
“La cruel censura del lector”.
La última novela que he leído de las escritoras italianas es El mar no baña Nápoles, de Anna María Ortese, publicada en 1953, en plena postguerra.
La misma Anna María cuenta que su novela fue juzgada como un libro contra Nápoles. Pocas veces tenemos la oportunidad de conocer del propio autor, lo que lo llevó a decir lo que dijo, y el sentimiento de no haber sido comprendido por los lectores.
Por eso cedo la palabra a Anna María, cito:
Esta condena supuso una separación definitiva de mi ciudad. Hoy, cuatro decenios después, me pregunto si El mar fue realmente un libro contra Nápoles y en qué me equivoqué, si me equivoqué al escribirlo y cómo debería ser leído hoy. Pocos son los que comprenden que en la escritura está la única clave de lectura de un texto, así como el indicio de una posible verdad suya.
Pues bien, la escritura de El mar, tiene algo de exaltado, de febril, tiende a los tonos elevados, adolece en ocasiones de accesos alucinatorios y casi en cualquiera de sus páginas contiene ciertas exageraciones, síntomas de una auténtica neurosis. Esa neurosis era mia. Ese origen de mi neurosis tenía un nombre: metafísica.
Yo detestaba con todas mis fuerzas, casi sin saberlo, la llamada “realidad”.
Ésta realidad era para mí incomprensible y alucinante.
De mi primer libro, aparecido en 1937, se rieron los defensores de lo real de entonces. Debo añadir que la experiencia de la guerra, había colmado mi capacidad de irritación contra lo real, no correspondía con la experiencia común. Ese fue mi primer encuentro con la Nápoles salida de la guerra. Alguien había escrito que esa Nápoles reflejaba una atormentada condición, estaba la infinita ceguera del vivir. Era ese vivir y su oscura sustancia lo que yo enjuiciaba. Yo misma estaba encerrada en ese vivir, esa neurosis y por eso grité.
El dolor y el mal de Nápoles, devastada por la gran guerra eran muy ciertos. Pero Nápoles era una ciudad enorme, con infinitos recursos, con raíces. Yo en cambio, carecía de raíces y atribuía a la bellísima ciudad ese desarraigo mío. Ese horror que le atribuía fue mi debilidad. Lo he lamentado durante mucho tiempo y he intentado explicar hasta qué punto comprendía la incomodidad de un lector italiano común a quién no se le dijo que el mar era solo una pantalla en la que se proyectaba el “mal oscuro de vivir”.
Tanto la Nápoles ofendida, como la persona acusada de haber inventado una atroz neurosis, no se han vuelto a encontrar jamás: como si no hubiese ocurrido nada. Y para mí no fue así. Hasta aquí la cita.
No es lo mismo ir de turista a Nápoles una ciudad llena de la alegría italiana, bañada por el Mediterráneo y de ahí ir a conocer la Gruta azul, Capri… Esa Italia de fantasía no es la que retrata Anna María, ella muestra la Italia derrotada, humillada y empobrecida, a través de un grupo de familiares y vecinos que representan al pueblo: una niña llamada Eugenia, casi ciega, una “marquesa”, y una “tía” con un poco más de posibilidades económicas que es la que va a pagar las gafas de la niña casi ciega. Y digo casi, porque sí alcanza a percibir a los seres que la rodean. Las gafas cuestan ocho mil liras, una cantidad fuera del alcance de los personajes. Por eso todos ellos están a la espectativa de cuándo llegarán las gafas. Éstas se convierten en un símbolo: la esperanza de que un día el mar vuelva a bañar Nápoles, de la que se había olvidado. Pero mejor que no lleguen, porque lo que va a ver la ciudad casi ciega, es la miseria.
La novela es un testimonio, que conservará en la memoria la fatalidad de esa época imposible de olvidar. Por retratar la realidad, Anna María Ortese fue desterrada de su tierra y rescatada setenta años después por Viola Ardone, para traerla a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
No quisiera ponerme en los zapatos de Anna María Ortese. Le doy gracias a Dios de vivir en mi tierra, de usar unos zapatos que no me lastiman.
Felicito al Instituto de Cultura de Italia por traer a estas narradoras con aire de mártires, que nos enseñan que el oficio de escribir no siempre debe ser complaciente con el lector.
Anna María Ortese:
1914-1998, fue autodidacta, y es reconocida actualmente como una de las escritoras más importantes, precursora de las autoras italianas contemporáneas, entre ellas Viola Ardone.
Martha Cerda. Guadalajara, 6 de noviembre de 2026.
