
[ Moisés García Gaspar/* ]
Apenas escuchamos el zumbido del mar, y a correr. Así es aquí: estar a las vivas, dormir con la ropa puesta…
Pese a que ya estamos acostumbrados, el temblor de las 10 y media de la mañana estuvo más fuerte de lo imaginado, con mucha mayor intensidad que cualquiera de las réplicas de los últimos días, además de que duró mucho tiempo.
Hubo caos por toda La Crucecita, que es el centro de Huatulco. Se cayeron repellos, aplanados y tejas de las casas. También hubo constantes reportes de fuga de gas, en especial en los edificios del Infonavit.
A donde quiera que volteábamos, personas llorando, histéricas, nerviosas, tanto que los de Protección Civil y la policía tuvieron que hacer rondines durante todo el día.
Para la hora del temblor, la mayoría ya estábamos trabajando. Apenas empezó la reapertura después del COVID. Una noche antes hubo un sismo un poco fuerte y ya sabíamos que vendría uno aún más grande, que es lo que normalmente pasa en esta zona sísmica. Por eso tan pronto amaneció, la gente estaba a la expectativa, pendiente del destino.
El trabajo comenzó normal, pero apenas comenzábamos a tomar calor y se escuchó el zumbido del mar. Cuando se escucha ese zumbido, es porque ya tienes que estar saliéndote de la casa o de donde estés, es como nuestra alerta sísmica.
Yo vendo comida, tanto para servir en el lugar como a domicilio. Estaba en el local atendiendo a unas personas y preparando unos desayunos cuando se escuchó el estruendo, apenas pude cerrar la llave del gas y salir a la calle. La desesperación fue que tardó, se pasó del minuto, se fue la luz, dejaron de funcionar los semáforos y se cayó la red telefónica.
Mi hijo menor de edad se había quedado solo en casa, así que me subí a la moto a toda prisa para ir a buscarlo, por fortuna él sabe lo que debe hacer en estos casos: ya estaba afuera, tranquilo, con los demás vecinos, pero la situación en el camino a casa sí que estuvo de locos…
Todos querían llegar a sus casas a ver a sus familiares, no se podía pasar entre tanto carro y, sin semáforos, era muy complicado meterse. Todo mundo estaba asustado: en la calle había personas llorando, principalmente turistas, de los pocos que han comenzado a llegar; algunos gritaban, otros trataban de comunicarse por teléfono, los carros avanzaban como podían entre tanta desesperación. Fue un momento muy tenso.
Por fortuna, aquí lo del coronavirus ha estado tranquilo, porque las familias se cuidaron y se metieron a sus casas, estuvimos aislados. No hay casos activos, en ese sentido hemos estado en calma, por eso el presidente municipal dijo que comenzáramos a reaperturar el servicio para turistas, al menos los estatales. Los comerciantes y prestadores de servicios paulatinamente han retomado su rutina.
Aquí sólo fue el susto del temblor. El hospital de COVID más próximo es el de San Pedro Pochutla, que está como a una hora de La Crucecita, pero no hay gente de aquí hospitalizada.
Lo que sí afectó la pandemia fue lo económico, porque estuvimos cerrados más de mes y medio, incluso el acceso a Huatulco lo cerraron, no había paso: ni podías entrar ni podías salir… Sí nos dañó el ingreso familiar, porque la principal entrada de dinero es por vía del turismo, por eso ya reactivamos. A pesar de que en Oaxaca el pico está alto, el presidente autorizó reiniciar los negocios, porque el virus no se desató como en otros lugares.
Apenas queríamos despertar, y vino el sismo: otra vez, todos a resguardarse. Por suerte, no se han reportado afectaciones mayores en la costa, y eso nos da la oportunidad de seguir la vida.
En las horas siguientes al sismo, muchas familias prefirieron quedarse en la calle, en las banquetas, estaban asustados por las réplicas constantes. Aquí hay que estar con la bolsa en la mano para poder salir, por si viene algo más fuerte, con el Jesús en la boca, como se dice.
Pero esperamos que los turistas no se asusten, las playas están limpias y serán bienvenidos. Aquí no hay COVID, sismos sí y es el destino, pero esperamos que sean leves, tenemos confianza en que ya no escucharemos el zumbido del mar…
*Es originario de La Crucecita, en Huatulco. Tiene 37 años y desde hace seis se dedica al negocio de comida (información recopilada por Daniel Blancas).
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