Universidades

Universidad Panamericana

Leer en tiempos de IA: entre la eficiencia y la pérdida de comprensión

Estimados lectores, es un gusto reencontrarnos en este espacio de reflexión, lectura y diálogo. En esta ocasión, propongo abordar una cuestión tan actual como inquietante: el papel de la lectura en un contexto educativo cada vez más mediado por la inteligencia artificial.

La inteligencia artificial en el ámbito educativo

Nos encontramos en una etapa de crecimiento acelerado en el uso de la inteligencia artificial generativa. En el ámbito educativo, diversos estudios señalan que aproximadamente el 88% de los estudiantes universitarios utilizan herramientas de IA (La Jornada, 2026), y que nueve de cada diez jóvenes en América Latina recurren a estas tecnologías para apoyar su aprendizaje. En palabras del Tecnológico de Monterrey (2024): “La IA en México no es una opción, es el nuevo estándar de productividad académica”.

Estos datos evidencian la aparición de nuevas competencias y habilidades que, en mi opinión, deben desarrollarse en estrecha relación con el pensamiento crítico, la perspectiva sapiencial y el compromiso con la verdad. En este sentido, la IA no debe entenderse como una amenaza, sino como una herramienta que amplifica la inteligencia humana.

No obstante, más allá de las cifras, surge una pregunta fundamental: ¿qué está ocurriendo cuando el uso de la IA se vuelve excesivo? Vivimos inmersos en un flujo constante de datos e información que, lejos de esclarecer, con frecuencia conduce a la denominada infoxicación. En este escenario, se observa una tendencia preocupante: mientras producimos contenido con ayuda de la IA, se debilita una habilidad esencial, la comprensión lectora.

Leer

Comprensión lectora: fundamento del aprendizaje

No hay vía más sólida para comprender un tema que la lectura. Por ello, resulta indispensable reflexionar sobre su papel antes, durante y después del uso de herramientas de inteligencia artificial. La IA no debe convertirse en la única fuente de información, sino en un recurso que exige verificación, análisis y juicio crítico.

Andrade y Utria (2021) señalan que la comprensión lectora es una competencia fundamental para aprender y pensar, con un alto valor formativo en la educación superior, al grado de formar parte de evaluaciones académicas a nivel nacional e internacional. En este sentido, la lectura no solo permite acceder al conocimiento disciplinar, sino que constituye un medio esencial para su construcción (Carolino, 2025; Solé, 2012).

En un contexto de sobreabundancia informativa, resulta indispensable activar procesos cognitivos que transformen la información en conocimiento significativo. Leer no es solo decodificar palabras, sino comprender, interpretar y reflexionar.

Más allá de una lectura superficial, comprender un texto implica construir significado a partir de objetivos claros, realizar inferencias y activar conocimientos previos (Nuttall, 1996; Solé, 1997). En términos concretos, quien no comprende lo que lee no ha desarrollado plenamente la competencia lectora. Desde esta perspectiva, la lectura es un proceso activo de interacción entre el lector y el texto.

Este proceso puede explicarse desde modelos como el ascendente, centrado en la decodificación, y el descendente, orientado a la comprensión global. Asimismo, la comprensión lectora se estructura en distintos niveles, microestructura, macroestructura y superestructura, que permiten desde el reconocimiento básico hasta la interpretación profunda del texto.

De acuerdo con PISA, leer implica acceder a la información, interpretarla y evaluarla críticamente. En la misma línea, Kabalen y Sánchez (1995) distinguen niveles literal, inferencial y analógico, que convergen en una capacidad superior: el juicio crítico.

No obstante, diversas investigaciones evidencian que, incluso en la educación superior, persisten dificultades significativas en la comprensión lectora, lo que impacta en la capacidad de análisis, argumentación y aprendizaje. Esta habilidad, de carácter complejo, implica integrar la información del texto con los conocimientos previos para construir significado (Kintsch & Rawson, 2005).

Leer, además, involucra procesos cognitivos y metacognitivos que requieren desarrollo constante (Solé, 2012). Como señala Pérez (2005), el lector construye significado a partir de su interacción con el texto, mediante estrategias de razonamiento y autorregulación.

En este marco, la comprensión lectora se despliega en etapas que van desde la comprensión literal hasta la lectura crítica, donde el lector evalúa, interpreta y otorga sentido al contenido.

Sin embargo, una parte importante del estudiantado presenta dificultades en estos procesos, lo que se traduce en limitaciones en la escritura, el análisis y la argumentación. Esto nos conduce a una conclusión central: el problema no radica en la inteligencia artificial, sino en el uso que hacemos de ella. Cuando sustituye los procesos cognitivos en lugar de potenciarlos, debilita habilidades fundamentales.

En un entorno mediado por la inteligencia artificial, leer con profundidad se vuelve indispensable. La comprensión lectora no es solo una herramienta académica, sino una condición para pensar críticamente y construir conocimiento con sentido.

La pregunta que permanece abierta es clara: ¿estamos formando estudiantes más eficientes o menos capaces de comprender aquello que leen?

Estimados lectores, hasta aquí mi columna del día de hoy. Nos quedamos con una enorme tarea: leer, no en un nivel de codificación, sino en un nivel de comprensión. Sigamos en la búsqueda de ese rayo de luz que nos dé brillo, nos reconforte y nos brinde apoyo y cariño. Hasta la próxima.

*Jorge Alejandro Peña Landeros, Director de Biblioteca, Universidad Panamericana (UP)

Lo más relevante en México