semana…
Valeria escribe en un “cuaderno escolar”, otro símbolo de que la personaje es considerada como menor de edad y no debe ni puede enfrentarse al mundo.
El cuaderno es el conflicto de la narradora: necesita guardarlo en… y cae en cuenta de que no hay un lugar en su propia casa del que sea dueña. ¿O es “ella” la que está fuera de lugar?
La novela comienza cuando Valeria quiere comprar un cuaderno, rogándole al encargado que se lo venda, porque es día festivo y está prohibido vender en fin de semana, lo que no sea tabaco.
La anécdota es aparentemente trivial, pero es el conflicto existencial del personaje: no tiene un lugar propio para guardar-esconder “su” diario, no quiere que lean “los demás” lo que escribe en ese diario. “Su”, de ella, con sus pequeños o grandes problemas como madre y esposa: su insatisfacción, su frustración de no poder escribir a solas, y necesita guardar u ocultar el famoso cuaderno-diario en los cajones de la ropa de invierno, en…cualquier lugar que no esté a la vista y al alcance de todos. ¿Es el cuaderno lo que trata de ocultar, o es a ella misma, sus anhelos?
Para una “señora” casada y con hijos, escribir era traicionar el clásico modelo de Madre: la que se convierte en hija de sus hijos, quienes tienen acceso a los escondites donde la madre guarda sus sentimientos, confesiones y confusiones.
De ahí la semejanza con la Habitación propia de Virginia Woolf y, aunque toda comparación sea odiosa, contaba mi madre que era “mal visto” en la Guadalajara de entonces, que una mujer escribiera profesionalmente, se consideraba “liberal”, en el mal sentido de la palabra y casi casi lesbiana.
O por lo menos excéntrica, como la famosa Pita Amor que construyó su propio personaje: ella misma. Aunque tenía buenos poemas, que he leído, para la sociedad era una desequilibrada. Lo que podía ser en la ciudad de México, fuera de ahí habría sido imposible, casi la hubieran linchado. De ella sacó la Poniatowska también lo excéntrico.
Para ser escritora se necesita algo más que representar el papel de subversiva y rebelde, aunque sí lo eran: competían y trataban de convivir con los escritores, como uno de ellos. En Guadalajara fue famosa Olivia Zúñiga, de quién el poeta e intelectual Ernesto Flores, hablaba de ella como una colega más entre un mundo de hombres.
Hubo algunas excepciones, como la de Chayo Uriarte de Atilano, que fue poeta y periodista, gracias a que ponía el apellido del marido como escudo, ante la crítica social. Eran los prejuicios de la época.
Afortunadamente en México eso ha cambiado, ser escritora es tan respetable como ser médica o abogada. Las mujeres hemos conquistado un lugar propio dentro y fuera del hogar, lo hemos hecho compatible con ser madre, esposa o abuela sin ser juzgadas, siempre y cuando nos respetemos a nosotras mismas.
Pero concluyo lo que dejé sin terminar sobre las escritoras italianas. El personaje de Alba, y su psicología, están más de acuerdo con la época de la autora.
En cambio el personaje de La decisión, de Viola Ardone, escritora contemporánea, me intriga. Quisiera tener el propio testimonio de Viola, su por qué ubicar sus novelas en el siglo pasado: ¿Culto a la memoria? ¿Reivindicar a la clásica “ama de casa”, como se le conocía, aunque era servidora, más que “ama”?
O es rendir tributo a esas mujeres que abrieron brecha.
La verdad es que Viola y Francesca Melandri, otra de las autoras que he leído, no hablan de Calvino, de Eco o de Tabuchi. Hablan como mujeres, de otras mujeres que se atrevieron a escribir desde su ser femenino, quizá aún más inferior ante el hombre, por el complejo de venir de uno de los países perdedores de la Historia, tal vez, tal vez…
Ojalá estas nuevas escritoras nos despejen esa duda del título de este texto.
Alba de Céspedes y Bettini fue una destacada escritora, guionista y periodista cubana-italiana, considerada una figura clave de la literatura europea del siglo XX y precursora del pensamiento feminista.
Martha Cerda
Guadalajara, 3 de noviembre de 2026
