
San Juanito, Bocoyna.- Al ingresar a la zona urbana de San Juanito aún huele a humo y se pudiera pensar que es por el gran incendio provocado que se suscitó el viernes y que Protección Civil Estatal aseguró que se controló el sábado, pero no es así. Pobladores afirman que no se ha apagado y que lo más probable es que los taladores clandestinos “le vuelvan a prender”.
Al continuar el camino rumbo a Creel, a los costados de la carretera pueden observarse cientos de pinos quemados. No hace falta adentrarse en el bosque para darse cuenta de la terrible tragedia y hasta dónde llegó el fuego que obligó a cerrar la circulación el viernes, pues se invisibilizó la rúa por el espeso humo y provocó varios choques, además de retrasar el viaje de quienes iban a Bocoyna y a Creel.
Testigos informaron que este lunes otra vez se reavivó y muestra de ello es que en Cuesta Prieta, este martes se lograron captar unas imágenes a lo lejos de gigantescas humaredas, que evidencian que el incendio aún continúa.
Fuentes que pidieron el anonimato informaron que son unos cinco individuos los que llevan a cabo el delito de tala clandestina de forma indiscriminada.
Afirman que cada uno de ellos tiene al menos 10 camionetas y reclutan gente para cortar los árboles. Todo indica que es una banda que lidera un solo hombre. Al preguntarles si éste pertenecerá a algún cártel, titubean y coinciden en que es lo más probable.
Este hombre paga una renta de casi 6 mil pesos al año a San Juanito por el espacio donde trabaja. Por talar una superficie de mil metros y llevarlo hasta su aserradero, invierte 7 mil pesos. Esa madera la vende en 8 mil 200, luego de maquilarla, por lo que sólo le quedan milo 200 pesos de ganancia.
En cambio, los taladores clandestinos cortan donde quieren, como quieren y cuando quieren, y según coinciden los entrevistados, tienen comprada prácticamente a la autoridad, y mencionan a los soldados, policías federales y estatales.
Los propietarios de los aserraderos intentan sobrevivir apegándose a la ley, haciendo las cosas bien, pero lamentan en demasía que a los delincuentes se les permita hacer lo que les dé la gana, así como que estén destruyendo su pueblo, pues coinciden con el padre Javier “Pato” Ávila y otros pobladores, en que son unas 100 hectáreas las destruidas.
Un trabajador de aserraderos dice: “Ahí andan, son gente que anda en el negocio sucio”; otro: “Eso viene de más arriba… soldados ni ministeriales hacen nada”; uno más: “Yo si no traigo mi guía (para talar árboles), me la hacen más de borlote que a ellos… ya saben a quién fregar”; y para rematar otro dice: “Varios (de los aserraderos legales) no les queda más que pagar cuota, ni modo que digan que no…”.
Al llegar a la comunidad Cuesta Prieta, justo después del anuncio que indica que ahí es, a aproximadamente dos kilómetros bosque adentro, se ven salir entre las montañas columnas de humo que el fuerte viento disipa un poco, pero es constante.
Quizá están ahí elementos de Protección Civil, Conafor y Umafor, al pendiente, como afirman siempre estar, o tal vez los taladores clandestinos siguen con su tarea y con el absurdo método de borrar evidencia, pues nadie los persigue, vuelven a prender fuego a la zona.
“Todos saben quiénes son, pero no quieren hacer nada”, dice un hombre que recomienda a quien lo entrevista que se vaya de ahí, porque “ahí andan los malos”, expresa nervioso mientras voltea a ver una camioneta que pasa a alta velocidad.
“Que no sepan que anda usted aquí. Que no le digan los que saben quiénes son, porque si yo sé y le digo, ni usted ni yo seguimos vivos”, expresa otro.
Al ser en San Juanito una actividad primaria el mercado de madera, obviamente hay una inspección forestal, en este caso una del estado. Pero el encargado no quiere hablar, que por la veda electoral, sin embargo, es amable, pero procura que su interlocutor se vaya rápido, mientras voltea para todos lados.
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